La historia de Walther Rauff, el famoso criminal nazi que vivió y murió en Chile

Se le sindica como espía y uno de los creadores de las cámaras móviles de gas.

Guía de: Mitos y Enigmas

Hermann Julius Walther Rauff Bauermeister, quien sería conocido por la historia simplemente como Walther Rauff, nació en la localidad alemana de Köthen, en Sajonia, el 19 de junio de 1906, como hijo único de un empleado bancario y de una dueña de casa. Pasó su infancia y juventud en Nagdeburg y en 1924 se alistó en en la Reichsmarine (la antigua Marina de Guerra de Alemania), de la que egresó como alférez en 1928, alcanzando el grado de capitán en 1935. Durante su carrera naval recorrió parte de Europa, los países escandinavos y Latinoamérica, incluyendo un paso por Chile a bordo del navío “Berlín” en sus tiempos de cadete.

La famosa foto de Walther Rauff, ya convertido en un alto funcionario nazi, rindiéndose ante  el ejército americano el 30 de abril de 1945.

La famosa foto de Walther Rauff, ya convertido en un alto funcionario nazi, rindiéndose ante el ejército americano el 30 de abril de 1945.

La escritora María Soledad de la Cerda Etchevers, autora del libro “Chile y los hombres del Tercer Reich”, cuenta que después de renunciar a la Marina, ayudado y aconsejado por su amigo Reinhard Heydrich (el temible jefe de la Oficina Central de Seguridad del Reich o RSHA, el sistema de inteligencia de las SS o Schutzstaffel, la fuerza paramilitar de élite del partido nazi), Walther Rauff ingresó a la policía de seguridad el 1 de septiembre de 1938.

En las SS Walther Rauff llegaría a ser jefe de la sección II (dedicada a asuntos técnicos), donde habría buscado formas más eficientes de eliminación de personas. Entre 1939 y 1941 habría sido uno de los funcionarios encargados de eliminar a unos 200 mil enfermos mentales (la mayoría, alemanes) en cámaras donde eran gaseados con monóxido de carbono. Rauff, por entonces, propuso después crear cámaras móviles de gas, con las que se calcula que 97.000 prisioneros judíos fueron asesinados. Simon Wiesenthal, famoso cazador de nazis y director del centro de documentación judío de Viena, le atribuye de hecho a Rauff el invento de la cámara de gas ambulante, unos camiones preparados para que todos los gases de escape fueran vertidos en el interior del remolque.

Walter Rauff

Walther Rauff trabajó en la Oficina Central de Seguridad del Reich (RSHA) hasta el inicio de la Segunda Guerra Mundial, cuando se reintegró a la marina el 1 de mayo de 1940 para desempeñarse como comandante de una flota de barre minas en el Canal de la Mancha.

A petición de Reinhard Heydrich, Rauff se retiró definitivamente de la armada en 1941 y se incorporó nuevamente a la policía de seguridad. Juntos viajaron a Praga, Checoslovaquia, donde Heydrich había sido nombrado Reichsprotektor, siendo Rauff su mano derecha. Sin embargo, Heydrich, quien se había ganado apodos como “El Verdugo” y “El Carnicero de Praga” debido a sus brutales métodos de represión, fallecería el 4 de junio de 1942 tras ser víctima de un atentado por parte de un comando, lo que obligó a Walther Rauff a regresar a Berlín.

 

En 1942 Walther Rauff fue asignado a Túnez, como jefe de un equipo de comandos, y luego se trasladó a Italia, donde permaneció hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, desempeñándose como coronel de las SS y jefe del Grupo de Italia Norte (GOW).

Durante ese período, de acuerdo a múltiples y recientes reportes desclasificados, Rauff, en calidad de doble agente, junto al general Karl Wolff, habría iniciado contactos clandestinos con la Santa Sede y la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) de Estados Unidos, colaborando con los aliados durante los años 1943 y 1944, una vez que llegó a la convicción que Alemania perdería la guerra. Estas secretas tratativas derivarían en la rendición del ejército alemán acantonado en Italia en abril de 1945.

Luego de que se conociera la muerte de Adolf Hitler en su búnker de Berlín, Walther Rauff estuvo a punto de ser linchado por una turba en Italia, pero fue oportunamente rescatado en la madrugada por las tropas estadounidenses, quedando bajo custodia de las “Fuerza S”, un equipo conjunto formado por la OSS y el Servicio Secreto Británico.

Rauff 3

Diversos archivos desclasificados dan cuenta de que, a juicio de sus propios ex camaradas nazis, Walther Rauff era considerado como un hombre frío y egoísta, movido únicamente por sus propios ideales e intereses, y capaz de hacer cualquier cosa para su beneficio personal.

Un informe emanado del ejército americano corroboró esta diagnóstico, señalando que Rauff era el típico oficial nazi de alta jerarquía que tenía conductas gansteriles, definiéndolo como “malicioso, cínico, déspota, astuto y desconfiado”, más que inteligente. También se añadió en el citado informe que Rauff se negaba a colaborar con los aliados y que él consideraba que sus actividades durante la guerra eran un hecho normal. Este informe concluía que, si no se le eliminaba, Walther Rauff debía permanecer preso de por vida por constituir un verdadero peligro.

Tras rendirse ante el ejército americano el 30 de abril de 1945, Walther Rauff quedó internado junto a otros oficiales nazis en el campo de detención de Rimini, en el norte de Italia, pero se fugó de allí el 29 de diciembre de 1946, presuntamente ayudado por un sacerdote de Nápoles, gracias al cual llegó a Roma. En la Ciudad Eterna el obispo pronazi Alois Hudal lo escondió durante 18 meses en conventos controlados por el Vaticano, según manifestó en vida el propio evadido, quien por entonces usaba como seudónimo el nombre de “Doctor Homsi”.

María Soledad de la Cerda Etchevers cuenta que Walther Rauff “en noviembre de 1948, junto a su mujer y sus hijos, quienes habían escapado de la zona rusa de Alemania ayudados por los americanos, viajó a Siria para desempeñarse como asesor de inteligencia de ese país. Sin embargo, en marzo de 1949, tras un golpe de estado, fue arrestado nuevamente y acusado de haber empleado dispositivos de tortura con los judíos de ese país. Otras versiones señalan que fue objeto de diversas acusaciones no detalladas, y que fue despedido por su ineficiencia. Tras ser liberado, viajó a Beirut donde según se ha dicho comenzó a trabajar para la inteligencia británica (MI6)”.

La escritora agrega que “viajando con un pasaporte internacional de la Cruz Roja, Rauff regresó a Italia, y usando nuevamente un nombre falso, se instaló en el Hotel Gallia de Milán, desde donde viajaba periódicamente a Roma y también -al menos una vez- a Alemania. En esa época, según algunos viejos informes, tuvo contacto con la inteligencia israelí, que presumiblemente lo empleó como agente en el mundo árabe (supuestamente para evacuar informes sobre las fuerzas armadas sirias y los esfuerzos de Damasco para construir una central nuclear.) Su conocido pasado antisemita fue lo que le permitió trabajar para ellos”.

En 1949 Walther Rauff cruzó en Atlántico y pasó a Sudamérica, donde vivió un tiempo en la Argentina, en 1955 tras la caída de Perón, y en Quito (Ecuador), donde trabajó primero como mecánico de automóviles y luego como vendedor de las firmas Parke Davis, Opel y Mercedes Benz, para finalmente radicarse en 1958 en nuestro país (“por razones familiares decidí mover mi residencia a Santiago en octubre de 1958”, relataría posteriormente Rauff), donde, además de sus trabajos oficiales, sería agente de los servicios secretos alemanes (BND) durante cinco años, siendo identificado como el agente “V-7318”.

Los dos hijos mayores de Walther Rauff se encontraban en Chile desde 1954, adonde el ex jerarca nazi los había enviado “para asegurarles una educación decente”, según sus mismas palabras. Alfred Rauff había ingresado en la Escuela de Oficiales de la Armada y Walter Rauff Jr. en la de Oficiales del Ejército (las solicitudes de ingreso a las Escuelas de ambos habían sido patrocinadas por el general Carlos Prats, futuro Comandante en Jefe del Ejército chileno).

Una vez que Walther Rauff se avecindó junto a su familia en nuestro país, comenzó a trabajar en la firma de Sara Brown en la austral ciudad de Punta Arenas. Al año siguiente ingresó a la empresa importadora Goldmann y Jahnssen (muy vinculada al nazismo) en esa misma ciudad. El 26 de noviembre de 1959 obtuvo la residencia permanente en nuestro país y al año siguiente sus dos hijos recibieron la ciudadanía chilena. En 1960 fue trasladado a Santiago, ciudad donde fallecería su mujer, que se encontraba muy enferma. En 1970 Rauff se instaló en Porvenir (Tierra del Fuego), donde fue administrador de estancias y trabajó las pesqueras Rosario y Pirata, de la que llegaría a ser gerente.

En 1962 Alemania Occidental solicitó la extradición de Walther Rauff -quien durante su vida en nuestro país jamás escondió su identidad- por crímenes de guerra. Sin embargo, la Corte Suprema negó su extradición en 1963 debido a que en la legislación chilena de la época no existía la jurisprudencia de la imprescriptibilidad de los delitos de lesa humanidad y los delitos prescribían a los 15 años.

walter-rauff

El cazador de nazis Simon Wiesenthal incluso se llegó a entrevistar con el Presidente Salvador Allende en 1971 para lograr la extradición de Rauff, pero el mandatario le señaló que legalmente aquello era imposible por cuanto los tribunales superiores ya habían rechazado esa vía. En febrero de 1983, el régimen militar del general Augusto Pinochet denegó otra demanda israelí aduciendo idénticas razones.

El periódico francés Le Monde publicó en 1974 un reportaje donde aseguraba que Walther Rauff estaba trabajando en los servicios secretos del régimen del general Augusto Pinochet, y que habría estado involucrado en torturas y asesinatos de opositores del régimen militar.

Un informe de la CIA también aventuraba que Rauff habría trabajado en el Ministerio del Interior de Chile, mientras que los colonos alemanes Franz Bäar y su esposa Ingrid Szurgelies aseguraban que Rauff era un asiduo visitante de Colonia Dignidad, el controvertido enclave alemán emplazado en una zona rural del centro de nuestro país, donde Rauff habría impartido algunos cursos de entrenamiento personal a funcionarios de la DINA, la policía secreta del régimen militar entre 1973 y 1977.

Walther Rauff jamás sería tocado por la justicia y fallecería el 14 de mayo de 1984 en su casa de la calle Los Pozos, en la comuna de Las Condes, en el barrio alto de Santiago, tras sufrir un ataque cardíaco (por entonces también había sido diagnosticado con un cáncer de pulmón). Al día siguiente se celebró un servicio litúrgico en la iglesia luterana y a su funeral en el Cementerio General de la capital chilena asistieron a rendirle honores, entre otros, Miguel Serrano, reconocido diplomático, filósofo y escritor neonazi, quien despidió sus restos extendiendo su brazo derecho con la frase “Heil Hitler”.

El funeral de Walther Rauff en 1984 en el Cementerio General de Santiago , cuyas controvertidas imágenes dieron la vuelta al mundo . El diplomático y escritor Miguel Serrano es el sujeto de cabeza cana y largo abrigo de cuero negro.

El funeral de Walther Rauff en 1984 en el Cementerio General de Santiago , cuyas controvertidas imágenes dieron la vuelta al mundo . El diplomático y escritor Miguel Serrano es el sujeto de cabeza cana y largo abrigo de cuero negro.

A la luz de los documentos desclasificados por la CIA y el BND (el Servicio de Inteligencia alemán), Walther Rauff habría sido uno de los nazis más importantes de todos cuantos llegaron al continente americano (tanto o incluso más que Klaus Barbie, Joseph Mengele o Adolf Eichmann), tanto por lo que hizo antes y durante la guerra como por sus vínculos transversales de postguerra con todo tipo de agencias de inteligencia, incluyendo a la BND, el MI6, el Mosad y la DINA chilena.

La última noticia relacionada con Walther Rauff, el criminal nazi responsable de la muerte de 97 mil judíos y quien vivió en Chile durante 26 años, fue un aviso publicado en agosto del 2017 en la sección de obituarios del diario El Mercurio, donde se informaba del fallecimiento de su hijo Walther Rauff Richter.

La escritora María Soledad de la Cerda Etchevers, a propósito del fallecimiento de Walther Rauff hijo, a la edad 77 años de edad, comentó que con ello “probablemente se fueron también a la tumba los recuerdos del último sobreviviente del clan familiar Rauff Richter, lo que hará prácticamente imposible atar los cabos sueltos y despejar las dudas que aún rondan en torno al verdadero rol que jugó su progenitor durante la Segunda Guerra Mundial”.

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