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“Sueño de fuga”: el libro que se convirtió en película de culto

En 1982, el famoso escritor Stephen King escribió un poético y crudo relato carcelario que en la siguiente década inspiraría una de las mejores películas sobre el tema.

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En 1982, el escritor norteamericano Stephen King se había ganado con todos los merecimientos el apelativo de “maestro” de la literatura de horror. Sus libros, entre los que destacaban “Carrie”, “El resplandor” y “Salem’s Lot”, eran bestsellers imparables: no sólo vendían millones de ejemplares y se habían traducido a varios idiomas, si no que también habían sido adaptadas exitosamente a la pantalla grande y chica.

Sin embargo, pese a que le llovían cheques de dinero y obtenía el reconocimiento de millones de lectores en todo el mundo, King no quería encasillarse como escritor de novelas de horror. De ese modo, ese año lanzó un libro que desconcertó a algunos fanáticos y que se llamaba “Las 4 estaciones”, compuesto por cuatro capítulos o narraciones cortas que se identificaban con una época del año. Estas cuatro narraciones eran una suerte de historias ejemplares, cuatro parábolas sobre cómo el ciclo de las estaciones influían sutilmente en los niveles más profundos e inquietantes de la psiquis humana.

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El primer cuento, “El cuerpo” (que inspiraría a la notable película “Stand By me” o “Cuenta Conmigo”), que narraba un viaje iniciático de cuatro niños para ver un cadáver y que perdían su visión inocente de la vida, correspondía al capítulo “El Otoño de la inocencia”; La segunda narración, “El método de respiración”, un relato de un nacimiento que se convierte en símbolo del renacimiento, correspondía a “Cuentos de Invierno”; el tercer cuento, “Rita Hayworth y la redención de Shawshank”, contaba el duro trance de un hombre en la cárcel acusado injustamente de asesinato, y correspondía al capítulo “Primavera, esperanza eterna”; Mientras que el último relato, “Alumno aventajado” (que también se convertiría en una película dirigida por Brian Singer), que narraba la historia de un niño que reconocía a un vecino suyo como un conocido criminal de guerra nazi y usaba esta información para, con refinada perversidad, abusar del anciano, estaba en el último capítulo del libro, “Verano de corrupción”.

El tono del tercer relato del volumen, “Rita Hayworth y la redención de Shawshank”, era muy sombrío y poético: en 1949, Andy Dufresne, un culto y exitoso ex vicepresidente de un banco, era injustamente acusado del homicidio de su esposa y de su amante, por lo que era condenado a purgar una pena de dos cadenas perpetuas en la prisión estatal de Shawshank, en Maine. Tras conocer desde los primeros días los brutales rigores y abusos de la cárcel, Dufresne se acercaba a Red Redding, el veterano preso que era conocido en toda la prisión porque era el encargado de conseguir toda clase de cosas, a cambio de dinero o cigarrillos, para solicitarle un poster de Rita Hayworth para su celda. Entre los dos presos, a medida que pasaban los años, comenzaba a desarrollarse una incipiente amistad, que se desarrollaba en forma paralela al progresivo cambio de status de Andy en la cárcel, pues éste, gracias a sus conocimientos financieros y de contabilidad, comenzaba a hacerles las declaraciones de renta a los guardias de la prisión y a ayudar al corrupto alcalde para defraudar impuestos.

El relato tiene el mérito de hacer alternar un lenguaje presidiario con momentos de alta poesía. Red, por ejemplo, en la parte en que escucha una ópera que Andy ha puesto por los altoparlantes de la prisión, comenta así el efecto que causa sobre los presidiarios oír «Le nozze di Figaro” de Mozart: “No tengo ni la más remota idea de qué demonios cantaban aquellas dos italianas, y lo cierto es que no quiero saberlo. Las cosas buenas no hacen falta entenderlas. Supongo que cantaban sobre algo tan hermoso que no podía expresarse con palabras, y precisamente por eso, te hacía palpitar el corazón. Les aseguro que esas voces te elevaban más alto y más lejos de lo que nadie viviendo en un lugar tan gris pudiera soñar. Fue como si un hermoso pájaro hubiese entrado en nuestra monótona jaula y hubiese disuelto aquellos muros. Y por unos breves instantes hasta el último hombre de Shawshank se sintió libre”.

Un sorpresivo final, con una fuga de antología, convertía a este crudo relato en un esperanzador cuento de redención, dignidad y lazos fraternos, en medio de circunstancias amargas. “La esperanza es una buena cosa, y las buenas cosas nunca mueren”, le dice Dufresne a Red en un momento del cuento.

El cuento se convierte en una memorable película

Debieron pasar más de 10 años para que este cuento del libro “Las cuatro estaciones” tuviera por fin su adaptación a la pantalla grande. El director Frank Darabont convocó a los actores Tim Robbins y Morgan Freeman para que encarnaran a Andy Dufresne y Red Redding, respectivamente, ambos secundados por un grupo de talentosos actores secundarios (Clancy Brown como el despiadado jefe de guardias, Bob Gunton como el corrupto alcalde Norton y James Whitmore como Brooks, el viejo preso encargado de la biblioteca que no quiere salir en libertad porque sabe que allá afuera, al contrario de la cárcel, estará condenado a la indiferencia y la soledad). El resultado de la alquimia entre el relato de King, la dirección de Darabont y el talento de los actores fue óptimo, pues la película que mostraba la amistad entre dos presos condenados a cadena perpetua era tan buena (e incluso mejor) que el relato de King.

El único problema es que, a pesar de las buenas críticas, la película, una cinta de dos horas y 22 minutos que se estrenó en 1994, estrenada en inglés como “The Shawshank Redemption” y conocida en nuestro país como “Sueño de fuga” (en otros países fue llamada “Cadena perpetua” o “Escape a la libertad”), naufragó absolutamente en la taquilla, y fue considerada uno de los fracasos comerciales de ese año. Con una fotografía notable pero oscura, sin actrices y sin ninguna estrella conocida en el elenco (Morgan Freeman todavía no se convertía en el actor solicitado que es hoy), la cinta de Frank Darabont no tenía cómo hacerle frente a otros “Blockbusters “en la pantalla grande en ese lejano año de 1994. Un ejecutivo de la Warner Bros comentó, de hecho, que “la película estaba hecha para fracasar en las salas y eso fue lo que pasó”.

Sin embargo, la cinta, considerada por muchos como una verdadera joya oculta, tendría una merecida revancha. Además de ser nominada a siete premios Oscar (no ganó ninguno, porque debió enfrentarse a cintas de antología como “Forrest Gump” y “Pulp Fiction”), fue uno de los títulos más vendidos en las tiendas especializadas de VHS en el año 1995 (la Warner Brothers decidió lanzar 320 mil copias en video, un número exagerado para una película que había fracasado en el cine pero, contra todos los augurios, todas las ediciones se vendieron, lo que fue la primera señal de que el largometraje de Darabont tendría una resurrección en la pantalla chica).

En 1997, “Sueño de fuga” tuvo su primera transmisión televisiva en Estados Unidos a través de TNT, canal que repitió el éxito del video exhibiéndola al menos una vez al mes, durante 10 años. Luego vendrían las ediciones en DVD y Blu-ray, que repetirían el éxito de la edición en VHS.

Los reconocimientos de la crítica, que habían sido buenos en 1994, continuaron en el nuevo milenio. En una reciente encuesta realizada entre 400 personalidades de Hollywood por el diario especializado The Hollywood Reporter, “Sueño de fuga” ocupó el cuarto lugar de preferencias detrás de “El padrino”, “El mago de Oz” y “Ciudadano Kane”. Y según Internet Movie Database, en su top 250 movies of all time, fue votada como el mejor filme de la historia (clasificada gracias a más de 900.000 votos, era la película más votada de las 250 que aparecen en la lista de IMDB, el famoso portal de información cinematográfica). En 1999, finalmente, el famoso crítico norteamericano Roger Ebert también la incluyó en su lista de “Great Movies”.

El actor Tim Robbins, protagonista de “Sueño de fuga” y ganador de un premio Oscar al mejor actor secundario por su papel en la película “Río Místico”, es quien define mejor la sensación que dejó la película, 32 años después que Stephen King escribiera por primera vez su libro, a comienzos de la década de los 80’. “No exagero cuando digo que no ha pasado un sólo día de mi vida en que alguien no me haya dicho algo sobre esa película, sobre lo importante que fue para su vida, dándome las gracias”.

Trailer película “Sueño de fuga”:

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