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¿Qué fue de los entrañables cines céntricos y de barrio de los años 80’ en Santiago?

La gran mayoría de ellos fueron demolidos para construir modernos edificios comerciales o usados como locales, bodegas, discotecas o templos evangélicos.

Guía de: Los 80

Las crónicas cuentan que las primeras películas llegaron a nuestro país a fines del siglo XIX, las que comenzaron a ser pasadas en los intermedios de los espectáculos de variedades, tanto teatrales como revesteriles. Sin embargo, debido a la popularidad que fue ganando esa nueva forma de arte, se fueron acondicionando galpones y amplias salas donde comenzaron a pasarse películas mudas, acompañadas por el sonido del pianista acompañante y de las propias exclamaciones de los espectadores, que acudían a estos lugares debidamente acicalados y usando sus mejores tenidas.

En la década de 1930 el cinematógrafo desplazó al teatro como primera opción de entretenimiento de los chilenos. Así, la mayor parte de los teatros decidieron ofrecer cada vez más cine y menos obras en vivo, pues los dueños de estos establecimientos aseguraban que el biógrafo, como se le llamaba al cine por ese entonces, era un mejor negocio. Así se fueron construyendo numerosos recintos dedicados exclusivamente a exhibir películas, tanto salas normales como lujosos recintos, por lo que nacieron cines para todos los gustos, tanto en el centro de las ciudades como en los barrios, con entradas baratas y caras. Ya en la década de 1940 se estimaba que existían cerca de 250 salas de cine en todo el país.

Con la imparable penetración de la televisión el negocio cinematográfico en Chile fue declinando. A fines de la década del 70′ no se contaban más de 50 salas en todo el país. Frente a este escenario, el Estado chileno intervino en un negocio que, hasta entonces, estaba exclusivamente en manos privadas, pasando a administrar directamente las salas de cine, en forma de arriendo, a través de Chile Films. Esta política fue continuada por el gobierno militar, por lo que el Estado administró diversos cines capitalinos.

Los queridos cines de barrio

Los cines, especialmente en los barrios, se constituyeron en valiosos espacios comunitarios, donde familias enteras acudían a ver las películas de su elección, especialmente durante los fines de semana. Hugo Verdugo, trabajador de 45 años, recuerda por ejemplo que en su infancia, cuando vivía con su familia en la intersección de las calles Patria Vieja y Avenida México, era sagrado ir los sábados y los domingos al cine “Chile”, ubicado en avenida Recoleta, muy cerca de la actual estación del Metro Einstein. “Mi padre era muy aficionado al cine y nos llevaba a mi madre, a mi hermano y a mí a ver películas todos los fines de semana al cine “Chile”, que no quedaba a más de tres cuadras de nuestra casa. Recuerdo haber visto películas que me marcaron para toda la vida, como “Simbad, el marino”, “King Kong”, “Operación dragón” o “El mundo está loco, loco, loco”. Pese a haber tenido seis o siete años, recuerdo que la censura no era demasiado estricta para ingresar a la sala, pues aún hoy recuerdo vívidamente varias escenas de “El vengador anónimo”, una violenta película de culto del actor Charles Bronson que, creo, tenía una calificación de sólo para mayores. Posteriormente, a fines de los años 80′, el cine “Chile” se transformaría en un cine que sólo daba películas para adultos, antes de cerrar para siempre. Ahora hay una shopería donde antes estaban las boleterías. Pero todavía lo recuerdo con cariño. Creo, sin temor a equivocarme, que las visitas semanales al cine “Chile” me transformaron en el cinéfilo que soy en la actualidad”.

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Mauricio Ormeño, ingeniero de 46 años, evoca por su parte con nostalgia los lejanos veranos de 1983, 1984 y 1985, cuando con sus dos primos más cercanos iban a los cines “Nilo”, “Capri” y “Mayo”, ubicados en las cercanías de la Plaza de Armas, a ver los famosos programas dobles o triples de películas de acción. “Era un delicia porque uno estaba tardes enteras viendo película tras película, todas ellas muy buenas. Y para nosotros, que no nos sobraba el dinero, era muy conveniente económicamente. Recuerdo, por ejemplo, haber ido con mis primos a ver un gran programa triple que incluía las películas “Poltergeist: Juegos diabólicos”, “La guerra de las galaxias” y “Tiburón”, cintas que enloquecerían de felicidad a cualquier niño. La entrada, si no recuerdo mal, costaba unos 250 pesos de la época. Otro programa triple inolvidable fue “Los cazadores del Arca Perdida”, “Gremlins” y “Calles de Fuego”. Lo divertido es que junto a mis primos nos gustaba llegar a las 10 de la mañana, cuando el cine abría sus puertas. De ese modo éramos los únicos espectadores y nos sentíamos como dueños del lugar, como si las películas sólo fueran exhibidas exclusivamente para nosotros. En la actualidad los cines “Nilo”, “Capri” y “Mayo” sólo exhiben películas triple X, pero le prestaron bonitos servicios de entretención a miles de santiaguinos como nosotros”.

El contador Roberto Galdames, por su parte, reconoce haber sido en su infancia y juventud un asiduo visitante del cine “Prat”, ubicado en la calle San Diego, a pasos del barrio Franklin”. “La entrada era muy barata, y uno veía tres películas por el precio de una. El cine “Prat” exhibía en los años 80’ programas triples, reponiendo las películas que se estrenaban con bombos y platillos en los cines del centro cuatro o cinco meses antes, aunque también sorprendía incluyendo en su programación alguna película famosa clásica. Recuerdo haber visto en el “Prat”, por ejemplo, programas triples como “Escape de Nueva York”, “Superman II” y “Rocky III”, u otros programas dedicados al cine de humor, con cintas como “El fierecillo Domado”, ¨¿Donde está el piloto? y “Los hermanos caradura”, e incluso programas dedicados sólo a películas del agente 007, como “Octopussy”, “Nunca digas nunca Jamás” y “Sólo para tus ojos”. La concurrencia era muy heterogénea, aunque predominaban los espectadores de los sectores llamados populares. Yo, al menos, iba sagradamente porque la entrada era barata, y la oferta de películas muy buena y variada. Me parece que el cine “Prat” fue el único cine de barrio de Santiago que siguió funcionando en los años 90′ y en el nuevo milenio y el último en bajar la cortina. Siguió exhibiendo sus famosos programas triples hasta su cierre definitivo, pasado el año 2007. Hace unos años, viendo la película chilena “Tony Manero”, en la que el protagonista está en un solitario cine de barrio santiaguino viendo la película “Fiebre de Sábado por la noche”, reconocí de inmediato las instalaciones del viejo y querido cine “Prat”. Si bien ahora permanece cerrado para siempre, las películas que se proyectaron en su sala marcaron a fuego a miles de amantes del cine de ese sector de Santiago”.

El cierre de los cines céntricos

Los cines céntricos, al igual que los cines de barrio, también tenían los días contados. Los cines más antiguos fueron los primeros en morir. El histórico “Teatro Brasil”, ubicado en la esquina de huérfanos con calle Brasil, se convirtió en sede de departamentos particulares y de una botillería. Frente a la plaza Yungay, en la esquina de Santo Domingo con Libertad, se encontraba el teatro-cine “Zig Zag”, que con menores dimensiones exhibió películas para los vecinos el Barrio, pero que terminó convertido en un almacén y en el “boliche” Yungay Viejo. El cine “Metro”, inaugurado en 1937 y ubicado en la calle Bandera, y que llevaba ese nombre porque estrenaba películas de la compañía Metro Goldwyn Mayer (MGM), fue demolido para dar paso a un moderno edificio del Banco Santander, que también absorbió al vecino cine “Bandera”. El cine “Real”, ubicado en la calle Compañía, hoy es sede de una multitienda. Y el famoso cine “Esmeralda”, ubicado en San Diego, a pasos de Av. Matta, a cuya inauguración en 1922 acudió el mismísimo presidente Arturo Alessandri Palma, terminó convertido en sede de las onderas fiestas Spandex hasta convertirse en una bodega de materiales electrónicos.

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Los cines que funcionaron en la década de los 80′ también tenían los días contados. El famoso cine “Lido”, ubicado en el paseo huérfanos, a pasos del cerro Santa Lucía, por ejemplo, se convirtió en una sala de espectáculos e incluso en un templo evangélico, antes de ser demolido y convertirse en un edificio de 34 mil metros cuadrados. A pocas cuadras del Lido se encontraba el teatro-cine “Central”, y los cines “Astor” y “Rex”, este último muy famoso porque se dividía en tres salas. El “Astor” se convertiría en sede de una multienda mientras que el edificio del cine “Rex” se encuentra en la actualidad totalmente abandonado. El cine “Continental”, ubicado en calle Nataniel, terminó convertido en templo religioso. El cine “Imperio” (donde este redactor vio precisamente la gran película “El imperio Contrataca” en 1981), ubicado en el subterráneo de la céntrica galería del mismo nombre, también fue cerrado, al igual que el cine “Plaza”, ubicado a pasos de la Plaza de Armas. El bello cine “Gran Palace”, ubicado en la intesección de las calles Huérfanos y Morandé, sería vendido a la firma dueña del vecino Hotel Gran Palace. El multicine “Vitacura” fue cerrado hace unos cuantos años para que funcionara allí el Centro Cultural Amanda, mientras que el cine “Pedro de Valdivia” fue rematado. El cine “Las Lilas”, el emblemático recinto de Providencia, fue demolido en el año 2006 y en su lugar hoy hay dos torres del grupo Penta. Y, finalmente, el famoso “Cinerama Santa Lucía”, ubicado frente al cerro del mismo nombre y donde se podían ver películas utilizando una unión de tres proyecciones contiguas sobre una gran pantalla curva, dio lugar a un edificio comercial y de modernos departamentos. Otros cines, como el “Huelén”, el “Ducal”, el “City”, el “York”, el “Maipo”, el “Alessandri”. el “Alfil”, el “California”, el “Florida”, el “España” y el “Cervantes”, entre otros, correrían una suerte parecida.

Los únicos cines céntricos que existen en la actualidad, como el cine “Roxy”, sólo sobreviven gracias a programas rotativos de películas triple X. Al igual que los cines del siempre valioso circuito del cine arte, como el cine “El Biógrafo”, abierto desde 1992, y el incombustible cine “Normandie”, que existe en la calle Tarapacá desde 1959.

Los cines comerciales, hoy, son mucho más pequeños y modernos. En 1988, año de privatización de Chile Films, se vivió la antesala de la llegada, en la década de 1990, de las cadenas internacionales Cinemark, Hoyts y Showcase, que masificaron en todo el país el formato del multicine., por lo que la oferta cinematográfica en nuestro país pasó a manos de empresas multinacionales. De ese modo, los viejos cines céntricos y de barrio, al igual que otros edificios patrimoniales, pasaron a ser parte de la historia.

Galería fotográfica con cines históricos de Santiago:

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