Josef Mengele: El más cruel y despiadado criminal de guerra Nazi que logró eludir a la justicia

Este médico nazi acabó con la vida de miles de personas en el campo de concentración de Auschwitz, y realizó durante años despiadados experimentos en seres humanos con el propósito de erradicar a los “seres inferiores” y buscar la perpetuación y proliferación de la raza aria.

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Josef Mengele, uno de los mayores criminales de guerra del Tercer Reich, nació el 16 de marzo de 1911 en la ciudad de Gunzburgo, Baviera, en el seno de una acomodada familia católica. Amante de la música y el arte, estudió medicina y filosofía en la Universidad de Munich, ciudad que por entonces se había transformado en el bastión del naciente partido nazi, la organización política nacionalista de extrema derecha liderada por Adolf Hitler, que propiciaba el pangermanismo político y territorial, además de un declarado antisemitismo, higiene racial y eugenesia.

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En 1935 Mengele obtuvo un doctorado en antropología de la Universidad de Múnich y egresó del Instituto de Biología Hereditaria e Higiene Racial de Frankfort como asistente del Dr. Otmar Freiherr von Verschuer, un científico que investigaba sobre genética con un interés particular en los hermanos gemelos.

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Josef Mengele se afilió al partido nazi en 1937 y a las SS en 1938. Después del estallido de la Segunda Guerra Mundial, se presentó como voluntario para el servicio médico de las Waffen SS, el brazo armado de las SS, donde sirvió con el rango de untersturmfûhrer o subteniente en un batallón de la reserva médica hasta noviembre de 1940. Después fue asignado a la Oficina de la Raza y el Reasentamiento de las SS en Posnania, donde evaluaba a los candidatos a la germanización. Mengele, de hecho, se ufanaba de saber el origen racial de cualquier individuo con sólo mirar las facciones de su cara.

Auschwitz

A comienzos de 1943, año en que consiguió su ascenso a haupsturmfûhrer o capitán de las SS, y alentado por su antiguo pofesor Von Verschuer, quien entonces trabajaba en el Instituto Kaiser Wilhem para Antropología, Genética Humana y Eugenesia, Mengele solicitó el traslado al servicio de campos de concentración, donde esperaba tener la oportunidad de realizar investigaciones genéticas con humanos. Su solicitud fue aceptada y fue destinado al campo de concentración de Auschwitz, en Polonia, donde fue nombrado director médico. Por aquel entonces, este campamento de trabajo y de exterminio albergaba a más de 140.000 prisioneros y podía acabar con casi 9.000 vidas humanas al día haciendo uso de sus cámaras de gas (al cabo morirían allí cerca de 2 millones de personas, judíos principalmente).

Dr. Josef Mengele ...... Nazi Doctor in 1942

A poco de llegar al campo, Mengele consiguió hacerse famoso entre reclusos y soldados alemanes al solucionar de forma radical un problema que llevaba meses asolando Auschwitz: el tifus. Para detener la epidemia, Mengele no dudó en enviar a las cámaras de gas a 1.600 gitanos y judíos (tanto hombres como mujeres y niños) que tuvieran cualquier síntoma de esta enfermedad, algo que, según narraron posteriormente algunos supervivientes, hizo con total frialdad.

Mengele admiraba las ideas del doctor Ernest Rudin, científico que sentó las bases de la ley de esterilización obligatoria promovida por el nazismo, normativa que establecía que todos aquellos que tuvieran esquizofrenia, imbecilidad o deformidades físicas, debían ser asesinados para preservar la purez de la raza aria. Mengele, quien solía trabajar con total relajo, a menudo sonriendo o silbando una melodía, formaba parte del grupo de médicos responsable de administrar el temido Zyklon B, el pesticida a base de cianuro que se usaba para matar a los judíos en las cámaras de gas en el campo B, de Auschwitz- Birkenau, donde se encontraban las cámaras de gas y los hornos crematorios. Mengele, de hecho, era uno de los responsables de decidir quién servía para trabajar y quien era destinado a la muerte. Su “labor”, en este sentido, fue tan eficiente, que en 1944 recibió la Cruz al Mérito Militar —de Segunda Clase con Espadas— y fue ascendido a primer médico del campo de Birkenau.

Los crueles experimentos con gemelos

Mengele aprovechó su estancia en Auschwitz como una oportunidad para continuar con sus estudios antropológicos y sus investigaciones sobre herencia genética, usando prisioneros del campo de concentración como conejillos de indias. Mengele estaba especialmente interesado en los gemelos idénticos, gente con heterocromìa u ojos de distinto color y sujetos con anomalías físicas y deformaciones genéticas.

Niños campos de concentración

Niños de Auschwitz

Con respecto al estudio de los gemelos, los estudios de Mengele estaban motivados por un deseo de mejorar la tasa de reproducción de la raza alemana a través del aumento de la fertilidad y de las oportunidades de engendrar gemelos de sujetos racialmente deseables. El interés por este tipo de sujetos se lo había suscitado uno de sus mentores, Eugen Fischer, para quien la experimentación con gemelos era el instrumento de investigación más importante en relación a la llamada “higiene racial”.

En definitiva, los médicos nazis pretendían “clonar” una nueva raza muchas décadas antes de que se descubriera la secuencia completa del ADN humano. Creían que en los gemelos estaba la clave para la reproducción selectiva de la raza aria. De ese modo, las madres alemanas podrían dar a luz a multitud de hijos arios que reemplazaran a las razas inferiores.

Mengele creó en Auschwitz una guardería con zona de juegos para los niños con los que realizaba las pruebas y para todos los menores de seis años de etnia gitana, donde vivían en mejores condiciones que el resto de presos del campo de concentración. Cuando visitaba a los niños él mismo se presentaba como el «tío Mengele» y les ofrecía caramelos. Un prisionero en Auschwitz relató que Mengele solía ser muy amable con los niños para que le tomaran cariño, les daba azúcar y simulaba preocuparse por los detalles más cotidianos de sus vidas, ocultando que era un hombre extremadamente sádico, sin empatía ninguna y particularmente antisemita, pues estaba convencido de que los judíos eran una raza inferior y peligrosa que debía ser aniquilada por completo.

Niños experimentos

Los espantosos experimentos practicados por Mengele incluyeron amputaciones innecesarias de labios, inoculaciones intencionadas con tifus y fiebre tifoidea otras enfermedades a uno de los gemelos y transfusiones de sangre de un hermano a otro, para comprobar sus similitudes anatómicas y sus reacciones a determinados experimentos. Muchas de las víctimas, por supuesto, murieron en el transcurso de estos crueles procedimientos, y sus cuerpos, diseccionados.

Mengele, intentando fabricar “ojos azules”, solía inyectar compuestos químicos en los ojos de sus víctimas, causándoles infecciones o ceguera. Un testigo relató, de hecho, que este doctor nazi mató personalmente a catorce gemelos inyectándoles cloroformo directamente en el corazón con el objeto de ver si el color de sus ojos cambiaba.

La huida a Sudamérica

Mengele y otros médicos de Auschwitz fueron transferidos en enero de 1945 al campo de concentración de Gross-Rosen, en la Baja Silesia. Desde ese lugar Mengele huyó al oeste el 18 de febrero, una semana antes de la llegada del ejército soviético, disfrazado de oficial de la Wehrmacht. En su huida terminó siendo capturado por el ejército estadounidense, quien lo liberó en julio pues su nombre no aparecía en la lista de los principales criminales de guerra.

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Luego de obtener documentación falsa bajo un nombre falso, y temiendo ser capturado, juzgado y condenado a muerte, huyó de Alemania el 17 de abril de 1949. Ayudado por una red de antiguos miembros de las SS, Mengel logró llegar a Génova, desde donde se embarcó a Buenos Aires, Argentina, usando un pasaporte falso del comité Internacional de la Cruz Roja. Allí Mengele trabajó como carpintero y como agente comercial de una empresa de material agrícola. En 1956, Mengele obtuvo una copia de su partida de nacimiento a través de la embajada de Alemania Occidental y se le concedió un permiso de residencia en Argentina con su nombre real. Con este documento consiguió un pasaporte de Alemania Occidental, también con su nombre auténtico, y emprendió un viaje de “vacaciones” a Europa, regresando posteriormente a Sudamérica.

El nombre de Josef Mengele se mencionó varias veces durante los juicios de Nuremberg, pero las naciones aliadas estaban convencidas de que había muerto. Pero en Alemania, los cazanazis Simon Wiesenthal y Hermann Langbein, revisando archivos públicos, se toparon con un acta de divorcio de Mengele y una dirección suya en Buenos Aires, por lo que se contactaron en 1959 con las autoridades de la Alemania Occidental para que emitieran una orden de detención y se iniciara el trámite de extradición. En principio Argentina rechazó la solicitud porque el fugitivo ya no vivía en la dirección que indicaban los documentos, y para cuando se aprobó la extradición el 30 de junio de 1960, Mengele ya había huido a Paraguay, donde estaba viviendo en una granja cerca de la frontera argentina.

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Josef-Mengele-últimos años

Cuando Alemania Occidental ofreció una recompensa por su captura y la prensa se hizo eco de todas sus crueles actividades durante la guerra —acompañadas de fotos suyas—, Mengele decidió cambiar de residencia una vez más. Perseguido por el Mosad, el servicio secreto israelí, Mengele fue ayudado por simpatizantes nazis para cruzar a Brasil, país donde viviría hasta su muerte. Mengele falleció el 7 de febrero de 1979 tras sufrir un infarto cerebral mientras nadaba en el mar. Fue enterrado en el municipio brasileño de Embu das artes con el nombre de «Wolfgang Gerhard», la falsa identidad que estaba usando desde 1975. Había muerto tras permanecer 35 años en libertad, sin pagar por sus crímenes y sin experimentar ningún complejo de culpa por haber matado a miles de personas indefensas. Su hijo Rolf, que no había visto a su padre desde las vacaciones en Europa en 1956, relató que viajó a Brasil a visitarlo en 1977 y se encontró con un nazi impenitente que afirmaba que nunca había hecho daño a nadie y que solo había cumplido con su deber. Los restos de Josef Mengele, si bien fue enterrado con un nombre falso, fueron exhumados en 1985 y se pudo corroborar su identidad.

Josef Mengele, el ángel de la muerte

El escritor y periodista español Óscar Herradón, autor del libro “La orden negra: El ejército pagano del III Reich”, en una entrevista concedida al diario ABC definió a Joseph Mengele como “la encarnación del mal absoluto”. “Mengele era un sádico que disfrutaba causando dolor a los otros; un personaje absolutamente frío, sin empatía, calculador, representante impecable de la organización criminal a la que pertenecía, las SS de Heinrich Himmler. Entregado a su sanguinario trabajo con una devoción rayana en la locura”.

Mengele angel de la muerte

Herradón agrega que “su fascinación por los gemelos tuvo su origen en la colaboración que llevó a cabo junto al doctor Otmar von Verschuer, que en el Instituto de Biología Hereditaria de Frankfort se decantó por una «especialidad» que ya había cautivado a Eugene Fischer. Todos ellos pensaban que en los gemelos se hallaba la clave para una más rápida reproducción de la raza aria y, para conseguirlo, Mengele no dudó en utilizar a cientos de niños, incluso bebés, como cobayas, a los que sometían a radiación, provocaban heridas deliberadamente para comprobar el aguante del dolor o inoculaban enfermedades como la malaria o el tifus e inyecciones de cloroformo directamente en el corazón. Mengele cometió verdaderas aberraciones, como extirpar los ojos a sus víctimas o inyectarles colorantes y sustancias químicas para cambiarles el color, pero el experimento que más me conmocionó a la hora de investigar al personaje fue uno que conocemos gracias al relato que dejó un médico judío que estuvo a su servicio para poder salvar la vida de su familia, Miklós Nyiszli. En una ocasión, Mengele pretendió crear “siameses”; para ello escogió a dos niños gemelos de cuatro años –uno de ellos jorobado-, que respondían al nombre de Guido y Nino. Cuando fueron devueltos a los barracones dos días después, estaban cosidos por la espalda hasta las muñecas, unidos incluso por algunas venas. La gangrena se había apoderado de sus cuerpos y el olor, en medio del llanto ahogado de los pequeños, era insoportable. ¿Qué clase de persona puede hacer eso? El apodo con el que se le conocía en Auschwitz no puede ser más acertado: el “Ángel de la Muerte” “.

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