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¿Qué rol jugó la Iglesia en censura a Iron Maiden el 92′? Historia desclasificada

A instancias del cardenal Jorge Medina, el famoso grupo inglés de Heavy Metal no pudo tocar en nuestro país en 1992, acusados de “satánicos”.

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En julio de 1992 la prensa de espectáculos anunció una noticia que sacudió a los miles de fans de Iron Maiden repartidos en todo Chile. El famoso grupo inglés de heavy metal liderado por el vocalista Bruce Dickinson y el bajista Steve Harris, famoso por temas como “The number of the beast” y “Run to the hills”, en el marco de la gira de promoción de su álbum “Fear of the dark”, iba a tocar por primera vez en nuestro país.

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La noticia no era menor, especialmente tratándose de un grupo de fama planetaria y de un país –el nuestro- que acababa de retornar a la democracia y que recién comenzaba a posicionarse como un destino cierto para las giras mundiales de los grandes artistas del pop y del rock. Sin embargo, para decepción de los metaleros chilenos, ocurrió lo impensado. Debido a presiones de la Iglesia Católica chilena el grupo inglés no encontró lugar para tocar, lo que ahuyentó a los auspiciadores del concierto. ¿Resultado? Iron Maiden jamás llegó a pisar el suelo chileno, pues debió cancelar el esperado recital, provocando de paso millonarias pérdidas para la productora que los traía.

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Más de 20 años después de ese incidente gatillado por la censura comenzarían a develarse las verdaderas razones de por qué el grupo inglés no llegó a tocar esa vez en nuestro país. Belisario Velasco, subsecretario del Interior del gobierno de la época, en una entrevista a TVN recordó que todo comenzó cuando recibió una llamada telefónica. “Me llamó el cardenal Jorge Medina y me preguntó si conocía a un grupo musical llamado Iron Maiden, que supuestamente iba a venir a tocar a nuestro país en los próximos días. Le contesté que no. Él me dijo que pretendían visitar nuestro país, pero que la Iglesia Católica iba a hacer todo lo posible para que ello no ocurriera. Cuando le pregunté cuál era el motivo me contestó que Iron Maiden era un grupo de tintes satánicos que podía corromper la convivencia nacional y los valores de nuestra juventud. Por supuesto, le respondí que yo y el gobierno democrático del que formaba parte no tenían las armas legales para impedir que ellos ingresaran al país si así lo deseaban, pues no habían violado ninguna ley nacional o internacional. Cuando el presidente Patricio Aylwin se enteró posteriormente de esta situación, me respaldó totalmente y dijo que esa era la postura oficial del gobierno en esta materia”.

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Velasco agregó que después de esa primera conversación Medina volvió a la carga en los días siguientes. “La segunda vez el Cardenal Medina me visitó personalmente en mi oficina y me dijo: “Subsecretario, vengo por el mismo motivo que antes. Ese grupo no puede pisar nuestro país porque es un pésimo ejemplo para nuestra juventud. Si quiere, puedo darle algunas pruebas fehacientes de lo que digo”. A continuación, comenzó a mostrarme algunas carátulas de discos que supuestamente tenían características satánicas y a recitarme letras de algunas de sus canciones, tanto en su inglés original como en su traducción en español, que supuestamente atacaban el orden establecido y entidades como la familia, la sociedad y la jerarquía católica. Cuando terminé de escucharlo, sólo atine a decirle: “Cardenal, la verdad es que usted me lleva mucha ventaja en esto, porque yo a este grupo no lo ubico para nada. Yo soy más bien chapado a la antigua en materia musical. Me quedé pegado en la época de Los Beatles, a quienes incluso tuve el privilegio de ver una vez en Londres en la década de los 60. La conversación llegó hasta allí porque el cardenal se retiró de mi oficina muy molesto”.

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Sin embargo, cuando parecía que el recital se hacía y Iron Maiden iba a pisar por primera vez nuestro país, el cardenal Medina se salió al final con la suya. Moviendo influencias por aquí y por allá, logró que el grupo inglés se quedara sin un lugar físico donde realizar su esperado recital. Al final Iron Maiden no llegó a Santiago, la productora que los traía perdió 100 mil dólares y el vocalista Bruce Dickinson, molesto por la visita frustrada de su grupo a Chile, tachó a nuestro país de “retrógrado y medieval”.

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El cardenal Ernesto Medina, 25 años después del episodio y hoy retirado de la vida eclesiástica activa, no se arrepiente para nada de lo que hizo en aquel entonces. “Ese grupo constituía una nefasta influencia para la juventud chilena y el abuso de libertades. El llamado libertinaje siempre termina mal. Es cosa de ver hoy cómo está hoy la sociedad chilena, convertida en una red de mentiras y fraudes, desde la persona que no quiere pagar su pasaje en el Transantiago y el empleado que falsifica un certificado médico para tener días libres y cobrar después el mes entero de sueldo, hasta el político que recibe dineros indebidos para financiar sus campañas”.

Belisario Velasco, después de este negro episodio, recordaría que en los meses siguientes el Cardenal Medina volvería a llamarlo por un motivo parecido. “En esa oportunidad me mandó algunos ejemplares de revistas para adultos que se vendían libremente en los kioskos de Valparaíso y me pidió que el gobierno requisara todos los ejemplares que se encontraran, porque atentaban contra la dignidad de las mujeres y la moral pública. También le respondí lo mismo que en el caso de Iron Maiden: que nuestro gobierno no tenía las facultades legales ni el ánimo de hacer algo parecido”.

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