Grandes fraudes de investigadores: El caso del holandés farsante y otros que complican a la ciencia

El fraude fue descubierto por 3 jóvenes investigadores de psicología que encontraron irregularidades en los trabajos.

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En septiembre de 2011, el especialista en psicología social, profesor y Decano de la Escuela de Ciencias Sociales de la Universidad de Tilburg en Holanda, Diederik Stapel, fue suspendido de sus funciones. ¿La razón? Un informe interno de la universidad que documenta lo descubierto por sus propios colegas, fraude académico. Más de 30 publicaciones científicas en revistas indexadas con datos falsificados e incluso experimentos inventados que incluyen, entre otras, a trabajos publicados en la prestigiosa revista Science. Actualmente, la cuenta ha subido a más de 50 trabajos falsificados y se ha descubierto que, además del fraude, graduó a varios de sus estudiantes sin que realizaran un experimento real.

El fraude fue descubierto por 3 jóvenes investigadores de psicología que encontraron irregularidades en los trabajos de Stapel y los presentaron al director del departamento.

holandes farsante

Foto: Internet

Diederik Stapel

El modus operandi de este farsante es impresionante, durante el inicio de un estudio discutía con sus colegas y alumnos la mejor forma de llevarlo a cabo. Llegado el momento, él estaba a cargo de obtener los datos que en teoría obtenía gracias a la colaboración de “centros” con los que tenía contactos. La verdad era que los experimentos, encuestas y todo lo acordado nunca se realizaba. Sencillamente  inventaba los datos que después se analizaban. En otros casos, aprovechándose de su reputación, contactaba a otro investigador para indicarle que tenía datos que validaban el trabajo que estaba realizando y le proponía ser coautor.

Uno de los trabajos que ya es parte de la cultura popular y que tomará muchos años para erradicar indicaba que los comedores de carne eran más agresivos, egoístas y socialmente desadaptados que los vegetarianos. Otro de sus trabajos que había sido recientemente publicado en Science, realizado en la estación de trenes de Utrecht, indicaba que ambientes saturados de basura hacían proliferar las tendencias racistas de la población.

Esto nos recuerda a Andrew Wakefield, autor de uno de los fraudes más emblemáticos en que vinculó la vacuna triple vírica con el autismo. Estas  conclusiones, que han sido refutadas, siguen sin embargo en la memoria colectiva de todos aquellos que están más alejados del mundo científico que todavía las dan por ciertas.  A diferencia de nuestro egocéntrico farsante hay evidencias que las conclusiones de este trabajo en particular fueron encargadas previo pago de dinero. Este hombre es un verdadero criminal de guerra, puesto que este falso estudio llevó a muchos padres a no vacunar a sus hijos causando en muchos casos la muerte de esos niños inocentes.

El investigador ha reconocido el fraude y declaró sentirse avergonzado justificando sus actos por la presión de sumar puntos para publicar y ser siempre el mejor.

En noviembre del 2012 publicó un libro basado en sus diarios titulado “descarrilado” en que admite años de fraude académico y en la cual se disculpa frente a todos sus colegas. Por desgracia, los malos hábitos parece que son difíciles de olvidar, puesto que en el último capítulo hay textos plagiado de James Joyce y Raymond Carver.

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