¿Por qué vestimos de negro en los funerales?

Todavía en los funerales los hombres y mujeres suelen vestirse con prendas de vestir de color negro u oscuro.

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El luto es la palabra que se refiere a la expresión externa de los sentimientos de pena y duelo que nos suscita el fallecimiento de un ser querido, lo que se traduce en una serie de costumbres muy antiguas. Quizás la más conocida de ellas es llevar vestimenta o ropa negra sin adornos, práctica que se remonta al Imperio Romano, cuando la “toga pulla” o toga sórdida, hecha de lana de color oscuro, se vestía durante los periodos de luto.

Luto 3

 

 

El luto, tal como lo conocemos hoy en la cultura occidental, surgió como una costumbre institucionalizada en el siglo XVI por los Reyes Católicos, monarcas que crearon un conjunto de leyes que fueron denominadas como la “Pragmática de Luto y Cera”. En esta ordenanza se oficializó el color negro como el indicado para la indumentaria, además de establecer algunas de las formalidades que aún se llevan a cabo en este tipo de eventos. Esta costumbre, de ese modo, se ha mantenido hasta nuestros días, desde los tiempos de la Edad Media y el Renacimiento, cuando los hombres aparecían usando vestimentas negras, y las mujeres de luto y las viudas llevaban por su parte sombrero, manto y velo negros.

Si bien la ropa de luto se ha vuelto menos habitual desde mediados del siglo XX, todavía en los funerales los hombres y mujeres suelen vestirse con prendas de vestir de color negro u oscuro (ya sean traje, corbatas y vestidos), además de usar brazaletes negros en los brazos y gafas de sol para ocultar los ojos llorosos. En occidente, al menos, el asistir vestido de negro a un funeral es considerada una práctica muy generalizada: por el contrario, acudir a un velatorio con una prenda de un color más alegre puede ser tomado derechamente como un signo de mal gusto o mala educación.

 

Si bien la razón de la costumbre de vestir de negro en los entierros y funerales es que este color simboliza respeto y dolor por la pérdida de un amigo o ser querido (el negro es la ausencia de color y luz), la verdad es que el origen de esta práctica estaría en una milenaria superstición. Según distintos estudios antropológicos, los deudos vestirían de negro en los funerales debido a una antiquísima costumbre que nació del miedo ancestral de los vivos a ser poseídos por los espíritus de los muertos. Así, en los ritos funerarios, los hombres primitivos solían pintar sus cuerpos de negro para impedir, al quedar camuflados, que el alma del fallecido encontrara un nuevo cuerpo donde asentarse.

Los mismos estudios detallan que, según antiguas creencias, cuando una persona fallecía, su alma salía del cuerpo y buscaba introducirse dentro de cualquier persona con vida. De ese modo, este temor a ser poseídos por los espíritus de los difuntos hacía que los primitivos grupos humanos acostumbraran a pintar sus propios cuerpos de negro, para quedar camuflados e “invisibles” frente a los espíritus que se liberaban después de la muerte, pasando inadvertidos hasta que el alma del fallecido no encontrara cobijo en ninguno de los allí presentes. Con los siglos esta costumbre habría ido mutando y la pintura corporal sería reemplazada, finalmente, por la vestimenta negra.

 

La idea anterior de que el luto negro era una manera de camuflarse de los espíritus, aparentemente descabellada, tiene su correlato en todo caso en otras culturas, aunque de una manera totalmente opuesta. Los habitantes de ciertas tribus africanas, por ejemplo, en los funerales suelen cubrir su piel con cenizas blancas, escondiendo así el color negro de su epidermis a la vista de los espíritus. Algo parecido sucede también en la India, país donde tradicionalmente el color del luto es el blanco, en contraposición a la tez morena de sus habitantes.

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