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El gato de mi novia me odia: Historia de la difícil relación de un hombre y un felino

Los gatos de Bengala tienen características que los hacen muy especiales. Aquí hay una historia de uno de ellos, que demuestra todas sus características y su virtuosismo animal.

Un día Stephanie le contó a su novio que estaba por adoptar un gato. “Pero, cómo, si me dan alergia”, le replicó Nick. Ella insistió en que ya estaba decidido.

Nick optó por acompañarla al criadero unas semanas más tarde. Y como para demostrar interés, le dijo que eligiera al gatito más activo, situación de la que se arrepentiría por mucho tiempo.

La historia, reproducida por el “Daily Mail”, recoge la difícil relación entre una pareja y un gato, mientras ella defendía y adoraba al animal, él vio con espanto cómo empezaba a perder sus espacios y zonas de dominio.

Gato novia

Foto: Nick Holt

Stephanie escogió a un bello gatito de dos meses de edad y lo llamó Alvin. Como fuera maullando durante todo el camino de vuelta a casa, Nick intentó una última estrategia, ya que sentía que no tenía la capacidad de hacerse responsable de otro ser que no fuera él mismo; le decía que probablemente lloraba porque extrañaba a su madre y hermanos y que tal vez nunca se adaptaría a su nuevo hogar. Que tal vez era mejor regresarlo; que seguramente correría riesgo en casa, ya que vivían en una avenida principal.

Pero llegaron a casa y Alvin se calló, como si comprendiese las intenciones de Nick. Quedó embobado con los artículos y juguetes que Stephanie le tenía preparados. Ya no había vuelta atrás.

Ella decidió hacer algo respecto a la alergia de Nick. Terapia de shock. Como su novio estaba sentado, puso a Alvin en su regazo y se fue a hacer las cosas en la cocina. Ambos se quedaron mirando dubitativos y expectantes durante cinco minutos, eso hasta que Alvin orinó encima de Nick, lo cual produjo el quiebre del momento e hizo que se levantara rápida y violentamente mientras Alvin se retiraba al trote.

Desde la primera noche Nick intentó establecer jerarquía: “No dormirá con nosotros”. Stephanie le suplicaba que se lo permitiera, porque era “tan pequeñito”, pero Nick se mantuvo firme. Trabó la puerta con un papel y Alvin maulló y arañó desde fuera durante casi una hora antes de rendirse. Pero se quedó a la expectativa en el living, esperando a que alguien se levantara al baño… en algún momento debía ocurrir.

Nick se despertó una noche de un solo grito. Alvin se las había ingeniado para entrar y luego de deslizarse por entre las sábanas, arañó fuertemente las nalgas del hombre. Y en la medida que fue ganando fuerza, no había sistema que fuera efectivo para mantenerlo en el exterior. Ganó la batalla y Alvin comenzó a dormir entre ambos. Y Nick tenía prohibido mover un dedo.

Un día, Nick lo sintió salir del dormitorio y se dio vuelta para abrazar a su amada. Pero de un salto Alvin se aferró a su brazo y se lo mordió. Lo peor de todo fue que a Stephanie le pareció tierno, ya que trataba de protejerla.

Nick confesó un día que admiraba la capacidad para escalar que tenía Alvin, mientras lo observaba subiendo por los ladrillos de la chimenea frente a ellos, casi llegando al techo. Mientras decía esto cruzó un brazo por la espalda de su novia y, de forma inmediata, Alvin se dejó caer con las garras desenvainadas y mostrando los dientes en la cabeza de Nick. Las cicatrices aún son tenuemente visibles unas semanas después.

gato novia odia

Foto: Nick Holt

Todo eso, sumando a las innumerables veces que Alvin escaló por la pierna de Nick, hace que la gente lo mire con lástima cuando se cambia de ropa en el gimnasio.

Como a sus tres meses aún es pequeño para salir solo, dado que podría sufrir un serio daño en la avenida que cruza por fuera de la casa, acabó con el único momento que seguía existiendo para ellos: el paseo dominical.

Stephanie le compró una correa y un arnés para que Nick lo sacara a pasear por el parque ese día; “les hará bien compartir ese momento”. Pero, en fin, nada hace que Alvin quiera a Nick. Como digno gato de Bengala (mestizo de gato doméstico con un leopardo asiático), es muy inquieto, travieso, demandante de atención y afecto y, por sobre todo, celoso. Y Nick es su competencia.

Ni siquiera comida puede darle. Tiene todas sus manos arañadas.

Sin embargo, semanas más tarde, Nick observaba serenamente a Alvin mientras éste dormía. Y una tierna sonrisa se dibujo en su rostro. Era hermoso, una maravilla de la evolución, un digno representante de la perfección en el Reino Animal.

Y esa sonrisa pasó de ternura a satisfacción cuando comenzó a pensar que estaba a punto de cumplir seis meses. A esa edad ya podría salir a pasear solo. Pero además, como medida precautoria, debían llevarlo al Veterinario para que lo castrara; sería él mismo quien lo llevaría. Y cuando Alvin estuviera despertando de la anestesia, sintiendo que algo extraño había ocurrido en sus partes inferiores, Nick estaría allí con una sonrisa, como diciendo “yo soy el papá, no tú”…

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