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El aplaudido diálogo en “True Romance” de Quentin Tarantino que habla sobre el origen de los sicilianos

El director escribió una de sus escenas más memorables en esta película.

Guía de: Los 90

La película “True Romance” (1993) supuso la fusión de dos estilos aparentemente contrapuestos: La dirección esteticista del director británico Tony Scott (responsable de la exitosa cinta “Top Gun”), mezclada con el genial guion escrito por Quentin Tarantino, un joven guionista y cineasta que saltaría a la fama mundial en 1994 con su segunda película, “Pulp Fiction”.

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“True Romance” -la película más biográfica de Quentin Tarantino, según el propio cineasta-, relataba cómo una pareja de jóvenes enamorados de Detroit, un dependiente de una tienda de comics llamado Clarence Worley y una ex prostituta llamada Alabama (interpretados por Christian Slater y Patricia Arquette, respectivamente), se hacían de forma accidental con un maletín lleno de cocaína que pertenecía al ex proxeneta de Alabama, el cual intentaban vender a un conocido productor cinematográfico de Los Ángeles, mientras tenían a la mafia y a la policía tras sus talones.

elenco
La cinta, plagada de situaciones inverosímiles, personajes de culto y diálogos brillantes y rocambolescos, también tuvo la virtud de reunir a un taquillero elenco, donde destacaban actores como Christopher Walken, Dennis Hopper, Gary Oldman, Val Kilmer y Brad Pitt.

Dentro de los momentos más recordados de la película “True Romance” se recuerda, sobretodo, la escena protagonizada por los actores Dennis Hopper y Christopher Walken, quienes personificaban en la cinta al ex policía Clifford Worley y a Vincent Coccotti, un peligroso mafioso ítaloamericano que se ufanaba de conocer todas las formas de mentir, pues sus antepasados eran sicilianos, supuestamente los mejores mentirosos del mundo.

En esa escena, coloquialmente llamada “La escena siciliana”, Clifford Worley se encontraba a merced de un grupo de mafiosos que querían interrogarlo sobre el paradero de su hijo, Clarence. Clifford, sabiendo que dijera lo que dijera su suerte estaba echada, le espetaba a Vincent Cocotti una particular teoría histórica: Los sicilianos habían sido engendrados por negros.

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Esta escena sería elogiada por el crítico Oliver Lyttelton, de IndieWire, quien la calificó como “uno de los tête-à-têtes más hermosos del cine contemporáneo, maravillosamente escrito y completamente icónico gracias a dos virtuosos actores”.

El propio Quentin Tarantino calificaría este escena como uno de sus momentos de mayor orgullo: “Había escuchado todo ese discurso sobre los sicilianos hace mucho tiempo, de un chico negro que vivía en mi casa. Un día estaba hablando con un amigo que era siciliano y comencé a decir ese discurso. Y pensé: ‘Wow, esa es una gran escena para una película, debo recordar eso’”.

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La famosa “escena siciliana” escrita por Tarantino era la siguiente:

“Coccotti: ¿Sabe usted quién soy, señor Worley?
Clifford: Me rindo ¿Quién es usted?
Coccotti: Soy el anticristo y estoy de un humor de perros. Dígale a los ángeles cuando llegue al cielo que jamás había visto el mal tan personificado como lo vio en el rostro del hombre que lo mató. Me llamo Vincent Coccotti, soy asesor del señor Blue Lou Boyle, el hombre al que su hijo robó. Sé que en otro tiempo usted fue policía, así que supongo que habrá oído hablar de nosotros. ¿Estoy en lo cierto?
Clifford: He oído hablar del tal Boyle.
Coccotti: Estupendo. Espero que eso elimine la pregunta que se habrá hecho sobre de qué le estoy hablando. Jugaremos a preguntas y respuestas, y a riesgo de parecer redundante, le ruego que sus respuestas sean sinceras. ¿Quiere un cigarrillo?
Clifford: No
Coccotti: Yo también tengo un chico de la edad de su hijo. Imagino lo doloroso que esto será para usted, pero Clarence y esa zorra que le acompaña se han buscado esto ellos solitos. Así que le imploro que no siga ese camino con ellos. Siempre puede consolarle el hecho de que no tenía elección.
Clifford: Oiga, me gustaría ayudarle si pudiera, pero hace mucho que no veo a Clarence.
Coccotti: ¿Ve este puño? (le golpea en la cara). Duele, ¿verdad? Que te partan la nariz es algo horrible. Notas cientos de punzadas en el cerebro y los ojos se te llenan de lágrimas. No es nada divertido, pero lo que yo quiero ofrecerle es lo mejor que va a conseguir. Y tiene la ventaja de que será rápido. Hablamos con sus vecinos, vieron un Cadillac de color lila, y Clarence tiene un auto igual. Por lo visto ayer estaba aparcado aquí. Señor Worley, ¿Ha visto a su hijo?
Clifford: Lo he visto.

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Coccotti: No estoy seguro de lo que le habrá contado así que, por si acaso no estuviera usted informado, le ilustraré un poco. Esa zorra con la que anda su hijo tenía un chulo que era mi socio, porque además de tener una agencia de nenas trabajaba para mí en calidad de correo. Bueno, al parecer, esa zarrapastrosa averiguó que íbamos a hacer un negocio, porque su hijo llegó al club en plan vaquero, pegando tiros, y no paró hasta cerciorarse que todos estaban muertos.
Clifford: ¿De qué demonios está hablando?
Coccotti: De que mató a mi socio, y robó una maleta con droga. Luego huyó de allí. Se habrían salido con la suya, pero su hijo, el muy cretino, se dejó su permiso de conducir en la mano del muerto.(Risas)
Clifford: Perdone, pero no le creo.
Coccotti: Eso a mí no me importa. Lo que me importa realmente es que yo le crea a usted. ¿A dónde han ido?
Clifford: Están de luna de miel.
Coccotti: Vaya, me cabrea hacer la misma pregunta por segunda vez. ¿A dónde han ido?
Clifford: No me lo dijeron. Espere un momento y escúcheme. No había visto a Clarence desde hacía tres años. Ayer se presentó aquí con una chica. Dijo que se habían casado. Lo único que quería era algo de dinero en efectivo para irse de luna de miel. Quería que le prestara 500 dólares. Le dije que le ayudaría y le hice un talón. Luego desayunamos juntos y esa fue la última vez que le vi. Puedo asegurarle que ni ellos me dijeron dónde iban ni a mí se me ocurrió preguntarlo. (Uno de los acompañantes de Coccotti, saca una navaja y le corta la palma de la mano a Clifford, a la vez que le echa alcohol en la herida).
Coccotti: ¿Sabe? Los sicilianos son grandes mentirosos, los mejores del mundo. Yo soy siciliano, mi padre era el campeón del mundo de los mentirosos sicilianos. Al crecer con él, aprendí el arte de la pantomima. Hay diecisiete posturas faciales que uno puede hacer cuando miente, quien quiera descubrirle tendrá que averiguar las diecisiete formas. La mujer tiene veinte posturas, el hombre diecisiete, pero, si las conoces como conoces tu propia cara, puedes mandar todos los detectores de mentiras al infierno. Lo que intentamos ahora es el juego de mostrar y contar, y usted no quiere mostrarme nada pero así lo cuenta todo. Sé que usted sabe donde están, así que dígamelo antes de que le haga sufrir, porque de morir no se libra.

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Clifford: ¿Podría fumarme uno de esos cigarrillos?
Coccotti: Claro
Clifford: ¿Tiene un fósforo? No, espere, no se moleste, yo tengo. Usted es siciliano, ¿eh?
Coccotti: Sí, siciliano.
Clifford: ¿Sabe? Yo leo mucho, sobre todo historia. La encuentro fascinante, y hay un hecho que no sé si usted conoce. Los sicilianos descienden de negros.
Coccotti: ¿Cómo? ¿Cómo ha dicho?
Clifford: Bueno, es un hecho, sí. Verá, los sicilianos tienen sangre negra bombeando en sus corazones. Y si usted no me cree, documéntese. Hace cientos y cientos de años, los moros conquistaron Sicilia. Y los moros son negros.
Coccotti: (poniendo cara de sorpresa)
Clifford: Verá, por aquel entonces los sicilianos eran como los espagueti del norte de Italia, sí, tenían el pelo rubio y los ojos azules. Sin embargo, los moros invadieron la isla y, bueno, cambiaron todo el país. Se aparearon tanto con las mujeres sicilianas que cambiaron la línea sanguínea para siempre. Por eso, el pelo rubio y los ojos azules se convirtieron en pelo negro y piel oscuro. ¿Sabe? Me resulta absolutamente asombroso pensar que hoy en día, cientos de años después, los sicilianos todavía llevan esos genes negros. Le aseguro (ante las risas de Coccotti), no en serio, estoy citando la historia, está escrito, es un hecho, está escrito.
Coccotti: Me encanta este tipo.
Clifford: No, en serio. Sus antepasados son negros. (Risas) Sí. Y su tataratataratataraabuela se apareó con un negro. Y tuvo un hijo mulato. En serio. Es un hecho real. Ahora, si usted es siciliano y su padre era el campeón de los mentirosos sicilianos ¿Estoy mintiendo?
Coccotti: (riendo)
Clifford: Porque usted es medio berenjena (Más risas) (Coccotti ríe a carcajadas)
Clifford: Y él, y él, y él (Señalando a los demás)
Coccotti: Y usted es un melón (Risas) Qué tipo! (Coccotti se levanta y lo besa en la mejilla). Increíble!. Dámela (señalando la pistola de uno de sus acompañantes) (Coccotti dispara varias veces y acribilla a Clifford). No había matado a nadie desde 1984″.

Video: La “escena siciliana” de la película “True Romance” escrita por Quentin Tarantino (1993):

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