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30 años de la muerte de Kurt Cobain: Sus horas finales y su estremecedora carta de despedida

El 8 de abril de 1994 el mundo de la música se estremeció con la noticia de la muerte del cantante y líder de Nirvana.

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La exitosa carrera del grupo Nirvana terminó para siempre el viernes 8 de abril de 1994, cuando el electricista Gary Smith encontró el cuerpo sin vida del cantante Kurt Cobain debido a la bala de una escopeta que le desfiguró el rostro, en su casa de Seattle.

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Smith descubrió el cuerpo del vocalista de Nirvana tres días después del disparo; Cobain estaba en el suelo con una escopeta (un arma que había comprado por 300 dólares a nombre de un amigo) en el pecho, inyecciones en ambos brazos y una cajetilla de cigarros llena de drogas junto a él. El forense informaría posteriormente que el cuerpo del intérprete de “Smell Like Teen Spirit” había estado allí durante dos días y medio y sólo era identificable por sus huellas dactilares.

Los días previos al deceso de Cobain habían sido un anuncio de su inminente muerte. El 18 de marzo de 1994 su esposa Courtney Love llamó al 911, pidiendo ayuda: “Intento de suicidio, posible suicidio”, gritó por teléfono, agregando que Kurt estaba encerrado en su habitación y tenía un arma en su poder. Cuando llegaron los agentes policiales confiscaron varias armas y frascos con pastillas.

El músico, tras ser interrogado por la policía, dijo que no tenía la menor intención de suicidarse, que sólo se estaba ocultando de su esposa luego de una pelea, aunque nadie le creyó. Dos días después, sufrió una descompensación por la heroína que casi terminó en el hospital.

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En la semana siguiente se celebraría una reunión en la casa del matrimonio Cobain-Love. Krist Novoselic, bajista de Nirvana, unos amigos y algunos ejecutivos de la casa discográfica le rogaron al cantante que ingresara a una clínica de rehabilitación. Para obligarlo a tomar esa decisión, Courtney amenazó con divorciarse y Novoselic con disolver la banda, pero Kurt se negó a empezar un tratamiento.

El exrepresentante de Nirvana, Danny Goldberg, describió a Kurt Cobain en ese momento como “extremadamente escéptico”, agregando que “negó que estuviera haciendo algo realmente autodestructivo”. Sin embargo, para el final del día, Cobain estuvo de acuerdo en entrar a un programa de desintoxicación, ingresando el 30 de marzo al Centro de Recuperación Exodus en Los Ángeles.

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Los dos primeros días en ese lugar los profesionales lo vieron de mejor ánimo, afable y colaborativo. La mujer que cuidaba a su hija Frances la llevó y Kurt y ella jugaron un rato. Pero la tercera noche se fugó del lugar: salió a fumar un cigarrillo al patio, trepó una tapia de 1.80 mt de alto y desde allí saltó a la calle, donde tomó un taxi que lo llevó directo al aeropuerto de Los Ángeles. Allí abordó un vuelo hacia Seattle.

En esa ciudad, algunos vecinos lo vieron merodear por las calles de Seattle los días 2 y el 3 de abril junto a un amigo desconocido. Se veía enfermo, demacrado, desorientado y desarreglado y, pese al calor reinante, llevaba un largo y pesado impermeable. Por entonces, nadie de sus conocidos sabía donde estaba, lo que llevó a su esposa Courtney a contratar un investigador privado para dar con su paradero.

Todo eso ocurrió hasta el 8 de abril de 1994, el fatídico día del arribo del electricista Gary Smith y el impactante hallazgo del cuerpo sin vida del talentoso músico.

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En la casa de Kurt Cobain se encontraría en el interior de una maceta, clavada con un lápiz, una estremecedora nota de suicidio y carta de despedida dirigida a Boddah, su amigo invisible de la infancia. Ese interlocutor imaginario le permitió al cantante hablar en la misiva a su esposa, a su pequeña hija, a los amigos y hasta a sus desconsolados fans.

La carta decía lo siguiente:

“Para Boddah: Esta nota debería ser muy fácil de entender. (…) Ya hace demasiado tiempo que no me emociono ni escuchando ni creando música, ni tampoco escribiéndola, ni siquiera tocando rock. Me siento increíblemente culpable. Cuando se apagan las luces antes del concierto y se oyen los gritos del público, a mí no me afectan como afectaban a Freddie Mercury, a quien parecía encantarle que el público le amase y adorase. Eso lo admiro y envidio muchísimo. No los puedo engañar, a ninguno de ustedes. No sería justo ni para mí. Simular que lo estoy pasando el 100 % bien, sería el peor crimen que me pudiese imaginar. A veces tengo la sensación de que tendría que marcar tarjeta antes de subir al escenario. Lo he intentado todo para que eso no ocurriese. (Y sigo intentándolo, créeme, Señor, pero no es suficiente).

Soy consciente de que yo, nosotros, hemos influido y gustado a mucha gente. Debo ser uno de aquellos narcisistas que sólo aprecian las cosas cuando ya han ocurrido. Soy demasiado sencillo. Necesito estar un poco anestesiado para recuperar el entusiasmo que tenía cuando era un niño. En nuestras tres últimas giras aprecié mucho más a toda la gente que conocí personalmente, fans nuestros, pero a pesar de ello no puedo superar la frustración, la culpa y la hipersensibilidad hacia la gente. Sólo hay bien en mí, y pienso que simplemente amo demasiado a la gente. Tanto, que eso me hace sentir jodidamente triste. (…) ¡Dios mío! ¿Por qué no puedo disfrutar? ¡No lo sé! Tengo una mujer divina, llena de ambición y comprensión, y una hija que me recuerda mucho cómo había sido yo.

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Llena de amor y alegría, confía en todo el mundo porque para ella todo el mundo es bueno y cree que no le harán daño. Eso me asusta tanto que casi me inmoviliza. No puedo soportar la idea de que Frances se convierta en una rockera siniestra, miserable y autodestructiva como en lo que me he convertido yo. Lo tengo todo, todo. Y lo aprecio, pero desde los siete años odio a la gente en general… Sólo porque parece que a la gente le resulta fácil relacionarse y ser comprensiva. ¡Comprensiva! Sólo porque amo y me compadezco demasiado de la gente. Gracias a todos desde lo más profundo de mi estómago nauseabundo por sus cartas y su interés durante los últimos años. Soy una criatura voluble y lunática. Se me ha acabado la pasión, y recuerden que es mejor quemarse que desvanecerse de a poco. Paz, amor y comprensión. Kurt Cobain.

Frances y Courtney, estaré en su altar.

Por favor, Courtney, sigue adelante por Frances, por su vida que será mucho más feliz sin mí. Las amo. ¡Las amo!”.

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