“La casa de vidrio”: Daniela Tobar y el desnudo que se hizo incontrolable
- Rodrigo Béraud, ex Guía de los 90
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“Me parece una verdadera falta de criterio poner a una pobre chiquilla desnudándose enfrente de cientos de hombres en pleno centro de Santiago”; “lo inmoral no es la niña que se empelota, sino que el Fondart gaste plata en financiar tonteras como esta”; “está rica la mina, deberían pasar las llaves de la casa”. Estos son sólo algunos comentarios recogidos por la prensa de la época respecto de la intervención urbana “Nautilus, casa transparente”, proyecto que causó un verdadero revuelo a nivel nacional, tanto en el plano moral, como también en cuanto a lo que se puede considerar arte.
La idea fue desarrollada por dos arquitectos de la Universidad Católica, quienes en 1999 se adjudicaron el financiamiento del Fondo Nacional de Desarrollo de las Artes (Fondart) con el fin de ejecutar el polémico proyecto conocido popularmente como “la casa de vidrio”. La iniciativa comenzó el 25 de enero de 2000 en un sitio eriazo ubicado en la esquina de las calles Moneda y Bandera, ante la mirada atónita de los transeúntes.
Daniela Tobar, una estudiante de teatro de la Universidad de Chile de 21 años fue la única moradora en la “casa” transparente de 4 x 2 metros, espacio donde realizaba toda su rutina diaria, como cualquier persona normal. Naturalmente, la aglomeración del público y de los periodistas aumentaba cuando la joven se levantaba (con ducha incluida) y cuando se acostaba. Según los autores, la muestra pretendía enfrentar al chileno medio con los límites de la privacidad y sobre la calidad de vida en las grandes ciudades. Pero el debate abarcó otros aspectos menos tecnicistas como el exhibicionismo, el vouyerismo e incluso la pornografía.
Fernando Villegas lanzó dardos en una de sus columnas al señalar: “Pidamos entonces recursos al Fondart para instalar a un señor en el Paseo Ahumada haciendo cacuca en una bacinica, experimento más barato y decidor acerca de las relaciones entre lo privado y lo público”. Por otro lado, el entonces ministro de Educación, José Pablo Arellano justificó la iniciativa y los fondos entregados para ejecutarla; y el alcalde de Santiago, Jaime Ravinet señaló que no correspondía ninguna acción policial contra la peculiar vivienda.
Finalmente, abrumada por el grueso calibre de las bromas del público masculino, por el caos y el desorden provocado en las inmediaciones y por una eventual acción policial de desalojo, Daniela Tobar decidió abandonar “la casa de vidrio” quince días después de iniciada la intervención artística. Su lugar fue ocupado por un actor, el que simplemente no tuvo la misma acogida entre los observadores ni la misma atención mediática.
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