Martin Gardner: El “matemágico” que fue un visionario que trascendió a su tiempo

La clave de su éxito era su extensa colaboración con matemáticos de primera línea y su curiosidad y empuje incansable.

Guía de: Matemáticas

En mis últimos años en el colegio encontré en la biblioteca en un rincón perdido una colección de la revista Scientific American de los años 70 y, al final de varias de ellas, las columnas de Martin Gardner sobre matemáticas. Quedé inmediatamente fascinado por lo que planteaba y sin tener muchos conocimientos matemáticos saqué copia de todos los que me interesaban, los que guardé celosamente y que estarían en mis manos hasta el día de hoy  de no ser por el incendio que arrasó con mi oficina este año. Mirando hacia atrás, ese fue el principio de mi camino hacia la matemática: el ingenio, la genialidad y la simpleza con que lograba explicar temas realmente complejos fue decisivo. Su afición por la magia es lo que al parecer le deba ese estilo tan especial que mantenía el interés para revelar de sorpresa el clímax finalmente.

Martin-Gardner

Revisando la historia de este hombre me sorprendo una vez más al descubrir que no era matemático y, de hecho, siempre quiso estudiar física, pero terminó estudiando filosofía. Ejerció profesionalmente en calidad de periodista y su relación con Scientific American comenzó en 1956 en la sección de juegos matemáticos y luego en Ciencia e Investigación en 1976.

Mi sorpresa es aún más grande al conocer más de este gran “matemágico” y su influencia a aportes a la ciencia. El científico cognitivo y ganador del premio Pulitzer Douglas Hofstadter lo describió como “uno de los mayores intelectos que este país (EE.UU.) ha producido en este siglo”. El paleontólogo Stephen Jay Gould lo reconoce como “el faro más brillante en la defensa de la racionalidad y la buena ciencia en contra del misticismo y el antiintelectualismo que nos rodea”. El lingüista Noam Chomsky describe su aporte a nuestra cultura como “único en su alcance, agudeza y entendimiento de las preguntas difíciles que realmente importan”.

La clave de su éxito era su extensa colaboración con matemáticos de primera línea y su curiosidad y empuje incansable que le hacían preguntar y preguntar hasta poder comprender.

Su primer artículo es un ejemplo perfecto de esto. El origen de la idea fue una extraña figura que vio a un mago neoyorquino. Investigando, que en esos años no era buscar en google como ahora, descubrió que esta había sido creada por un grupo de estudiantes de Princeton encabezado por Arthur Ston y que incluía nada menos que a Richard  Feynman. Esto dio origen al genial artículo, “Flexágonos”. Gardner es uno los principales responsables de divulgar el ya famoso “Juego de la Vida” de John Conway que es un ejemplo clásico en un curso básico de programación y el primer ejemplo básico para la creación y evolución de la vida.

Métodos de encriptación

Fue un visionario que ya en 1977 habló sobre métodos de encriptación en su artículo “Comunicaciones secretas” que es indispensable en nuestro día a día para todos nosotros con la Web y la telefonía celular . Lo que describe en este artículo le dio la fama a Ronald L. Rivest, Adi Shamir y Leonard M. Adleman, los tres creadores del sistema RSA  y académicos del MIT (Instituto Tecnologico de Massachussets).

Entre sus colaboradores tenemos a Sir Roger Penrose en “Los embaldosados de Penrose” que muestra una teselación (cubrir sin sobrelapar) no periódica del plano. Una mención especial merece su “sucesor”, Douglas R. Hofstadter con “Un eterno y grácil bucle” y su famoso libro “Gödel, Escher, Bach”.

Hasta el día de hoy se realiza cada 2 años en Atlanta un encuentro en su honor, “Gathering 4 Gardner”, con aficionados que quieren preservar su legado y que llegan de todas partes del mundo.

Gardner era además un activo defensor del escepticismo y un luchador acérrimo contra las falacias pseudocientíficas y se preocupaba también por temas contingentes que afectaban directamente a los ciudadanos. Escribió artículos sobre el análisis del sistema electoral y de corte económico como políticas fiscales.

En su  última columna para la sección de  Investigación y Ciencia que escribió en conjunto Hofstadter menciona el número gúgol del que ya había hablado en febrero de 1960 y algunos especulan que esto podría ser el origen del nombre del famoso buscador Google.

Un hermoso descubrimiento para mí conocer más de este hombre que tanta influencia tuvo por unas viejas revistas escondidas en un anaquel que muy pocos alumnos sacaron alguna vez y que, espero, sigan ahí esperando a otras mentes jóvenes ávidas de magia y ciencia. Una sola nota no puede hacerle justicia al legado de este hombre en la divulgación de la ciencia y otras vendrán para reavivar el fuego de la magia de este genio.

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