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Sergio “Peneca” Salas, el “padre deportivo” de los mejores ciclistas de los años 80’

Para muchos especialistas fue el mejor ciclista curicano de la historia y uno de los más importantes del pedal chileno de todos los tiempos.

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En la década de los 60’ apareció el pedalero que ha sido calificado por muchos expertos como el mejor ciclista curicano de la historia (un gran honor, tomando en cuenta que Curicó es considerada la capital ciclista de Chile) y como “el padre deportivo” de muchos de los mejores pedaleros chilenos que descollaron en la década de los 80’: Sergio Salas Rusich, también conocido como “El Peneca”. Corredor de talento extraordinario que dejó una huella imborrable en su breve paso por Europa y que tanto en la pista como en la ruta hacía gala de una potencia sin parangón, Salas comenzó a participar en sus primeras carreras en su adolescencia. A los 19 años, con tres de actividad pedalera previa, ya se había coronado campeón nacional de persecución individual.

Sergio Peneca Salas

El pedalero curicano Sergio “Peneca” Salas haciendo lo que mejor sabía: comandar el pelotón de escapados para llegar primero a la meta.

Su hermana Doris Salas, de actuales 70 años, recuerda en el libro “Julio Avendaño: relatos de vida del ciclismo curicano”, que “cuando mi papá le compró una bicicleta para que participara en esa carrera que se llama “Pajarones”, en la que compiten los menores de edad, estuvo tres meses corriendo y corriendo hasta que salió campeón y de allí no paró más. Cuando llegó al nivel adulto era siempre el que ganaba. Cada vez que le preguntaba cómo le había ido, me contestaba: “Gané”, y yo le decía “cuéntate otra”, porque todo el tiempo era lo mismo. Nunca salía segundo o tercero, siempre ganaba con comodidad”.

El carácter tímido, caballeroso y humilde del “Peneca”, que le ganó amigos en todos lados, se reflejó en las pocas notas de prensa que dio a lo largo de su carrera. El diario “El Mercurio”, por ejemplo, recordando una de las tantas carreras que ganó en Santiago, cuando tenía sólo 19 años y trabajaba en sus horas libres como obrero de apicultura, escribió lo siguiente: “El “Peneca” Salas llenó el óvalo de Nuñoa. Su fiereza en el duro giro de las 12 vueltas, su extraordinaria potencia física y su postura aerodinámica en la máquina no se expresan con su timidez en la conversación: “Estoy muy feliz. Un título es eterno y siempre se recuerda con cariño. Sólo en mi bicicleta dejaba de sentir miedo, el miedo que producen esos persistentes aplausos. Yo recordaba a mis amigas las abejas, con ellas vivo todo el día. Sus zumbidos son como los aplausos del público” ”.

Sergio Peneca Salas

Su hermana Doris relata que el “Peneca” era muy dedicado y siempre salía siempre temprano de su casa en Curicó a entrenar. “Me decía “voy a dar una vuelta”, pero llegaba a… ¡Linares!. O me decía “voy a dar una vuelta hacia el norte” y llegaba cerca de Santiago. Mi mamá le decía: “¿Pero cómo vas tan lejos? Y él le respondía: “Pero si es que yo puedo y no me canso”. Y así era, para él todo era fácil, es que él se entrenaba bien. Y donde lo pusieran, en la pista o en la ruta era igual, siempre ganaba. Pero, pese a lo fácil que se le daban los triunfos, era humilde, muy caballero y educado, y muy respetuoso con todos. Eso hacía que la gente lo adorara. Una vez, durante una carrera, cuando mi papá lo venía siguiendo en moto, desde Romeral se vino sólo, escapado del pelotón principal, hasta el estadio La Granja de Curicó, y como les había sacado tanta ventaja a los otros ciclistas, allí se paró afirmado en su bicicleta esperando que llegaran los otros. Todos le decían: “Sergio ¡ándate!, ¡ándate!”. Y él decía “No, me da vergüenza llegar media hora antes”. Y muchas veces hizo eso, paraba el ritmo para esperar a sus compañeros”.

El “Peneca” Salas maravilla en Europa

La misma Doris Salas agrega que la primera carrera importante que el “Peneca” ganó fue la de Curicó-Santiago-Curicó. “En 1971 se produjo su salto a Europa. Lo llevó un padre que era de Valdivia, el padre DeChamp. Como llegó y ganó de inmediato, allá querían que se quedara. Estuvo en Bélgica, Francia e Italia, 6 meses la primera vez, y después por otros 9 meses, pero volvió a Chile por amor, se casó y luego se retiró como a los 33 años. No tengo idea de cuántos torneos ganó, pero fueron muchos, incontables. En Argentina también corrió y ganó. Corrió con los grandes y siempre ganaba…”

Johnni Pinto, presidente del Club Unión Ciclista, el más antiguo club de pedaleros de Curicó, corrobora lo anterior. “Sergio “Peneca” Salas fue un pedalero brillante, de excepción. Por algo estuvo corriendo en Europa, pero lamentablemente la nostalgia lo hizo regresar cuando se le habían abierto todas las puertas para competir, porque era un ciclista extraordinario. Cuando él competía en una carrera y un grupo se armaba para escaparse en la delantera, el “Peneca” se iba solo en demanda de ellos y al ratito los alcanzaba, para posteriormente ganar cómodamente la carrera”.

Sergio Peneca Salas Sergio Peneca Salas

 

 

Carlos Bravo, juez nacional UCI, explica que “el mejor ciclista que vi en mi vida fue Sergio Salas. Lo único que le faltaba era subir, era malo para subir, pero era un extraordinario pasista. A donde iba ganaba siempre. Recuerdo que en la competencia llamada “Vuelta al Centro de la República”, el club más poderoso de Chile era por entonces el Audax San Bernardo, y Sergio Salas le ganó aquí en Curicó en la última etapa al “Oso” Ramírez, el mejor pedalero de ese club. Se escaparon juntos y el “Oso” Ramírez le aguantó dos vueltas al circuito cerro Condell y después Salas llegó sólo a la meta. Cuando el padre DeChamp se llevó a Salas a Bélgica maravilló a la gente de ese país. Roberto Muñoz, el primer pedalero chileno en ganar la Vuelta a Chile en 1983 y quien andaba con él, me contaba que el mismísimo ciclista belga Eddie Merckx, considerado por muchos como el mejor ciclista de la historia, se fijó en el “Peneca” y dijo que lo quería en sus filas. Pero el amor no lo dejó allá en Bélgica y Sergio se tuvo que regresar a Curicó. Los ciclistas argentinos cuando veían al “Peneca” le decían: “Con esas piernas, yo me paseo por Europa”, pero él no se quiso quedar allá”.

Sergio “Peneca” Salas, “padre deportivo” de los mejores

Carlos “Pájaro” Correa, ciclista curicano que destacó en la década de los 70’ y 80’ y que integró el famoso equipo de Pilsener Cristal que logró que Roberto Muñoz se quedara con la Vuelta a Chile en 1983, agrega que “yo tuve el privilegio de competir con Sergio Salas y era un placer verlo correr en la ruta o la pista. Combativo, espectacular, un ciclista fuera de serie. Fue, por cierto, una gran influencia para todos los ciclistas de nuestra época”.

Sergio Peneca Salas

Luis Fernando “Monín” Sepúlveda, ciclista curicano dos veces ganador de La Vuelta a Chile y quien obtuvo recientemente una medalla de oro y otra de bronce en los recientes Panamericanos de ciclismo celebrados en Santiago en el 2015, recuerda que cuando estuvo corriendo por Europa, cuando la gente se enteraba que era chileno, lo primero que hacía era preguntarle por Sergio Salas. “Allá anduvo muy bien y dejó una excelente imagen, pese al poco tiempo que estuvo. Era un buen ciclista. En jerga nuestra era un ciclista “bruto”, que tiraba muy fuerte y pasaba a todos los ciclistas de a uno. Lamentablemente, por el hecho de tener a su señora acá en Chile, se devolvió y se perdió una oportunidad muy importante”.

José Antonio Avendaño Escárate, famoso pedalero curicano y campeón panamericano de ciclismo en los años 80’, asegura que “Sergio Salas fue, por llamarlo de alguna forma, nuestro padre deportivo. Estuvo una temporada en Bélgica y Eddy Merckx, el “papá” de los ciclistas y el mejor ciclista según mi opinión de todas las épocas, lo quería para el equipo. Sergio fue una maravilla como ciclista, lo que pasa es que se perdió por un tiempo porque se casó, pasó otra época y no tuvo el apoyo suficiente para seguir pedaleando. Después, cuando volvió, como a los dos o tres años, después de haber dejado por mucho tiempo el ciclismo, ya nunca fue el mismo, aunque era un excelente ciclista. Creo que todos los ciclistas como yo tienen a Sergio Salas como el ídolo de Curicó que nos enseñó a pedalear”.

El corazón de Sergio Salas finalmente se detuvo para siempre cuando el “Peneca” tenía 61 años. La muerte lo sorprendió durmiendo en su cama una noche de diciembre, después de ver la “Teletón”. Su hermana Doris cuenta que “su funeral fue muy bonito. En una carroza iba su ataúd, en otra carroza las flores y en una tercera carroza su bicicleta parada llenada de guirnaldas y flores. Y pese al paso del tiempo mucha gente en Curicó y en otras partes de nuestro país todavía lo recuerda”.

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