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Tren de Santiago a Valparaíso: La historia de un legendario ferrocarril

En 1986, después del espantoso accidente ferroviario de Queronque, fue suprimido para siempre el tren Santiago-Valparaíso, que durante casi un siglo permitió el traslado de pasajeros.

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En el siglo XIX el deseo de unir Santiago y Valparaíso de manera expedita siempre fue una necesidad apremiante y fue la construcción de un tendido ferroviario el que permitió concretar este anhelo.

El primer tramo de esta vía se inauguró entre las ciudades de Valparaíso a Viña del Mar el 16 de septiembre de 1855 (en siete kilómetros se habían empleado tres años de trabajo). En 1856 la línea llegó a Limache y año siguiente a Quillota, ciudad en donde los trabajos se paralizaron por la falta de fondos. Años más tarde el ciudadano norteamericano Enrique Meiggs, que acababa de construir el puente de Maipo para el ferrocarril del Sur, fue comisionado por el gobierno chileno para terminar los trabajos. El 4 de julio de 1863 el mismo Meiggs tuvo la satisfacción de llegar a la estación Terminal de Santiago conduciendo personalmente la primera locomotora proveniente de Quillota. El ferrocarril de Valparaíso a Santiago se inauguró oficialmente el 14 de septiembre de 1863 en Lay-Llay, día en que hizo su entrada a la capital la locomotora “Contratista” a la capital, iniciándose oficialmente el servicio del Ferrocarril entre las dos ciudades, con dos trenes diarios en cada sentido.

tren santiago valparaíso

Foto: El Mercurio

El tren Santiago-Valparaíso tuvo más de cien años de historia.

Electrificación y consolidación de la línea

El tramo entre el puerto y la capital sería la primera línea de Ferrocarriles del Estado en ser electrificada. Para ello en la década del 20` se inició un proceso de modernización que incluyó la compra de todo el material necesario para iniciar el recambio energético, junto con la compra de locomotoras y la renovación del equipo de pasajeros.

Las estaciones que se recorrían en el trayecto Santiago-Valparaíso incluía a las estaciones de Santiago, Colina, Batuco, Polpaico, Tiltil, Rungue, Montenegro, La Cumbre, Enrique Meiggs, El Cité, Llay-Llay, Cocoa, Pachacama, La Calera, La Cruz, Quillota, San Pedro, Limache, Peña Blanca, Villa Alemana, El Belloto, El Sol, Quilpue, Valencia, El Salto, Chorillos, Viña del Mar, Miramar, Recreo, Barón, Bellavista y Valparaíso.

Este viaje desde la capital al puerto marcó a varias generaciones de pasajeros, como el profesor de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación Italo Fuentes, quien recuerda en el libro “Líneas férreas: Identidad entre durmientes: la historia del ferrocarril en la región de Valparaíso”, que “las estaciones en ese tiempo formaban una línea que bordeaba el mar, por lo tanto, era un viaje precioso, tanto en verano o en invierno. Cuando había temporales también era maravilloso. El tren partía en la estación Puerto, luego venía la estación Bellavista, donde la Costanera estaba totalmente abierta porque no había containers y se veía todo el paisaje del mar. Después de Bellavista venía la estación Barón, también toda abierta. Pasábamos por la maestranza de Barón, donde se arreglaban los trenes. Después venía la estación Caleta Portales y luego la estación Recreo, una estación preciosa y bastante pequeña, donde se asomaba la primera playa importante. Después de Recreo y Miramar el tren dejaba la costa y entraba a territorio más bien continental”.

El mismo profesor Ítalo Fuentes recuerda que “desde mis tiempos de escolar comencé a viajar en tren, desde Villa Alemana a Valparaíso. Todos los escolares se aglutinaban en ciertos carros y uno se iba sentado con todos los cabros chicos. El carro escolar entonces aparecía lleno con una nube de humo, con algunos estudiantes pololeando, otros metiendo bulla y algunos conversando o estudiando. Yo siempre estudiaba en el tren, especialmente si había una prueba ese día, aprovechando los 45 minutos que duraba el viaje normal”.

Pero, si bien el tren era un confortable medio de transporte escolar, también podía convertirse en una eficaz herramienta para eludir las obligaciones escolares, tal como recuerda alegremente el propio profesor Fuentes.

“Con mis compañeros de Villa Alemana llegábamos a la estación a esperar el tren, con todo el resto de los escolares del tren escolar, y de repente decíamos “hoy no vamos a ir al colegio”. Éramos cuatro o cinco patanes de uniforme que cruzábamos el andén y tomábamos el tren hacía Quillota, en sentido contrario a donde quedaba nuestra escuela, y eso era maravilloso. Nos bajábamos en la plaza de Quillota a ver cuántas chicas del Liceo de Quillota estaban haciendo la cimarra. Y después, a la hora de almuerzo, que era la hora normal en que volvíamos de nuestro colegio en Valparaíso, nos íbamos de Quillota a Villa Alemana y llegábamos a nuestras casas, habiendo vivido una mañana preciosa, de mucha imaginación y lejos de las salas de clases”.

En el recuerdo del legendario Tren Santiago-Valparaíso también ha quedado el llamado “Tren de los curados”, que correspondía a los últimos trenes de la noche. Uno de ellos partía desde Valparaíso e iba dejando a los borrachos, que se habían ido de juerga al puerto, en los pueblos intermedios entre Valparaíso y la capital.

Pero, pese al entusiasmo de los pasajeros, a partir de los años 70’ se agudizaría la competencia con la carretera y sobrevendría el inevitable declive y posterior desaparición del ferrocarril Santiago-Valparaíso. Después del espantoso choque frontal entre un tren expreso y un automotor en la localidad de Queronque, la mayor tragedia ferroviaria en la historia de Chile, ocurrida el 17 de febrero de 1986 (que dejó más de 58 muertos, aunque muchos afirman que los fallecidos sobrepasaron el centenar), el servicio de pasajeros del Tren Santiago-Valparaíso dejó de operar para siempre, aunque el servicio de carga siguió operativo a cargo de la empresa FEPASA.

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