El castillo del conde Drácula: ¿Cómo luce hoy la verdadera residencia del mítico vampiro?

El lugar donde vivió el príncipe rumano Vlad Tepes se ve muy distinto a la imagen entregada por las películas.

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El cine y la literatura tienen la extraña facultad de convertir en verdades incuestionables las falsedades más delirantes, transformando lugares y paisajes apócrifos en sitios totalmente reales. Así ocurrió, al menos, con el famoso castillo de Bran, en Rumania, supuesto lugar de residencia del mítico príncipe rumano Vlad III Drǎculea o Vlad Tepes, también conocido como Vlad “El Empalador” –debido a su costumbre de empalar prisioneros turcos otomanos- y cuyo famoso apodo, “Dracul” o “Hijo del Dragón”, inspiraría al escritor irlandés Bram Stoker a crear al vampiro más famoso de todos los tiempos: el conde Drácula.

Vlad III,  príncipe de Valaquia, también conocido como "El Empalador".

Vlad III, príncipe de Valaquia, también conocido como “El Empalador”.

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La caracterización de Drácula, en versión de Coppola.

Después del éxito mundial de “Drácula”, la novela de terror de Bram Stoker, las adaptaciones cinematográficas posteriores que se hicieron del libro siempre mostraron al Conde Drácula viviendo en un antiguo, imponente y tétrico castillo, ubicado en Transilvania, en un lugar innominado de los Montes Cárpatos, rodeado de oscuros e impenetrables bosques donde los pájaros no cantaban y donde el solitario y cruel conde solía reptar por las murallas o escuchar extasiado los aullidos de lobos y el resto de la hermosa y tétrica música que hacían los hijos de la noche.

El castillo de Drácula representado en la mítica película de la productora Hammer: "Horror de Drácula" (1958).

El castillo de Drácula representado en la mítica película de la productora Hammer: “Horror de Drácula” (1958).

El castillo de Drácula representado en la película de Francis Ford Coppola "Drácula" (1992).

El castillo de Drácula representado en la película de Francis Ford Coppola “Drácula” (1992).

El castillo rumano de Bran, una fortaleza medieval que data de 1377, de gran poder evocador, de aspecto macizo y fortificado y jalonado con grandes torres coronadas por cubiertas de pizarra roja, está ubicado cerca del pueblo del mismo nombre, en plenos Montes Cárpatos y a escasos 30 kilómetros de Brașov, en los límites fronterizos de las regiones de Transilvania con Valaquia. Y goza hoy de un inmenso atractivo turístico debido a su antigüedad, a su valor arquitectónico y a la creencia popular de que fue la antigua residencia de Vlad Țepeș “El Empalador”. Como consecuencia de su supuesto vínculo con el personaje ficticio del conde Drácula, a los pies de este castillo se encuentran concurridos restaurantes y un mercadillo donde se alterna la artesanía transilvana con una variada parafernalia vampírica.

El castillo de Bran, también conocido como el castillo del conde Drácula.

El castillo de Bran, también conocido como el castillo del conde Drácula.

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El interior del castillo de Bran, que recibe anualmente la visita de miles de turistas, está finamente alhajado con muebles de los siglos XIX y XX. Y, de acuerdo a las crónicas históricas, sus últimos huéspedes de importancia fueron la reina María de Rumanía y la princesa Ileana, quien abandonó el castillo tras la ocupación soviética durante la Segunda Guerra Mundial. En el año 1990 la princesa volvió a vivir en el castillo, pero como monja, muriendo un año después.

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Hoy en día, el castillo de Bran es propiedad del archiduque Domingo de Austria-Toscana, sobrino del último rey rumano que vive en Nueva York y que intentó venderlo, sin éxito, al conocido magnate ruso Román Abramovich, pues el aristócrata se negó a que la fortaleza se convirtiera en el eje de una especie de parque temático sobre el conde Drácula. En una publicación de la revista Forbes de Estados Unidos, el castillo fue valorado en 140 millones de dólares, cantidad justificada por los expertos debido a los ingresos que podría proporcionar este edificio histórico como destino turístico.

Patio interior del castillo de Bran (Transilvania).

Patio interior del castillo de Bran (Transilvania).

Cruz de piedra del castillo de Bran.

Cruz de piedra del castillo de Bran.

Sin embargo, si bien la gran mayoría de la gente da por hecho que el castillo rumano de Bran fue el lugar de residencia de Vlad III “El Empalador”, pocos saben que el verdadero hogar del mítico príncipe de Valaquia fue el fuerte o castillo de Poenari, ubicado a 126 kilómetros de allí, siguiendo la carretera Transfăgărăşan -una de las más famosas del mundo debido a sus curvas-, aunque hoy este castillo sólo es un montón de ruinas.

El fuerte de Poenari.

El fuerte de Poenari.

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Para entender este histórico error hay que remitirse a los tiempos en que Rumania era gobernada por Nicolae Ceaucescu, el antiguo presidente/dictador de ese país. A sabiendas que el mito rumano de Drácula ya era mundialmente conocido y que el verdadero castillo real de Vlad Tepes estaba en ruinas y se encontraba lejos de las principales atracciones turísticas, el gobierno rumano de la época decidió buscar otro “hogar” para el vampiro en regiones como Brasov, capital turística del esquí en Rumania y donde se encuentran varios castillos y fortalezas. Así, localizaron el castillo de Bran, vestigio de una antigua fortaleza defensiva levantada por órdenes de Luis I de Hungría. Todos, por supuesto, estaban al tanto que no existían evidencias de que Vlad III Tepes hubiera vivido allí en persona, pues, según la mayoría de las versiones, el temible “Empalador” pasó sólo dos días en ese castillo, encerrado en una mazmorra, en su camino a la prisión de Budapest, cuando la región estaba ocupada por las fuerzas del Imperio otomano.

Castillo de Poenari.

Castillo de Poenari.

En cuanto al castillo de Poenari, el verdadero hogar de Vlad III Drǎculea, si bien actualmente sólo es un montón de ruinas, las agencias de turismo recomiendan de todos modos su visita, sobre todo por el recorrido que hay que hacer para llegar a él, pues hay que realizar un trekking o excursionismo de más de 30 minutos, traspasando un tupido bosque donde aparecen de vez en cuando ciervos y salamandras. En las escaleras de madera que conducen a la entrada del castillo en ruinas, en tanto, hay dispuestos un cepo y una horca, además de las tétricas réplicas de dos figuras humanas empaladas, para prevenir al visitante que se encuentra en los antiguos dominios de “El Empalador”.

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