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Roberto Muñoz, la historia del primer ciclista chileno en ganar la Vuelta de Chile

En 1983 este ciclista curicano entró a la historia del deporte nacional al convertirse en el primer pedalero nacional en ganar esta tradicional competencia ciclística.

Guía de: Los 80

roberto-munoz-1El domingo 3 de noviembre de 1983 Roberto Muñoz, nacido en Curicó el 14 de octubre de 1955, se convirtió en el ciclista N° 1 de Chile. Ese mes, este notable rutero sprint y campeón panamericano de ciclismo entró en los anales del deporte nacional al convertirse en el primer ciclista chileno en ganar “La vuelta ciclista de Chile”, la competencia pedalera más importante de esa década y una de las más importantes en la historia del ciclismo chileno (y que fue creada en 1976, con el nombre de “La vuelta de El Mercurio”). El ciclista, conocido entre sus pares como “El pata de lana” relató así en el libro “Julio Avendaño: relatos de vida del ciclismo curicano”, sus orígenes en el mundo del pedal.

“Nací y me crié en Curicó. Soy el tercer de 4 hermanos: José, Claudio y Juan Carlos, los tres ciclistas, aunque el mayor fue el que más influyó en mi formación pedalera. Mis comienzos como ciclista no fueron fáciles. Era revoltoso, flojón y travieso. Y por esas razones, José, mi hermano mayor, me prohibió salir de la casa, negándome permiso para competir. Pero ese era mi pasatiempo preferido y me las arreglé para seguir haciéndolo a escondidas. Un amigo me prestó una “chancha” (nombre que les damos en Curicó a las bicicletas) y así comencé a ganar en las categorías bajas, ganándome de paso el permiso de mi hermano mayor. En mi formación influyeron grandes amigos: Manuel Cariaga, en ese entonces presidente del Club Unión Ciclista de Curicó, y Juan Rodríguez, mi padrino”.

Muñoz agrega que “después de terminar los estudios, trabajé algunos meses en la empresa azucarera Iansa, donde me dieron todas las facilidades para que pudiera dedicarme al ciclismo. Mi primera “chancha” o bicicleta que usé para correr, cuando tenía 14 años, fue una “hechiza” fabricada en Curicó. Durante mi carrera pedalera tuve dos apodos. Cuando partí me pusieron “guatón transporte” debido a que mi padre conducía un tremendo camión y yo, que tenía, entre 14 y 15 años, era más que corpulento, bastante gordito. Luego, por una lesión rebelde que sufrí en mi rodilla derecha, los compañeros y amigos me rebautizaron como “Pata de lana”. Fue ese un período de sacrificios constantes, ya que ningún tratamiento surtía efecto. Hasta que decidí operarme y, gracias a Dios, me sané del todo”.

Robert Muñoz relata en el mismo libro “Julio Avendaño, relatos de vida del ciclismo curicano”, que su historia como ciclista se inició en 1969 en el Club Unión Ciclista de Curicó. Después pasó al Club Deportivo Español de esa misma ciudad y en 1975 llegó a Santiago para dedicarse exclusivamente al deporte de los pedales. “Cuando me llamaron a integrar la selección nacional que concurriría al Panamericano de San Cristóbal, Iansa, mi empleador, me dio permiso. Y al regreso no volví a trabajar en otra cosa que no fuera el ciclismo. Al pasar del medio curicano al capitalino, la Compañía de Cervecerías Unidas le canceló al club Español la suma de 20 mil pesos por mi pase, que no era malo para la época”.

Roberto Muñoz

Roberto Muñoz, tercero de izquierda a derecha, cuando integraba la selección de ciclismo de Curicó a principios de la década del 70′

Muñoz explica que a partir de ese momento el ciclismo lo haría conocido en Chile y en muchos países, especialmente gracias a la medalla de oro que obtendría en los Panamericanos de 1979 en Puerto Rico. “Otro título que me dio una gran satisfacción fue el título de campeón europeo de puntuación, 50 kilómetros, individual, logrado en 1980 en San Sebastián, España”.

A principios de los años 80’ Muñoz ya formaba parte del equipo Pilsener Cristal, club que se había propuesto una cosa inédita: que un ciclista chileno ganara por fin La Vuelta ciclística a Chile, una competencia que, por cierto, en esos años se caracterizaba por ser un torneo de gran calidad y prestigio. “Venían selecciones europeas y sudamericanas muy competitivas, como Alemania, Italia, Bélgica y Colombia, y el sólo hecho de ganar una etapa se podía considerar un triunfo, porque esas escuadras con las que competíamos eran muy potentes. En ese tiempo, la Vuelta a Chile era una fiesta deportiva que paralizaba a todo el país. La gente se agolpaba en las calles, era un acontecimiento social y deportivo. En ese tiempo podíamos dedicarnos sólo a correr y, aunque no daba para juntar harta plata, si daba para vivir bien. Fueron tiempos inolvidables porque además La Vuelta a Chile era transmitida en directo por la radio y la televisión, lo que aumentaba el entusiasmo de los pueblos y ciudades por donde pasábamos”.

Muñoz remataría tercero en la Vuelta a Chile del año 1981, y décimo séptimo en la del año 1982, aunque tendría su revancha en la edición de 1983, cuando, con “El Pata de lana” como estandarte, el equipo de Pilsener Cristal logró conformar un competitivo equipo que incluía a ciclistas como Fernando Vera, Eduardo Cuevas, Pedro Reyes, Julio Aguayo, Carlos Correa, Lino Aquea y José Antonio Avendaño. “Ellos fueron grandes ciclistas que sabían lo que era el compañerismo. Ganar La Vuelta a Chile nunca fue una obsesión para mí, pero le tenía ganas. Terminé por imponerme y no fue fácil. Y lo conseguí con la ayuda de muchos, comenzando con mis compañeros. El triunfo les correspondió a ellos en gran medida. Y la victoria no fue mía en todo caso. Fue del ciclismo chileno”.

De los recuerdos de ese histórico certamen, Muñoz reconoce que en la última etapa del torneo fuertes dolores casi le impidieron subir al podio de los ganadores. “El último día de competencia fue el más duro. Estaba muy nervioso porque no estábamos acostumbrados a estar en esta posición y me vinieron cálculos renales muy fuertes. Incluso, en la última jornada se metió una bolsa de nailon en los cambios y tuve que cambiar mi bicicleta. No gocé a plenitud el triunfo hasta algunas horas después. Recién ahí pude dimensionar lo que habíamos hecho. Nuestro triunfo fue importante porque fuimos los primeros en ganar la Vuelta, y anticipamos los futuros triunfos de otros compatriotas, como Peter Tormen y Fernando “Lobo” Vera, que ganaron la Vuelta a Chile en 1987 y 1988, respectivamente”.

El inédito triunfo de Roberto Muñoz en la Vuelta a Chile de 1983, por lo demás, confirmó uno de los dichos más comunes en el mundo del ciclismo nacional: que Curicó era la capital del ciclismo chileno. “Y lo probó el hecho de que en la Octava Vuelta a Chile sumábamos 5 los que representábamos a Curicó en distintas cuartetas: José Antonio Avendaño, Carlos Correa y yo en Pílsener Cristal. Y Gustavo Carvacho y Manuel Aravena en Thomas Bata”.

Después de su retiro, Roberto Muñoz se convertiría en un destacado entrenador de jóvenes ciclistas, destacando sobre todo la labor formativa que realizó en el Club Unión Ciclista de Curicó, la histórica institución (fundada el 23 de noviembre de 1928) que lo vio nacer. Muñoz, de hecho, fue el técnico de otro destacado ciclista coterráneo que se mantiene vigente hasta el día de hoy, el curicano Luis Fernando “Monín” Sepúlveda, cuando éste se impuso en la Vuelta a Chile en el año 1999.

En octubre del 2014, como homenaje a su destacada vida deportiva, Roberto Muñoz fue declarado Hijo Ilustre de Curicó. En su discurso el ciclista afirmó que recibía el premio a nombre de la gran familia ciclística de la cual él y su familia formaban parte. “A nombre de todos los deportistas curicanos, especialmente de aquellos que hemos hecho de la bicicleta nuestra fiel y gran compañera de trabajo, nuestra inseparable amiga y confidente que en tantas jornadas de entendimiento, competencia y aventuras por alcanzar sueños imposibles, recibo este importante distinción que nos llena de orgullo y que nos hace decir gracias, porque aquí están recibiendo la nominación los Sergio Salas (el mejor ciclista curicano de la historia según los entendidos), referente de vida y ejemplo permanente; los Juan Rodríguez, de manos extendidas en todas las batallas; los Carvachos, los Avendaños, incomparables obreros y peones en la ruta para que el compañero, el amigo, estuviera en el podio recibiendo las medallas y los aplausos, reconocimiento dedicado a nuestro Curicó y a Chile”.

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