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¿Qué podemos hacer los padres frente a la rabia de nuestros hijos?

La solución frente a la rabia no es no sentirla o reprimirla, sino regularla.

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Tal como señala Neva Milicic en su libro “Hijos con autoestima positiva”, la rabia tiene mala reputación. Desde pequeños se nos enseña que sentir rabia es malo y que hay que “controlarla”, evitarla o incluso, no sentirla.

Sin embargo, existe evidencia sobre que la frustración genera agresión y que toda agresión proviene de una frustración.

En el libro Emocionario para niños, la frustración es definida como “el malestar y el enfado que se produce cuando no consigues lo que te proponías o esperabas”. Por lo mismo, el hecho de sentir rabia permite evitar ser explotado y defender nuestros derechos, es una emoción de autoafirmación.

Entonces, ¿qué podemos hacer los padres frente a la rabia de nuestros hijos?

La tarea de los padres no es evitar que sus hijos sientan rabia o evitar que la expresen, la tarea es enseñarles a regularla. Un niño que es capaz de autoregularse puede conectarse con su rabia, al mismo tiempo que es capaz de expresarla saludablemente. Ante una misma situación hay quienes se frustran y se paralizan y quienes se conectan con la frustración de una manera tolerable que los moviliza a buscar soluciones.

Más que lo que los padres les digan a sus hijos, es lo que los padres hacen lo que servirá de ejemplo para ellos y se tenderá a copiar. Por lo mismo, es muy importante que los padres sean conscientes de la manera en que manejan su rabia y si ésta no es la adecuada, intenten buscar formas más adaptativas para hacerlo.

Como se dijo en un primer momento, la solución frente a la rabia no es no sentirla o reprimirla, ya que las emociones no expresadas bloquean el desarrollo sano del niño. La clave es que los padres sean capaces de reaccionar de una manera empática frente a la frustración de sus niños y los acompañen en el aprendizaje de poder regularla.

Una manera para que la rabia se transforme en una emoción consciente que el niño sea capaz de manejar, es saber qué cosas le producen rabia y cómo tiende a reaccionar habitualmente frente a esto. Aquí, el acompañamiento de los padres es fundamental, ya que como adultos, pueden ir pensando con sus hijos en maneras alternativas y más saludables de expresar el malestar que les genera conectarse con la rabia. De esta forma, los niños se van sintiendo más eficaces en la medida que van logrando implementar ciertos cambios, que evidentemente, deben ser reforzados por los padres.

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