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La guerra de Las Malvinas: cuando Argentina desafió a la poderosa Inglaterra

En 1982 la junta militar que regía el país trasandino decidió ocupar las islas Falklands o Malvinas, desencadenando una guerra no declarada que duró 74 días.

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“Yo, el suscrito, comandante de todas las fuerzas argentinas de tierra, mar y aire en las islas Falkland, Mario Benjamín Menéndez, me rindo ante el mayor general JJ Moore, en su carácter de representante del Gobierno de Su Majestad Británica”. De ese modo comenzaba el documento que el gobernador militar de Las Malvinas firmó el lunes 14 de junio, poniendo término a 74 días de guerra abierta, pero no declarada, entre la Argentina y el Reino Unido.

El conflicto había comenzado por la decisión del gobierno militar encabezado por el presidente Leopoldo Galtieri de ocupar estas islas en litigio, ubicadas en la mitad del Atlántico sur, a miles de millas de la costa argentina. El 19 de marzo desembarcaron en Port Leith 139 trabajadores argentinos, supuestamente para desmontar una factoría. Entre ellos se encontraban varios comandos de la marina que, al izar la bandera albiceleste en Port Leith, desencadenaron de inmediato la guerra.

guerra malvinas

Foto: Agencias

Hasta el día de hoy se afirma que los militares argentinos provocaron la guerra por dos motivos: por una parte pensaban que las islas no le importaban mucho a los ingleses y, por otra, querían reivindicarse ante la historia, haciendo pasar a un segundo plano las graves violaciones a los derechos humanos cometidas en el país contra los opositores a su régimen. “Los oficiales argentinos que conocí se consideraban honorables, y se autoexculpaban por los “excesos” de la guerra sucia porque se cometían al servicio (supuestamente superior a todos) de la patria. Eso era una pantalla sicológica muy frágil para contener el inmenso peso de las infamias cometidas. Los mejores de entre ellos querían recuperar su dignidad profesional y su honra colectiva en una guerra “limpia” contra un enemigo externo, lo que, según ellos, serviría también para rehacer la unidad nacional”, aseguró Hugh Bicheno, ex agente del MI6, servicio de inteligencia británico, y autor del libro “Al filo de la navaja: La historia no oficial de la guerra de Malvinas”.

El 2 de abril se produjo el primer desembarco oficial de militares argentinos en las islas y, al día siguiente, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas reclamó el inmediato retiro de las tropas trasandinas. El 12 de abril Gran Bretaña inició un bloqueo alrededor de las Malvinas y el 25 del mismo mes las tropas británicas retomaron las islas Georgias, tras lograr que la guarnición argentina se rindiera sin ofrecer resistencia.

El 1 de mayo aviones y buques británicos bombardearon el aeropuerto de Puerto Stanley y Darwin, y al día siguiente el “Conqueror”, submarino británico de propulsión nuclear, hundió al crucero “General Belgrano”. En el ataque, considerado el primero en la historia mundial lanzado por un submarino nuclear, murieron 323 marinos argentinos.

El 4 de mayo se produjo la reacción argentina. Aviones Super Etendard de la fuerza aeronaval argentina, equipados con una nueva y poderosa arma de la guerra moderna, los misiles Exocet, hundieron al destructor “Sheffield”.

El 21 de mayo cinco batallones británicos desembarcaron en la bahía de San Carlos y, el mismo día, aviones argentinos hundieron la fragata “Ardent” y dañaron severamente las fragatas “Argonaut”, “Brilliant”, “Broadsword” y “Antrim”. Por contrapartida, los ingleses lograron abatir 17 cazabombarderos argentinos. El 23 de mayo la fragata “Antelope” fue severamente dañada por aviones argentinos y zozobró al día siguiente. Sin embargo, en la cabecera de playa de San Carlos ya se habían reunido más de 5.000 soldados británicos.

El 25 de mayo, en dos ataques aéreos, fueron hundidos el destructor “Coventry “ y la nave carguera “Atlantic Conveyor”, que transportaba una docena de helicópteros de los Royal Marines. El 28 de mayo tropas británicas capturaron las localidades de Darwin y Goose Green en la isla Soledad, donde se encuentra la capital malvinense. El 8 de junio los buques “Sir Galahad” y “Sir Tristam” fueron severamente dañados mientras desembarcaban a sus tropas en Fitzroy. Como consecuencia de la refriega murieron 51 soldados británicos.

El 12 de junio el tercer batallón del Regimiento Paracaidista se lanzó a la batalla de Monte Longdon, en las afueras de Puerto Stanley. Después de 24 horas de combates murieron 50 soldados argentinos y 23 británicos. El mismo día, en otros combates, dos batallones británicos de los Royal Marines tomaron los estratégicos montes Harriet y Two Sisters. Al día siguiente el segundo batallón de Guardias Escoceses inició la batalla de Monte Tumbledon, donde murieron 32 argentinos y 9 británicos. El cerco británico de la capital ya estaba completo

La rendición argentina

El 14 de junio, finalmente, ante la enorme superioridad de la infantería británica, las tropas argentinas se rindieron definitivamente. Atrás habían quedado las vidas de un millar de argentinos y de unos 250 soldados y civiles británicos. También quedaban atrás el recuerdo de la valentía del soldado “Pedro”, un argentino aún sin identificar que se negó a rendirse y luchó hasta la muerte, o del dragoneante Claudio Scaglione, otro valeroso combatiente, que no recibió ningún reconocimiento póstumo de los suyos. O el arrojo, en el lado inglés, de los también fallecidos sargento Mc Kay y cabo McLaughlin, en el Monte Longdon, en una de las batallas más duras de la campaña terrestre (Los compañeros de McLaughlin cuentan que éste se lanzó a la lucha como un poseído, gritando “¡Yo soy jodidamente a prueba de balas!”. Pese a que no fue condecorado, su valor fue debidamente acreditado entre los suyos, pues en su mochila se encontraron varias orejas humanas que llevaba como trofeos).

Pese a la ferocidad de algunos combates, la guerra de las Malvinas fue considerada una guerra de guante blanco, sobre todo por el trato humanitario de los prisioneros y la limpieza “electrónica” de las armas utilizadas por uno u otro bando. Pero lo cierto es que la guerra de las Falklands llegaba a su fin. Todo un ejército, 10.600 hombres, arrojaron sus armas en Port Stanley, que ya no volvería a ser denominado Puerto Argentino. Y las tropas victoriosas comenzaron a embarcar –como pocas veces en la historia- a los derrotados soldados enemigos en lujosos trasantlánticos para llevarlos a su país. En la tarde del 14 de junio fue arriada la bandera argentina y, en su lugar, fue levantada la “Union Jack”, el pabellón británico.

La guerra de las Malvinas ocasionó consecuencias inmediatas. Precipitó en Argentina la caída de la llamada Junta Militar de Leopoldo Galtieri, la cual fue reemplazada, en diciembre de 1983, por un gobierno democrático elegido por el pueblo. Y, en el Reino Unido, por su parte, la victoria en el enfrentamiento ayudó a que el gobierno conservador neoliberal de Margaret Tatcher saliera reelegido en las elecciones del año 1983.

Lo curioso es que, a más de tres décadas de este conflicto, las Naciones Unidas continúan considerando los tres archipiélagos con sus aguas circundantes como territorios con soberanía aún no definida, entre la Argentina y el Reino Unido.

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