¿Cómo se transformó Cleopatra en un mito sexual? Esta es su historia, plagada de seducciones

La propaganda romana la describió como una mujer promiscua que ganó su poder con favores sexuales.

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Cleopatra, la última gobernante de la dinastía ptolemaica del Antiguo Egipto, es considerada una de las mujeres más famosas y carismáticas del mundo antiguo. Descendiente de Ptolomeo I Sóter, general greco-macedonio del conquistador Alejandro Magno y fundador de la dinastía, a esta reina se le atribuyó una gran belleza y habilidad en la seducción y las artes amatorias, eficaces armas que le permitieron gobernar durante más de dos décadas a un pueblo descontento y temeroso del poderío de Roma.

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La última reina del Imperio Antiguo de Egipto había recibido el trono de ese país por mandato de sus padres, Cleopatra V y Ptolomeo XII, quienes en su niñez la instruyeron en literatura, música, política, matemáticas, astronomía y medicina, recibiendo una educación estrictamente griega, lo que le permitió hablar más de cinco idiomas, incluyendo el arameo y el latín.

El padre de Cleopatra, en todo caso, la había nombrado coheredera del trono de Egipto junto a su hermano menor Ptolomeo XIII, por lo que ambos se convirtieron en reyes a su muerte en el año 51 A.C; ella tenía 18 años y su hermano sólo 12, pese a lo cual se casaron, siguiendo la tradición de la dinastía de los lágidas. Al poco tiempo, debido a su mayor edad y experiencia, la joven tomó las riendas del Estado egipcio y relegó poco a poco a su hermano Ptolomeo a un papel secundario, aunque éste de inmediato comenzó a conspirar en su contra.

Busto de Cleopatra.

Busto de Cleopatra.

Tratando de ganar el favor del carismático general romano Julio César –Egipto por entonces era un estado cliente de la República romana, que se hallaba en plena guerra civil–, el faraón adolescente hizo matar y decapitar a su mayor enemigo en Roma, Pompeyo. Pero la reacción de César no fue la esperada: no sólo repudió este cobarde asesinato sino que también cayó rendido ante los encantos de Cleopatra, con quien inició una tórrida relación de la que nacería un hijo, Cesarión. Así, la egipcia se afianzó en el trono y su hermano pasó a ser rehén de la pareja en Alejandría, falleciendo posteriormente por ahogamiento en el río Nilo, el 13 de enero de 47 a.C.

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Los escritos de la época no describen detalladamente el aspecto físico de Cleopatra, aunque sí se sabe que, si bien no era excepcionalmente hermosa, sus artes de seducción eran muchas y complejas. Por ello, disputando con su hermano menor Ptolomeo XIII el trono de Egipto, ella no dudó en seducir a las más altas personalidades de Roma para que la ayudaran a afianzarse en el trono, como ocurrió con el general romano Julio César.

Cleopatra y Julio César.

Cleopatra y Julio César.

El historiador romano Dion Casio cuenta que Cleopatra, tras visitar a Julio César en Alejadría, se vistió de la forma más hermosa posible, aunque finalmente lo terminó cautivando con su gran ingenio. El historiador Plutarco cuenta que la mujer egipcia fue envuelta en secreto en un colchón para entrar oculta en el palacio y encontrarse así con César, quien sería el padre de su primer hijo, Ptolomeo XV o Cesarión.

Las crónicas de la época cuentan que después de intimar por primera vez, Cleopatra y Julio César realizaron un crucero de tres semanas por las aguas del río Nilo a bordo de un gran palacio flotante que medía 91 metros de longitud y 24 metros de altura y que estaba equipado con comedores, camarotes de lujo, santuarios sagrados y paseos a lo largo de sus dos cubiertas. El motivo de ese viaje fue supuestamente para que ambos visitaran los monumentos egipcios, viaje donde -según los relatos antiguos- no faltaron los excesos.

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El mismo Plutarco, en su obra “Vidas paralelas”, detalla que los encantos de Cleopatra radicaban más en su compleja personalidad que en su aspecto físico: “Se pretende que su belleza, considerada en sí misma, no era tan incomparable como para causar asombro y admiración, pero su trato era tal, que resultaba imposible resistirse. Los encantos de su figura, secundados por las gentilezas de su conversación y por todas las gracias que se desprenden de una feliz personalidad, dejaban en la mente un aguijón que penetraba hasta lo más vivo. Poseía una voluptuosidad infinita al hablar, y tanta dulzura y armonía en el son de su voz que su lengua era como un instrumento de varias cuerdas que manejaba fácilmente y del que extraía, como bien le convenía, los más delicados matices del lenguaje… Platón reconoce cuatro tipos de halagos, pero ella tenía mil”.

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Después que Julio César fuera asesinado en los idus (15) de marzo el año 44 a. C., Cleopatra permaneció en Roma hasta mediados de abril (vivía en una villa de César hace dos años), con la vana esperanza de que Cesarión fuera reconocido como su heredero, pero César en su testamento había nombrado a su sobrino nieto Octavio, el futuro emperador Augusto, como principal heredero. Así, Octavio llegó a Italia en la misma época en que ella decidió partir hacia Egipto.

Después de la muerte de César en Roma y durante la tercera guerra civil de la República romana (43-42 a. C.), Cleopatra, con gran olfato político, se alió con el Segundo Triunvirato formado por Octavio, Marco Antonio y Lépido, escogiendo cuidadosamente a Antonio como su futuro compañero sentimental y sexual para dar a luz más herederos, ya que éste estaba considerado como la figura romana más poderosa tras del fallecimiento de César. Con sus poderes como triunviro, Antonio también disponía de amplia autoridad para restaurarle antiguas tierras ptolemaicas, que ahora estaban en manos romanas.

Cleopatra y Marco Antonio, representados en la película "Cleopatra" (1999).

Cleopatra y Marco Antonio, representados en la película “Cleopatra” (1999), con la chilena Leonor Varela.

Tras su encuentro en Tarso en 41 a. C., la gobernante egipcia iniciaría una relación amorosa con Marco Antonio de la que nacerían tres hijos: los gemelos Alejandro Helios y Cleopatra Selene II, y Ptolomeo Filadelfo.

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A finales del año 34 a. C., Marco Antonio y Octavio, el heredero de Julio César, se enfrentaron en una encarnizada guerra de propaganda que duraría años y que se cebaría sobre todo en la controvertida figura de Cleopatra, dando forma a la popular imagen  que conocemos hoy. Los partidarios de Octavio, por ejemplo, afirmaban que la reina egipcia era una mujer promiscua, que le había lavado el cerebro a Marco Antonio con brujería y hechicería y que era tan destructiva para la civilización como la Helena de Troya de Homero. Las “Sátiras” del escritor clásico Horacio también incluyeron un relato que ilustraba cómo habría disuelto una vez una perla que valía 2,5 millones de dracmas en vinagre sólo para ganar una apuesta en una cena.

La actriz Elizabeth Taylor encarnando a Cleopatra en la película de 1963 del mismo nombre.

La actriz Elizabeth Taylor encarnando a Cleopatra en la película de 1963 del mismo nombre.

La leyenda de la fogosidad sexual de Cleopatra también la sindica como la dueña del primer vibrador sexual de la historia. Philippe Brenot, psiquiatra, antropólogo y director de enseñanzas de sexología de la Universidad de Descartes, en París, en su libro “Sex Story”, asegura que el vibrador de la reina de Egipto consistía en un rollo de papiro –otros hablan de una calabaza seca y hueca- que en su interior guardaba abejas vivas, las cuales revoloteaban y chocaban con las paredes del papiro provocando una vibración muy similar a la de los juguetes sexuales de la actualidad.

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Después de ser derrotado por las fuerzas de Octavio el 1 de agosto del año 30 a. C. Marco Antonio se quitó la vida apuñalándose en el estómago, a los 53 años de edad. Según Plutarco, estaba todavía moribundo cuando fue trasladado para ver por última vez a Cleopatra antes de ser depositado en su tumba. La misma reina, tras aceptar su derrota y reunirse con su enemigo, el gran triunfador de la guerra civil romana, le dijo sin rodeos “no seré exhibida en un triunfo”, refiriéndose a los supuestos planes del vencedor de pasearla públicamente por las calles de Roma en una marcha triunfal, tal como le había pasado a su hermana, Arsínoe IV, años atrás.

De ese modo, para evitar esa postrera humillación, Cleopatra también decidió quitarse la vida. La creencia popular cuenta que la última reina egipcia permitió que un áspid o cobra egipcia la mordiera y envenenara, aunque historiadores como Plutarco y Dion cuentan que usó un instrumento como una espina, aguja o púa, para inyectarse una toxina venenosa en su cuerpo. Después de su muerte, a los 39 años de edad, Egipto se convirtió en provincia del Imperio romano, lo que marcó el final del período helenístico que se había iniciado con el reinado de Alejandro Magno (336-323 a. C.).

Aunque la opinión generalizada de Cleopatra que prevalece hoy afirma que la última reina de Egipto fue una hábil seductora, ésta sólo tuvo dos parejas sexuales conocidas, Julio César y Marco Antonio, los dos romanos más prominentes de la época, quienes tenían más probabilidades de asegurar la continuidad de su dinastía.

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La historiadora Mary Beard, a este respecto, afirma que el carácter manipulador, sexual y promiscuo de la última monarca ptolemaica pudo ser una hábil invención de la propaganda romana, una idea de “Augusto después de la guerra con Marco Antonio para desacreditarlos a ambos”.

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