Manuel Rodríguez: Historia de su vida y del primer asesinato político del país

Varios autores se pronuncian sobre la muerte del mítico Guerrillero de la Independencia.

Guía de: Mitos y Enigmas

Manuel Rodríguez Erdoiza es una de las figuras más legendarias y míticas en la historia de Chile. Fue abogado, tribuno, diputado, secretario de guerra y capitán de Ejército, aunque ninguno de estos cargos le trajo tanta fama como su trabajo de espía y guerrillero en la clandestinidad, durante la época de la Reconquista española. Pese a que había sido secretario de José Miguel Carrera (el “primer jefe de la patria libre”), de quien había sido amigo y compañero de colegio en el Convictorio Carolino, tras el fin de la Patria Vieja no dudó en ponerse a las órdenes de José de San Martín y Bernardo O’Higgins, enconados rivales del mismo Carrera, para cruzar la cordillera de los Andes trayendo y llevando mensajes secretos, y preparando con sus guerrillas y montoneras el terreno en la zona central de Chile para la ofensiva final del Ejército Libertador.

Manuel Rodríguez vistiendo el uniforme de los "Húsares de la Muerte", batallón que se distinguía por una calavera de paño blanco sobre negro, simbolizando la decisión de morir en la batalla antes que permitir el triunfo del enemigo.

Manuel Rodríguez vistiendo el uniforme de los “Húsares de la Muerte”, batallón que se distinguía por una calavera de paño blanco sobre negro, simbolizando la decisión de morir en la batalla antes que permitir el triunfo del enemigo.

Las hazañas de Manuel Rodríguez son novelescas. Es célebre el episodio cuando, frente al Palacio de gobierno, se hizo pasar por un humilde peón y le abrió la puerta del carruaje al mismísimo Capitán general español Casimiro Marcó del Pont, quien había puesto precio por su cabeza. El gobernante español, ignorando que tenía a su lado al hombre más buscado de la Capitanía General de Chile, le dio una moneda de oro por su gentileza; esta proeza de gran riesgo, por cierto, causó las más grandes burlas de toda la población de Santiago hacia el amanerado gobernante hispano.

Maestro del engaño y del disfraz, su biografía está llena de escenas de aventuras en las que aparece burlando a los soldados españoles del regimiento Talaveras disfrazado de fraile o de huaso (una vez, a punto de ser capturado por los Talaveras, se hizo pasar por un borracho en un cepo, logrando engañar a sus perseguidores), sin mencionar el decisivo momento en que, después del desastre de la batalla de Cancha Rayada, cuando parecía que el Ejército Libertador había sido derrotado por las fuerzas españolas y los patriotas pensaban en cruzar de nuevo la cordillera hacia Argentina para huir de la cruel venganza de los “godos”, conmovió a la multitud en la Plaza de Armas de Santiago y los instó a defender el territorio con las últimas fuerzas, con su inolvidable frase: “Aún tenemos Patria, ciudadanos”.

Manuel Rodríguez en el cepo, haciéndose pasar por un borracho para despistar a los soldados españoles que lo perseguían.

Manuel Rodríguez en el cepo, haciéndose pasar por un borracho para despistar a los soldados españoles que lo perseguían.

La célebre escena en que Manuel Rodríguez, el hombre más buscado del país, le abre la puerta de la carroza al gobernante español Marcó del Pont, quien había ofrecido precio por su cabeza.

La célebre escena en que Manuel Rodríguez, el hombre más buscado del país, le abre la puerta de la carroza al gobernante español Marcó del Pont, quien había ofrecido precio por su cabeza.

Sin embargo, después del triunfo patriota en la batalla de Maipú, Manuel Rodríguez, una de las figuras más carismáticas, populares y románticas de la Independencia de Chile, y pese a los servicios prestados a la Patria, pronto comenzaría a ser considerado un estorbo. Tras la llegada de Bernardo O’Higgins al poder, su personalidad rebelde, la gran popularidad que tenía ante el pueblo y la amistad que lo unía a los hermanos Carrera, lo transformaron en una molestia constante para el joven gobierno, al que siempre tildó de autoritario.

La historiografía nos cuenta que el 26 de mayo de 1818 Manuel Rodríguez, quien a la sazón tenía 33 años y fuera tildado de “alborotador incorregible” por el nuevo gobierno patriota, fue trasladado a la prisión militar de Quillota y asesinado con un disparo por la espalda por el teniente Antonio Navarro, miembro del propio Ejército Libertador, mientras caminaba esposado, en el sector conocido como la Cancha del Gato, en las cercanías de Til Til. Navarro confesaría en 1825 que el argentino Bernardo Monteagudo, uno de los personajes más oscuros y retorcidos de la Logia Lautarina (la organización que buscaba la independencia americana y a la que pertenecían José de San Martín y el mismo Bernardo O’Higgins), le dio la orden de asesinar al intrépido patriota.

manuel

Rodríguez, después de la batalla de Maipú, dejándose llevar por su carácter apasionado, ya había cometido una temeraria acción: entró galopando a caballo en el mismo patio del palacio de gobierno junto a una turba, para protestar violentamente por el fusilamiento de los hermanos Juan José y Luis Carrera en Argentina. Esto exasperó en extremo al Director Supremo Bernardo O’Higgins, quien ordenó su prisión en el cuartel de los Cazadores de los Andes.

El historiador Benjamín Vicuña Mackenna describió así el diálogo que presuntamente sostuvieron Manuel Rodríguez y Bernardo O’Higgins antes del cobarde asesinato del mítico guerrillero.

O’Higgins: “Rodríguez, usted no es capaz de contener el espíritu inquieto de su genio, y con él va tal vez a colocar al Gobierno en la precisión de fusilarlo, pues que teniendo al enemigo aún dentro del país, se halla en el deber de evitar y cortar los trastornos a todo trance. Es aún usted joven, y madurado su talento puede ser muy útil a la Patria, mientras que hoy le es muy perjudicial, por lo tanto, será mucho mejor que usted se decida a pasar a Norte-América o a otra nación de Europa donde pueda dedicarse a estudiar con sosiego las nociones de su profesión, sus instituciones, etc., para lo que se le darán a Ud. tres mil pesos a su embarque para pago de transporte y mil pesos todos los años para su sostén. En cualquiera de esos puntos puede hacer servicios a su Patria, y aun cuando no estamos reconocidos, podrá dársele después credencial privada de agente de este Gobierno”.

Rodríguez: “Usted ha conocido, señor Director, perfectamente, mi genio. Soy de los que creen que los gobiernos republicanos deben cambiarse cada seis meses, o cada año a lo más, para de ese modo probarnos todos, si es posible, y es tan arraigada esta idea en mí, que si fuese Director y no encontrase quien me hiciera la revolución, me la haría yo mismo. ¿No sabe que también se la traté de hacer a mis amigos los Carrera?

-Ya lo sé, y por ello es que quiero que se vaya fuera.

-Bien, pues, pero póngame en libertad para prepararme.

-No, porque marchará arrestado usted hasta ponerlo a bordo, pues estando comunicado puede hacerlo desde el arresto.”

La muerte de Manuel Rodríguez

El asesinato de Rodríguez en Til Til fue presenciado por el joven campesino Hilario Cortés, quien escondido en la vegetación fue testigo involuntario del drama, por lo que procedió a dar aviso a las autoridades de esa comuna. Cinco días después del asesinato el juez de Til Til, Tomás Valle, informado que el cuerpo de Manuel Rodríguez estaba siendo devorado por aves de rapiña, recogió sus restos en un capacho de cuero y los enterró presuntamente en la capilla del pueblo, sin cajón, en el centro del presbiterio.

Capilla de Til Til, lugar donde fueron enterrados los restos de Manuel Rodríguez.

Capilla de Til Til, lugar donde fueron enterrados los restos de Manuel Rodríguez.

En 1894 se abrió en ese mismo lugar en presencia de una comisión y se descubrió un cuerpo con los restos de una casaca, compuestos de un cordón distintivo de los Húsares de la Muerte (el regimiento que había fundado Manuel Rodríguez) y trozos de la parte interior del traje militar. Este hallazgo, por cierto, ha sido motivo de agrias polémicas, por cuanto los relatos históricos describen a Rodríguez vestido con camisa blanca y poncho de color en el momento en que fue asesinado.

Una vez que fueron exhumados los restos, éstos fueron sometidos al examen de una comisión oficial dirigida por Diego Barros Arana, que juzgó las pruebas insuficientes. Sin embargo, los restos igualmente fueron puestos en una urna cerrada y lacrada y trasladados al Cementerio General, lugar donde reposan hasta el día de hoy.

El escritor Jorge Baradit, autor del libro “Historia Secreta de Chile”, debido a lo anterior, no dudó en calificar a Manuel Rodríguez como el primer detenido desaparecido de la historia de Chile. “En el autoritario gobierno de Bernardo O’Higgins, que se entroniza inmediatamente después de la victoria de las armas patriotas en Maipú, se produce el asesinato de Manuel Rodríguez, el audaz guerrillero, quizás uno de los hombres más queridos en nuestro país. Rodríguez, a pesar de ser carrerista, se pone a las órdenes de San Martin en pro de la liberación de Chile, con sus montoneras y su guerra psicológica, preparando la invasión patriota por la cordillera de los Andes ¿Y cómo le pagaron? Lo asesinaron cuando la Independencia del país ya estaba conseguida y él ya no era relevante. Manuel Rodríguez fue el primer detenido desaparecido de una dictadura, porque el destino de sus restos todavía no es claro y el gobierno de O’Higgins definitivamente fue una dictadura”.

manuel rodr

El abogado Juan Pablo Buono Cuore, autor del libro “Manuel Rodríguez, mártir de la democracia” (que escribió tras trabajar con el tanatólogo de la Policía de Investigaciones, José Belleti, y el tataranieto del guerrillero, Juan Esteban Rodríguez Besa), en un entrevista concedida al diario “La Nación” afirmó por su parte que la muerte de Manuel Rodríguez fue el primer asesinato político en la historia republicana de Chile. Además, aseguró que, mientras no haya certeza de que el cuerpo sepultado en el patio Arriarán del Cementerio General pertenezca al guerrillero, también se trataría del primer detenido desaparecido del país.

“O’Higgins y José de San Martín, ambos miembros de la Logia Lautarina, querían instaurar un sistema monárquico en Chile. La idea de la Logia era ir a Europa, contratar un príncipe, pagarle y traerlo para que se hiciera cargo del país. La lucha de San Martín, O’Higgins y la Logia era contra la monarquía española, no contra el sistema monárquico, aunque después O’Higgins prefirió un régimen dictatorial. En cambio, la lucha de Manuel Rodríguez era aplicar una república democrática liberal. Estos proyectos políticos entraron en pugna y Manuel Rodríguez fue asesinado por la Logia Lautarina. En 1823, luego de la abdicación de O’Higgins y cinco años después del crimen, se inició una investigación. Al analizar el testimonio de varios testigos presenciales, todo indica que el que le dio muerte no fue el teniente Navarro, sino que el argentino Rudecindo Alvarado, capitán del batallón Cazadores de Los Andes, miembro de la Logia Lautarina y muy amigo de San Martín y O’Higgins. También estuvo encargado de una cárcel en que Rodríguez escapó en abril de 1817. Alvarado le tenía sangre en el ojo. Cuando se decidió en la Logia Lautarina quién tenía que ser el autor material, Rudecindo Alvarado, jefe del batallón que llevaba escoltado a Rodríguez, se ofreció”.

Estatua de Manuel Rodríguez en el Parque Bustamante de Santiago.

Estatua de Manuel Rodríguez en el Parque Bustamante de Santiago.

Buono Coure agrega que “el doctor Belleti se basó en un informe documental de 1823 y determinó que Rodríguez no murió de un disparo en la espalda, por la razón de que ese proyectil no era mortal. El guerrillero falleció por un traumatismo encéfalo-craneano producto de los golpes con culata de fusil. Sin embargo, para tener certeza científica de eso se requiere constatar que el cuerpo que se desenterró pertenecía a Manuel Rodríguez.

En 1895 el Presidente Pedro Montt autorizó la exhumación de los restos que estaban en la Iglesia de Tiltil. Un comité estableció que era el cuerpo de Manuel Rodríguez, pero una comisión que encabezaba Diego Barros Arana determinó que no era posible llegar a esa conclusión. Hubo un conflicto, pero el gobierno ordenó enterrar ese cuerpo con honores como si fuera de Manuel Rodríguez. Entonces, para obtener la certeza es sumamente importante una nueva exhumación, algo a los cual los descendientes de Manuel Rodríguez se han manifestado de acuerdo, pero esta exhumación fue negada en el año 2008 por el Servicio de Salud y después por la Contraloría por razones técnicas y jurídicas, ya que sólo pueden exhumarse restos por una investigación criminal y, en este caso, estamos hablando de un homicidio que ocurrió el 26 de mayo de 1818 y que hoy está prescrito.

Hoy, la calificación jurídica de este delito sería “Secuestro con homicidio”, pero como no hay certeza con el cuerpo, podría ser el primer detenido desaparecido del país. Lo que sí es indiscutible es que se trató del primer asesinato político del país. La Logia Lautarina siempre utilizó formas legales para matar. A los hermanos Carrera, fusilados un mes antes, les inventaron un juicio y a Rodríguez se le aplicó la Ley de Fuga. El informe oficial dice que quiso escapar, pero después los mismos militares del batallón señalaron que jamás hubo una fuga. Es un crimen que quedó en la impunidad y nadie fue condenado, aunque todas las personas que estuvieron involucrados en su asesinato no murieron bien. A Bernardo Monteagudo lo mataron en 1825 en Perú y O’Higgins falleció exiliado en ese mismo país. San Martín también murió en el destierro, en Francia. Es como la “maldición del Guerrillero””.

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Hoy, Manuel Rodríguez es un ícono de la cultura popular de nuestro país, ha inspirado libros y películas (como la primera cinta chilena: “El Húsar de la muerte”, de Pedro Sienna) y ha sido reconocido por la historiografía nacional como uno de los próceres de la Independencia y uno de los Padres de la Patria, lo que se grafica en que su rostro aparece en la actualidad en los billetes de dos mil pesos. Por lo pronto, para recordar la figura del admirado Guerrillero, bien vale recordar los versos que el laureado poeta chileno Pablo Neruda le dedicó en su obra “Canto General”:

“Señora dicen
que donde, mi madre
dicen, dijeron,
el agua y el viento dicen
que vieron al Guerrillero.
Puede ser un obispo,
puede y no puede,
puede ser sólo el viento
sobre la nieve…
sobre la nieve, sí,
madre, no mires,
que viene galopando
Manuel Rodríguez.
Ya viene el Guerrillero
por el estero”.

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