¿Por qué en Iberoamérica usamos dos apellidos?

El Cardenal español Cisneros y la nobleza de Castilla y Aragón fueron los promotores de que hoy llevemos el apellido paterno y materno.

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Muchos probablemente se han preguntado por qué en la mayor parte del mundo se emplea un solo apellido y en España e Hispanoamérica se utilizan dos apellidos, uno que generalmente heredamos de nuestro padre y otro de nuestra madre. Según algunos genealogistas, el uso de los dos apellidos hay que “agradecérselo” al Cardenal español Cisneros y a la nobleza de Castilla y Aragón.

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En el siglo XVI el uso de los apellidos en España eran un caos total. El hijo mayor solía heredar el apellido del padre, pero los hermanos menores podía elegir el apellido de algunos de sus cuatro abuelos, el de su pueblo o simplemente uno que les gustase, mientras que las niñas, por lo general, heredaban el apellido de la madre. Era común que dos hermanos biológicos tuvieran apellidos completamente diferentes.

Todo eso, por cierto, era un batiburrillo monumental para los funcionarios de las administraciones de entonces.

¿Quién puso fin a esta anarquía linguística? El poderoso Cardenal español Francisco Jiménez de Cisneros, quien emitió una orden de implantar y regularizar los libros de bautismo en las parroquias (organizada a través de los sínodos de Alcalá en 1497 y Talavera en 1498).

Esta medida tenía un propósito administrativo y canónico. Al obligar a los sacerdotes a registrar minuciosamente los nombres del recién nacido, de los padres y de los padrinos en los libros parroquiales, buscaba una organización administrativa eficaz. Esto servía para controlar mejor los censos y el cobro de impuestos pero, sobre todo, para un fin canónico: evitar los matrimonios por incesto entre familiares directos o hermanos que no sabían que lo eran debido a la confusión de apellidos.

El golpe definitivo para el uso de los dos apellidos lo daría la nobleza de Castilla y Aragón. Los aristócratas y nobles que descendían de familias importantes querían hacer notar sus apellidos, sin un orden sistemático, destacando la ascendencia de la que habían quizás heredado el patrimonio o un título nobiliario. Buscaban, sobre todo, que sus apellidos se mantuvieran durante generaciones (aprovechando, además, la costumbre castellano aragonesa de que las mujeres mantenían su apellido al casarse, a diferencia del resto de Europa).

De ese modo, los nobles castellanos y aragoneses comenzaron a usar sus dos apellidos para evitar que sus linajes mas prestigiosos se perdieran en el tiempo. Así fue como lo que empezó como una distinción aristocrática acabó calando en el resto de la población española.

¿Por qué en Iberoamérica usamos dos apellidos?

Con el paso de los siglos, el control parroquial decretado por el Cardenal Cisneros y la costumbre de la nobleza castellana aragonesa derivaría en el sistema de doble apellido que caracteriza al mundo hispanohablante (fijando el apellido paterno y el materno).

Esta tradición no se convertiría en una ley civil obligatoria y unificada en España sino hasta la creación del Registro Civil en 1871, que fue refrendada en 1889 con la promulgación del Código Civil español, que contempló el uso del apellido paterno y materno para los hijos legítimos.

Por supuesto, esta tradición cruzaría el océano y se instaló en Hispanoamérica. Al compartir las mismas raíces hispanas, el concepto de que las mujeres tuvieran su propio apellido estaba muy arraigado. Eso, unido a que el sistema de usar el apellido paterno y el materno era muy útil, hizo que el doble apellido se extendiera también por toda la América de influencia española.

Hoy, en España y la gran mayoría de países de América Latina se mantiene este sistema de doble apellido, creando una identidad única que nos define frente a la mayoría de otros países del mundo.

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