Chile en deuda con las mujeres y la violencia obstétrica: ¿qué se debe mejorar?

En la actualidad, la VO no está legalmente reconocida en Chile, por lo que si una mujer necesita realizar una denuncia sólo puede poner un reclamo.

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En otro artículo vimos que la Violencia Obstétrica (VO) es un tipo de violencia de género que se ejerce a diario en nuestro país y en el mundo, en el ámbito de la atención del embarazo, parto y post parto de una mujer, un momento de máxima vulnerabilidad emocional, en el que cualquier acto u omisión resulta particularmente grave.

En la actualidad, la VO no está legalmente reconocida en Chile, por lo que si una mujer necesita realizar una denuncia sólo dispone de la presentación de un reclamo formal por incumplimiento a la Ley Ley N°20.584, que regula los derechos y deberes que tienen las personas en relación con acciones vinculadas a su atención en salud.

En el sistema público este reclamo se hace a través de una OIRS (Oficina de Informaciones, Reclamos y Sugerencias), mientras que en el sistema privado, generalmente va de la mano de las oficinas de atención al cliente. Como una segunda instancia, se puede acudir a la Superintendencia de Salud, en caso de que no estar conforme con la solución-respuesta entregada en la etapa previamente descrita.

violencia obstétrica

Desafortunadamente, muchas prácticas de rutina durante el parto en nuestro país no tienen respaldo científico. Aquí podemos ver la maniobra de Kristeller, una práctica no solo violenta, sino que su seguridad para la guagua no está comprobada (revisión Cochrane 2009), y puede provocar varios traumatismos en la madre.

En diciembre de 2016, el  Instituto Nacional de los Derechos Humanos incluyó, por primera vez en su informe anual (p. 230-250), la violencia obstétrica como una prioridad del Estado y como una expresión de vulneración a los derechos humanos, especialmente de las mujeres.

Varios años antes, en 2008, con la finalidad de ofrecer una atención basada en la evidencia científica y siguiendo las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Ministerio de Salud, en conjunto con el Programa Chile Crece Contigo, elaboró el “Manual de atención personalizada en el proceso reproductivo”. Además de recuperar los aspectos psicológicos y sociales de la gestación y el nacimiento, siguiendo la lógica de una atención integral con enfoque familiar, se buscaba ofrecer una atención personalizada y respetuosa de los derechos, valores, creencias y actitudes de la mujer y, cuando ella lo decida, de su pareja y familia.

Sin embargo, la implementación de este protocolo todavía es deficiente en la actualidad y muchas prácticas de rutina durante el parto en nuestro país no tienen respaldo científico. Así lo demostró un estudio (Binfa y otros, 2016), elaborado por la Escuela de Obstetricia de la Universidad de Chile, el que evidencia cómo en muchos partos siguen utilizando la posición de litotomía, hidratación intravenosa en lugar de oral, ruptura artificial de las membranas, anestesia epidural y episiotomías, por nombrar algunas prácticas.

Si a lo anterior le sumamos que muchos profesionales de la salud (¡algunos liderando gremios!) tampoco reconocen la violencia obstétrica y la vinculan con un problema de calidad en la atención, específicamente en situaciones de trato irrespetuoso o abusivo (Castro & Erviti, 2015; Sadler, 2003); es decir, justificamos malos tratos porque mis condiciones de trabajo son las inadecuadas, el panorama que tenemos es sumamente desalentador.

Afortunadamente, muchos otros profesionales y organizaciones chilenas trabajan a diario para erradicar esta grave práctica, desde diferentes servicios y movimientos. Por ejemplo, la Coordinadora por los Derechos del Nacimiento Chile, el programa Nacional de Protección a la Infancia Chile Crece Contigo,  Parir-NOS Chile, el Hospital La Florida, el hospital de Villarrica, el matrón Gonzalo Leiva, la antropóloga Michelle Sadler; la matrona Pascale Pagola; el Observatorio Violencia Obstétrica Chile (OVO Chile), por nombrar algunos de los innumerables actores  que impulsan a diario formas diferentes de atención en nuestro país.

¿Por qué pese a toda la evidencia todavía no tenemos una ley contra la VO en Chile?

El 28 de enero de 2015, las diputadas Loreto Carvajal y Marcela Hernando presentaron un proyecto de ley que buscaba penalizar (y en su momento, visibilizar) la violencia gineco-obstétrica. En marzo de ese mismo año pasó a la Comisión de Salud y ahí sigue, sin avanzar.

Durante el 2016, la Coordinadora por los Derechos del Nacimiento Chile estuvo trabajando junto a los asesores legislativos de los senadores Carolina Goic y Ricardo Lagos Weber en la elaboración de un proyecto de ley sobre VO, que debía presentarse el 08 de marzo de este año. Sin embargo, tras un año de trabajo, curiosamente no se presentó.

La Coordinadora por los Derechos del Nacimiento Chile, organización sin fines de lucro que reúne a nueve organizaciones de la sociedad civil (Parirnos, Útera, Cria Iguales, OVO Chile, Tribu de parto, Maternas, Escuela de Obstetricia Usach, Relacahupan y Coordinadora de Doulas Chile) no desistió en su activismo y actualmente trabaja en otro proyecto de ley para establecer los derechos del nacimiento y regular la violencia gineco-obstétrica en Chile.

Este proyecto, que simbólicamente tomó el nombre de Ley Trinidad y que ha reunido más de 21.600 firmas en Change.org, debería presentarse próximamente, según me explicó Naihomi Galvez, vocera de la coordinadora y fundadora de Cría iguales, a quien agradezco su disposición y colaboración durante la redacción de este artículo.

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