Las mujeres que amó Adolf Hitler: ¿Qué papel jugaron en su vida?

Su madre, su sobrina Geli Raubal y su amante Eva Braun habrían sido, según varios historiadores, las mujeres más importantes en la vida del controvertido Führer alemán.

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Algunos autores han afirmado que Adolf Hitler fue un seductor nato y siempre tuvo algunas amantes, aunque siempre consideró a la mujer como un ser inferior, algo que incluso aparece en su libro “Mi Lucha”, haciendo una analogía de la mujer y las masas, pues ambas, a su juicio, tenían el mismo elemento femenino, por lo que había que usar una estrategia parecida para conquistarlas.

De acuerdo a sus biógrafos más reconocidos, la primera mujer por la que el líder nazi experimentó verdadero amor (amor filial en este caso) fue su madre, Klara Pölzl Hitler, quien falleció en su casa de Linz el 21 de diciembre de 1907 por un tumor en el pecho que se le había diagnosticado tres años antes. Al momento de su muerte, sólo estaban a su lado sus hijos Adolf y Paula (quien fallecería en 1964), los únicos dos hijos vivos que alcanzarían la mayoría de edad de los seis hijos que tuvo el matrimonio de Alois Hitler y Klara Pölzl. Según Eduard Bloch, el médico que atendió a Klara, Adolf Hitler quedó devastado con su muerte y llevaría ese dolor por el resto de su vida. Hablando de Hitler, Bloch más tarde recordaría que tras la muerte de Klara Pölzl nunca había visto en “un hombre joven tanto dolor y sufrimiento”.

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Después de la muerte de su progenitora, existe muy poca información sobre la vida íntima de Hitler. Algunos investigadores sostienen que durante su juventud Hitler se convertiría en un apasionado de la pintura y supuestamente no se relacionó románticamente con ninguna mujer, hasta tal punto que al ingresar en el ejército, hecho que cambió radicalmente su vida, se enorgullecía de ser casto, alegando que su único amor era el pueblo alemán. Algunos testigos que lo conocieron en esta época, cuando Hitler era un idealista joven que vivía en la ciudad austríaca de Linz, coinciden en señalar que era torpe y tímido con las mujeres y a menudo se sentía bastante incómodo cuando estaba cerca de ellas. Ello ocurrió así hasta que conoció a Stephanie, la hija de un oficial de alto rango del gobierno austríaco a la cual no se atrevió a acercarse. Para Hitler, supuestamente, era su prototipo de mujer ideal: rubia, alta e inalcanzable.

Algunos autores que han intentado reconstruir estos años juveniles perdidos del líder nazi, afirman que Hitler solía observar a la joven en el parque o cuando ésta caminaba al lado de su madre por la calle. Y Hitler le escribía poesía e incluso una carta de amor que nunca firmó, manteniendo su admiración en secreto hasta mucho tiempo después, cuando la hija del funcionario recibió una misteriosa misiva. Esta misma mujer, muchos años después, afirmó en un documental que “Hitler me hizo llegar una carta en la que me decía que estaba a punto de partir a la Academia de Artes de Viena, pero que luego regresaría a Linz para casarse conmigo”. Hitler, por cierto, nunca logró ser admitido en esa prestigiosa institución y Stephanie terminó casándose con alguien más.

Después de vivir en carne propia el horror de la Primera Guerra Mundial (conflicto en el que obtuvo una Cruz de hierro por su valor en el campo de batalla) Hitler decidió dedicarse totalmente a la política, lo que lo llevó a recorrer distintos puntos de Bavaria, transformándose en un asiduo visitante de la idílica localidad bávara de Berchtesgaden, el mismo lugar donde construiría una lujosa villa de descanso muchos años después. Allí, durante un paseo que dio por los Alpes en septiembre de 1926, conoció a María “Mitzi” Reiter, una rubia adolescente de 16 años de la cual quedó prendado, aunque ella al verlo por primera vez no pudo disimular su decepción. Según relató muchas décadas después Richard Reiter, sobrino de María, ella comparó el bigote de Hitler con una mosca negra y grande. “Ella le dijo a mi madre: “No soporto a ese hombre con esa mosca negra debajo de su nariz; además, es como 20 años más viejo que yo”. Mi madre estuvo de acuerdo en que él era demasiado mayor para ella”.

Pero “Mitzi” pronto cambiaría de opinión, especialmente después de que Hitler la invitara a verlo en una reunión del Partido Nazi. El habitual desplante y habilidad del futuro Führer alemán ante una multitud emocionada tuvo en ella el efecto deseado. “Cuando ella entró junto a mi madre en la sala, Hitler interrumpió su discurso, se acercó a ambas, las besó en las manos, las llevó a sentarse a una mesa, regresó al podio y continuó con su discurso. “Mitzy” tenía por entonces 16 años y no existen chicas de 16 años que sean consentidas de esa forma por un hombre parado frente a una multitud. Esto la impresionó mucho”, relató el mismo Richard Reiter, quien agregó que su tía aseguraría después a sus más íntimos que “fue entonces que mi corazón se derritió”. Hitler invitaría posteriormente a la joven a dar largos paseos por Berchtesgaden, y durante una excursión por la campiña alpina la habría besado por primera vez, aunque el romance no floreció debido a que la política demandaba la mayor parte del tiempo de Hitler.

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María Reiter.

 

Richard Reiter agregó que Hitler solía escribirle tiernas cartas de amor a “Mitzy”. Una de estas cartas decía: “Mi querida niña. Me encanta cuando mi amada me escribe. No tienes idea de lo feliz que me haces cuando me hablas a través de una carta. Chiquilla, realmente no tienes idea de lo que significas para mí y cuánto te amo. Tuyo, Wolf”.

Los biógrafos de Hitler, quien por cierto a usaba a veces para sí mismo el apodo de “Wolf” (el nombre Adolf viene de las palabras alemanas “Adele” o Nobleza y “wolf” o lobo, por lo que el nombre Adolf significa “Lobo noble”), aseguran que por esa época no era demasiado raro que hombres mayores salieran con mujeres mucho más jóvenes. El padre de Adolf Hitler, Alois, de hecho, se casó con una joven 23 años menor que él. Por lo tanto, en la familia de Hitler no era inusual que un varón pretendiera a una mujer mucho más joven, lo que se corroboraría mucho años más tarde, cuando Hitler comenzó a relacionarse con Eva Braun cuando ella sólo tenía 17 años de edad. De allí que muchos biógrafos afirmen que a Hitler le gustaban derechamente las mujeres jóvenes de aspecto infantil.

A pesar de su inclinación por mujeres jóvenes, tal parece que la ascendente carrera política de Hitler le dejaba cada vez menos tiempo para dedicarse a sus “queridas niñas”, como María Reiter. Luego de esperar en vano varios meses para ver a su amado “Wolf”, la joven se habría desesperado y angustiado, manifestando sus primeras tendencias suicidas. Su sobrino, Richard Reiter, aseguró que “ “Mitzy” intentó suicidarse, pero gracias a Dios la encontraron a tiempo”. En una entrevista dada en 1959, la misma María Reiter reveló que Hitler se apartó de ella para evitar un escándalo, pues supuestamente alguien había mandado una carta anónima al Partido Nazi amenazando con denunciar a Adolf Hitler por seducir a una menor de edad. La mujer en esa misma entrevista reveló que había mantenido relaciones sexuales con Adolf Hitler, algo por cierto imposible de comprobar.

Lo único cierto, al parecer, es que María Reiter pagó un alto precio por relacionarse sentimentalmente con el futuro dictador alemán. Richard Reiter relató que “mi madre quedó espantada cuando María le contó que se había esterilizado, porque Hitler le había dicho que no quería tener ninguna descendencia. Ella lo hizo porque quería quedarse con Hitler a toda costa. Y no pudo tener hijos, quizás porque tenía la esperanza de que Hitler se casaría algún día con ella”. Pero casarse no era la primera prioridad para el aspirante a Führer. “Mi novia es Alemania”, declaró Hitler una vez, sin mencionar que en 1925 había hecho una dramática declaración en un diario nazi: “Estoy tan casado con la política que no puedo considerar la posibilidad de comprometerme”.

Geli Raubal, la supuesta sobrina-amante de Hitler

En el año 1928 Adolf Hitler conocería a su sobrina Angelika María “Geli” Raubal, hija de su media hermana Angela, que se convertiría en su ama de llaves del Berghof, la villa alpina que Hitler tenía cerca de Berchtesgaden. Raubal, una chica alegre y viva, tenía por entonces 17 años y durante los siguientes seis años estuvo en estrecho contacto con su medio-tío Hitler, que era 19 años mayor que ella. Al año siguiente Geli se mudó al apartamento de Hitler en Múnich, época también en la que comenzó los estudios de medicina que nunca llegaría a completar. Fue a partir de esta época cuando Geli entró en el círculo íntimo de Hitler, y llegó a tratar directamente con muchas de sus amistades y conocidos. Por entonces, mientras se convertía en uno de los principales líderes políticos de Alemania, Hitler comenzó a mostrarse cada vez más dominante y posesivo con Geli, manteniendo un estricto control sobre ella. Cuando descubrió que su sobrina estaba teniendo una relación con su chófer, Emil Maurice, quien posteriormente sería despedido al comprobarse que tenía antepasados judíos, Hitler no dejó que se volviera a relacionar libremente con ningún amigo. Otto Strasser, uno de los jerarcas nazis, comentaría más tarde que Geli, durante un encuentro en 1931, le había comentado que Hitler, quien supuestamente estaba corroído por incontrolables celos posesivos hacia ella, le pedía que “hiciera cosas simplemente repugnantes”. Geli llegó incluso a confidenciarle a una amiga lo siguiente: «Mi tío es un monstruo. Nadie podía imaginar lo que me llega a exigir».

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Geli Raubal, la sobrina de Adolf Hitler.

Geli Raubal, convertida en la práctica en una prisionera, se enfrascó el 18 de septiembre de 1931 en una violenta discusión con su tío, ya que Hitler se negaba a permitirle viajar a Viena. Esa misma tarde Hitler partió a Nüremberg para asistir a una reunión política, pero al día siguiente debió regresar en forma urgente a Munich. Raubal, que en ese momento tenía 23 años, había sido encontrada muerta en el apartamento de Hitler con una herida de disparo en el pulmón. Presumiblemente, se había suicidado usando la pistola Walther de su tío.

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Geli Raubal (de trenzas), junto a su tío Adolf Hitler.

Hitler quedó devastado con la noticia y cayó en una profunda depresión, refugiándose en su casa a orillas del lago Tegersee, y no asistió al funeral en Viena el 23 de septiembre, aunque tres días después visitaría su tumba en el Zentralfriedhof de Viena, mientras el Partido nazi activaba todas sus influencias para impedir que el hecho fuera conocido por la opinión pública. Hasta hoy se discute sobre si existieron abusos físicos de Hitler hacia su sobrina, una posible relación sexual o incluso el asesinato, aunque hasta el día de hoy la tesis más aceptada es la del suicidio de la joven. El historiador inglés Ian Kershaw, autor de una de las biografías más logradas de Hitler, sostuvo que “fuera activamente sexual o no, el comportamiento de Hitler hacia Geli tiene todos los rasgos de una fuerte, o al menos latente, dependencia sexual”.

 

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Geli Raubal y Adolf Hitler.

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Por lo pronto, Hitler declararía años más tarde a sus conocidos que Geli Raubal había sido la única mujer que había amado en su vida. Su habitación en el Berghof, de hecho, fue mantenida tal y como ella la había dejado, y el mismo Hitler colgó retratos de su sobrina tanto en la villa como en la Cancillería en Berlín.

Hitler y Eva Braun: un pacto de amor y de muerte

La siguiente mujer que entraría en la vida del Führer germano sería una muchacha tan alegre y joven como María Reiter o Geli Raubal. Su nombre era Eva Braun, una muchacha amante de los deportes que, recién salida del convento, había probado suerte como mecanógrafa, aunque posteriormente encontraría un empleo en el taller fotográfico de Heinrich Hoffmann, el fotógrafo oficial del líder nazi. En ese lugar precisamente, donde fue contratada por un precario sueldo, conocería a Adolf Hitler durante una tarde de 1929 mientras, subida en una escalera, trabajaba archivando unos papeles. En ese momento hizo su aparición el cuarentón Adolf Hitler, un «señor de cierta edad con un gracioso bigotillo», según relató la propia Eva en una carta enviada a un familiar. Curiosamente, Hoffman presentaría a Adolf Hitler ante la joven Eva como “el señor Wolf”.

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Eva Braun.

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Un par de años después Hitler y Eva Braun comenzarían a verse habitualmente, aunque la joven intentaría suicidarse en dos ocasiones al comienzo de su relación: en agosto de 1932 intentó dispararse en el pecho con la pistola de su padre para llamar la atención del dictador alemán, pero sólo resultó con heridas leves. Tras la recuperación de Eva, ambos se acercaron más todavía y hacia finales de 1932 ya se habían convertido en amantes. Según un fragmento del diario de Braun y un relato del biógrafo Nerin E. Gun, el segundo intento de suicidio de Braun tuvo lugar en mayo de 1935. En esa ocasión tomó una sobredosis de pastillas para dormir porque Hitler no le dedicaba más tiempo en su vida.

Ya en 1936, Braun ya formaba parte del hogar de Hitler en la residencia del Berghof, en Berchtesgaden, donde llevó una vida totalmente alejada de la Segunda Guerra Mundial. Y como era fotógrafa, fue la autora de gran parte de las fotos y cortometrajes en color que todavía se conservan de Hitler. Sin embargo, Hitler y Eva Braun nunca aparecieron juntos en público y la única ocasión en que se dejaron ver en una foto de la prensa fue cuando ella se sentó cerca de él en los Juegos Olímpicos de Invierno de 1936. El pueblo alemán, de hecho, no supo de la relación de la pareja hasta después de la Segunda Guerra Mundial.

Pero, pese a todo, Eva Braun terminó convirtiéndose en una de las figuras clave del círculo íntimo del Führer germano, pero no apareció en eventos públicos hasta mediados de 1944, después de que su hermana Gretl se casara con Hermann Fegelein, general de las temidas SS. Sin embargo, la influencia de Eva Braun en las decisiones de Hitler parece que fue mínima; nunca tuvo permiso para intervenir en conversaciones políticas o de negocios y a menudo debía abandonar la habitación cuando estaban presentes los ministros del gobierno nazi u otros altos dignatarios, sin mencionar que jamás fue miembro del partido nazi. Sus verdaderas aficiones eran el deporte, la música y el cine, y todos los historiadores coinciden en que llevó una existencia protegida y privilegiada, sin ningún interés en la política.

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Adolf Hitler y Eva Braun.

 

Hitler, el mismo que declarara una vez que “estaba casado con Alemania”, siempre quiso cultivar una imagen de héroe casto, sobre todo tomando en cuenta que en la ideología nazi los líderes políticos y los combatientes eran los hombres, mientras que las mujeres sólo eran amas de casa. En una conversación privada de 1942 Hitler llegó a afirmar que “lo peor del matrimonio es esto: crea pretensiones legales. Es mucho más práctico tener una amante”.

Al final de la II Guerra Mundial, cuando la derrota alemana en los campos de batalla era un hecho y el Tercer Reich comenzaba ya a derrumbarse, Eva Braun viajó hasta Berlín para estar al lado de Adolf Hitler en el búnker situado bajo la Cancillería del Reich. El escritor e investigador Nerin E. Gun, en su libro “Hitler y Eva Braun, un amor maldito”, relató que “en varias cartas, Eva Braun describió la situación en pocas palabras y con toda claridad: se oye el tronar de los cañones, no hay teléfono, no pueden huir en coche y sufren bombardeos continuos. Pero se siente feliz por estar junto a él (Hitler) y cada día pasado constituye para ella una victoria. Habla de su Hitler como de un Dios”.

Cuando las tropas del Ejército Rojo ya comenzaban a rodear Berlín, Eva Braun contrajo finalmente matrimonio con su idolatrado Führer en una breve ceremonia civil celebrada el 29 de abril de 1945. El ministro de Propaganda Joseph Goebbels y Martin Bormann, secretario personal del dictador, fueron los testigos del enlace. Ella tenía 33 años y él 56. Acerca de los motivos por los cuales había dado el paso que había eludido durante toda su vida, Hitler lo aclaró en su testamento: “Puesto que creí durante los años de la lucha que no podía asumir la responsabilidad de formar un matrimonio, he decidido ahora, al fin de mi tránsito por el mundo terrestre, convertir en mi esposa a la mujer que, después de años de fiel amistad, llegó por su propia voluntad a la casi cercada ciudad para compartir su destino con el mío. Por deseo mío, se dirige a la muerte siendo mi esposa”.

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Casi 40 horas después de casarse, Adolf Hitler y Eva Braun se suicidaron en un pequeño estudio ubicado en el interior del bunker de Berlín (Hitler se había pegado un tiro en la sien derecha con su pistola, mientras que Braun ingirió una cápsula de ácido prúsico). El investigador Nerin E. Gun relató que “Braun se encontraba con la cabeza apoyada en la esquina de un mueble y, según parecía, su brazo se encontraba estirado de tal forma que parecía querer agarrar por última vez al que había sido su único amor durante casi dos décadas. El rostro no tiene expresión alguna, pero sigue muy bello. Su pequeño revólver se halla sobre el velador, junto a un chal de color rosado. El cuerpo de Hitler, por su parte, permanecía inerte con un disparo en la cabeza. De inmediato los soldados alemanes cumplieron la última voluntad de su líder y, con más de cien litros de gasolina, prendieron fuego a los dos cuerpos, ubicados uno al lado del otro”.

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