¿Quién fue el capitán Wilm Hosenfeld, el valiente oficial alemán que salvó al protagonista de “El Pianista”?

Este militar alemán salvó la vida de numerosos polacos y judíos durante la Segunda Guerra Mundial.

Guía de: Mitos y Enigmas

Hace casi 20 años el cineasta polaco Roman Polanski sorprendió a la audiencia con su mejor película en más de una década: “El Pianista”, cinta que se basaba en las memorias de Wladyslaw Szpilman, un dotado músico polaco de origen judío que se ganaba la vida interpretando piezas clásicas en una radio de Varsovia, y quien después de la invasión nazi a Polonia se salvaba milagrosamente de ser enviado a un campo de exterminio, el lamentable destino al que habían sido condenados sus ancianos padres y sus tres hermanos.

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Después de sobrevivir trabajando como obrero de unidades de reconstrucción alemanas y de refugiarse en varias casas de su seguridad gracias a la ayuda de algunos amigos, un desnutrido y harapiento Szpilman terminaba oculto en una gran casona ubicada en los extrarradios de Varsovia. Allí, mientras buscaba alimento, se encontraba de sopetón con el capitán alemán Wilm Hosenfeld, quien de inmediato se daba cuenta de que Szpilman era un fugitivo judío.

Esperando que lo apresaran o lo mataran allí mismo, Szpilman se quedaba sorprendido luego que el capitán Hosenfeld, al enterarse que era pianista, le pedía que tocara algo en el piano abandonado de la casa. Szpilman, olvidando por un momento sus penalidades pasadas, ejecutaba al piano con brillantez una balada de Chopin ante un pensativo y admirado Hosenfeld, quien, compadecido por la suerte del pianista y sorprendido por su gran talento como músico, lo ayudaba a esconderse en el ático del edificio, llevándole comida con regularidad y salvándole con ello la vida, en los últimos y decisivos días de la Segunda Guerra Mundial.

El pianista Wladyslaw Szpilman y su salvador, el capitán alemán Wilm Hosenfeld.

El pianista Wladyslaw Szpilman y su salvador, el capitán alemán Wilm Hosenfeld.

La película “El Pianista” le daría visibilidad mundial a la historia real del pianista Wladyslaw Szpilman y el capitán alemán Wilm Hosenfeld, desatando una gran curiosidad por la vida del correcto oficial germano: ¿Realmente Hosenfeld le salvó la vida al músico judío y a otros sujetos que también eran considerados parias y enemigos del Estado por el régimen nazi?

Wilhelm Hosenfeld había nacido el 2 de mayo de 1895 en el seno de una familia católica muy conservadora y devota de Mackenzell, un pueblecito del estado de Hesse, entonces parte del territorio alemán de Prusia. Siendo el cuarto de seis hijos, después del estallido de la Primera Guerra Mundial, a los 19 años, se enlistó en el ejército imperial alemán como landser o soldado de infantería, combatiendo en Flandes, en los países bálticos y en Rumania. Tras resultar gravemente herido en 1917, recibió la Cruz de Hierro de Segunda Clase. Después del fin de la guerra, regresó a su pueblo natal, donde trabajó como maestro rural, el mismo oficio que había tenido su padre. Y en 1920 se casó con su novia Annemarie Krummacher, con quien tendría 5 hijos.

Wilm Hosenfeld fotografiado en 1936 en la localidad de Thalau junto a su mujer y  sus cuatro hijos.  Su hija Uta nacería al año siguiente de tomarse esta foto.

Wilm Hosenfeld fotografiado en 1936 en la localidad de Thalau junto a su mujer y sus cuatro hijos. Su hija Uta nacería al año siguiente de tomarse esta foto.

Como un idealista y declarado patriota que amaba a Alemania, Wilm Hosenfeld se afilió al NSDAP o Partido Nazi en 1935, aunque no compartía el antisemitismo de los nazis ni su hostilidad a la Iglesia Católica, ya que él mismo era un cristiano practicante. Como millones de alemanes, Hosenfeld veía a los nazis como un movimiento de recuperación nacional tras la derrota alemana de 1918 y el humillante Tratado de Versalles que había dejado de rodillas a la otrora orgullosa nación germana.

Antes de la invasión de Alemania a Polonia en 1939 y el inicio de la Segunda Guerra Mundial, Wilm Hosenfeld, que por entonces tenía 44 años, fue nuevamente llamado a las filas del ejército. Con el rango de sargento fue enviado a la localidad de Pabianice, donde participó en la construcción y la custodia de un campo de prisioneros de guerra polacos. Allí, al contrario que sus compañeros de armas, se destacó por su amabilidad y espíritu caritativo: solía conversar con los judíos y coger en brazos a niños polacos. En ese lugar gestionó por primera vez la libertad de un prisionero judío, tras encontrase casualmente en un camino con la novia embarazada de éste.

El capitán Wilm Hosenfeld.

El capitán Wilm Hosenfeld.

En otra ocasión, Hosenfeld le salvó la vida al cuñado de un sacerdote polaco que era amigo suyo, quien había sido detenido junto a otros hombres por la temible Gestapo, la policía secreta del Tercer Reich, que se preparaba para ejecutarlos. Cuando Wilm vio el camión con los prisioneros inventó una ingeniosa argucia para salvar al hombre: le dijo al oficial de las SS que estaba a cargo del vehículo que necesitaba a un hombre para un trabajo. De entre los prisioneros que iban en el camión, Wilm eligió al cuñado del sacerdote, el mismo que iba a ser fusilado, fingiendo que lo elegía al azar. De ese modo, le salvó la vida.

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En diciembre de 1939, cuando Hosenfeld fue enviado a Węgrów, el oficial alemán ya estaba desencantado del nazismo debido a las continuas atrocidades que los alemanes perpetraban contra los polacos católicos y judíos. En sus cartas a su esposa le manifestaba su repugnancia por el comunismo y el nazismo, dos ideologías que a su juicio eran igualmente criminales. En una de estas misivas escribió: “Tienes que preguntarte cómo pudo haber ocurrido que en nuestra nación tengamos una escoria tan degenerada. ¿Han liberado a criminales y a personas trastornadas de hospitales psiquiátricos que funcionan como perros rabiosos? Desafortunadamente, no, éstas son las personas que ocupan altos cargos en nuestro país”.

El oficial Wilm Hosenfeld  junto a su amigo Joachim Prut, un antiguo oficial polaco.

El oficial Wilm Hosenfeld junto a su amigo Joachim Prut, un antiguo oficial polaco.

En junio de 1940, ya como teniente, Hosenfeld sería destinado a Varsovia con el 660º Batallón de la Guardia. Allí, motivado por su simpatía hacia los polacos, aprendió la lengua del país. Y en calidad de católico practicante, acudía frecuentemente a Misa en una iglesia polaca y comulgaba. Al poco tiempo comenzó a proporcionar documentos falsos a algunos polacos, incluyendo judíos, logrando salvar sus vidas.

El 16 de junio de 1943, después de los crímenes cometidos por los alemanes durante el aplastamiento del levantamiento del Gueto de Varsovia, un horrorizado Wilm Hosenfeld escribía en su diario: “Innumerables judíos han sido asesinados así, sin ninguna razón, sin sentido. Está más allá de la comprensión. Ahora los últimos restos de los habitantes judíos del gueto están siendo exterminados. Un SS Sturmführer se jactó de la forma en que asesinaron a los judíos mientras corrían fuera de los edificios en llamas. Todo el ghetto ha sido arrasado por el fuego. Estos brutos piensan que ganaremos la guerra de esa manera. Pero hemos perdido la guerra con este espantoso asesinato en masa de los judíos. No merecemos misericordia; todos somos culpables. Me avergüenzo de caminar por la ciudad (Varsovia), cualquier polaco tiene el derecho de escupirnos en la cara”.

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La creciente indignación y vergüenza que Hosenfeld sentía se acentuaría con el tiempo, tal como demostró otra anotación que hizo en su diario el 5 de diciembre de 1943: “Toda nuestra nación tendrá que pagar por todos estos errores y esta infelicidad, todos los crímenes que hemos cometido. Muchas personas inocentes deben ser sacrificadas antes de que la culpabilidad por la sangre en la que hemos incurrido pueda quedar extinguida”.

En los meses siguientes Wilm Hosenfeld seguiría ayudando a mucha gente a sobrevivir. Leon Warm, un judío que se había fugado del campo de exterminio de Treblinka, logró escapar de Polonia luego que Hosenfeld lo protegiera y le consiguiera documentos falsos. Wilm también le salvó la vida al sacerdote Antoni Cieciora, miembro de la resistencia polaca y que estaba en la lista de los más buscados por la Gestapo, proporcionándole empleo y documentos falsos.

El 29 de marzo de 1944, los 27 polacos a los que Wilm había empleado con nombres falsos en la escuela de deportes de la Wehrmacht en Varsovia, salvándoles con ello la vida, firmaron un documento de agradecimiento al hombre que les había ayudado, regalándole también una imagen de la Virgen de Czestochowa, pues sabían que Hosenfeld era un ferviente católico.

 

El 17 de noviembre de 1944 se produciría en Varsovia el famoso encuentro entre Wilm Hosenfeld, que ya había sido ascendido a capitán, y el pianista polaco de origen judío Wladyslaw Szpilman. En una gran casona abandonada que estaba siendo acondicionada para convertirse en el cuartel general de las fuerzas alemanas de ocupación, Hosenfeld encontró a un harapiento y desnutrido Szpilman, uno de los 20 judíos que aún quedaban vivos en Varsovia, quien se había construido un escondite en la buhardilla de la vivienda. “¿Es usted alemán?”, le preguntó el pianista al capitán Hosenfeld, a lo que éste le respondió: “Sí. Soy alemán. Y después de todo lo que ha sucedido, me avergüenzo de ello”.

El oficial, tras enterarse que Szpilman era pianista, le pidió que probara su condición de músico. Szpilman, con un aspecto lamentable y con las manos sucias y aún entumecidas por el frío, tocó entonces el Nocturno nº20 en do sostenido menor de Chopin, la misma composición que había estado tocando en la Radio Polaca el 23 de septiembre de 1939, cuando un bombardeo alemán interrumpió la emisión.

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El capitán Hosenfeld no sólo ayudaría a Szpilman a mejorar su escondite, sino que también le proveyó de comida durante un mes, envuelta en papel de periódico que daba noticias de la pronta caída de Alemania. También le regaló, antes de despedirse, su abrigo para protegerse de las temperaturas gélidas del duro invierno polaco.

El pianista Wladyslaw Szpilman no conocería el nombre del oficial alemán que lo ayudó sino hasta 1950. Pero relataría todo lo ocurrido en sus memorias, tituladas “La muerte de una ciudad”, libro que sería publicado en 1946 y se traduciría muchos años más tarde a 35 idiomas. En este mismo libro, que inspiraría al cineasta Roman Polanski para rodar su película “El pianista” (2002), Wladyslaw Szpilman se refería al capitán alemán Wilm Hosenfeld como “el único ser humano con uniforme alemán que conocí”. El régimen comunista que gobernaba Polonia censuraría de inmediato el libro, convirtiendo al capitán Hosenfeld en austriaco, ya que para los estalinistas era inaceptable presentar a un oficial alemán protagonizando un acto humanitario.

El actor alemán Thomas Kretschmann interpretando al capitán Wilm Hosenfeld en la película "El Pianista" (2002).

El actor alemán Thomas Kretschmann interpretando al capitán Wilm Hosenfeld en la película “El Pianista” (2002).

Wilm Hosenfeld, tal como mostraron las imágenes finales de la película “El Pianista”, después de ayudar al pianista fugitivo Wladyslaw Szpilman, sería capturado por los soviéticos en Blonie, una pequeña ciudad ubicada a 30 kilómetros al oeste de Varsovia, junto con los hombres de la compañía que comandaba. Fue internado en un campo de concentración soviético en Minsk, donde fue brutalmente torturado durante seis meses.

Posteriormente, en 1950, un tribunal militar soviético de Minsk lo sentenciaría a 25 años de prisión por crímenes de guerra por el simple hecho de ser un oficial alemán. Wladyslaw Szpilman, Leon Warm y otras personas a las que Wilm había ayudado solicitaron su liberación, pero los soviéticos se negaron. “El hecho es que toda suerte de canallas y malhechores siguen libres, mientras que este hombre, que merece una condecoración, tiene que sufrir”, se lamentó en 1950 Leon Warm, el judío a quien Hosenfeld había salvado en Varsovia.

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El capitán alemán Wilm Hosenfeld, debido a las frecuentes torturas y brutales interrogatorios que sufrió a manos de los comunistas soviéticos, fallecería el 13 de agosto de 1952 en Stalingrado. Tenía 57 años y los maltratos y apremios ilegítimos lo habían dejado física y mentalmente destrozado.

Más de 50 años después de su muerte, gracias a la película “El Pianista”, el buen nombre del capitán alemán Wilm Hosenfeld volvería a ser restituido. En octubre de 2007 el presidente de Polonia le concedió la Cruz de Comandante de la Orden de Polonia Restituida, mientras que el 25 de noviembre de 2008 el Estado de Israel lo nombró con el título de “Justo entre las Naciones”, en una ceremonia celebrada en Berlín. El embajador adjunto de Israel en Berlín, Ilan Mor, dijo durante esa ceremonia: “El salvador de la vida de judíos al que honramos muestra que hubo gente de uniforme, incluso bajo la dictadura y el terror, que defendieron la humanidad y la compasión”.

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Después de esa ceremonia, a la que asistirían los hijos de Wilm Hosenfeld y del pianista Wladyslaw Szpilman, el oficial germano se convertiría en uno de los pocos militares alemanes que participaron en la Segunda Guerra Mundial en recibir el título de “Justo entre las Naciones”. “Somos conscientes de que éste es el mayor honor con que el Estado de Israel reconoce a los no judíos”, declaró el hijo del capitán alemán, Detlev Hosenfeld, mientras que Andrzej Szpilman, hijo del pianista, manifestó por su parte que Hosenfeld “ayudó a mucha gente distinta al principio de la guerra, con independencia de su origen, religión o raza”.

Detlev Hosenfeld, hijo de Wilm Hosenfeld, indicando el nombre de su padre en el Muro del Jardín de los Justos en Jerusalén, tras el reconocimiento por parte de Israel al capitán Hosenfeld como “Justo entre las Naciones” en 2009.

Detlev Hosenfeld, hijo de Wilm Hosenfeld, indicando el nombre de su padre en el Muro del Jardín de los Justos en Jerusalén, tras el reconocimiento por parte de Israel al capitán Hosenfeld como “Justo entre las Naciones” en 2009.

Los diarios y cartas del capitán Wilm Hosenfeld serían condensados en un libro que se publicó en el 2004, titulado “Ich versuche jeden zu retten” (“Intento salvar a todos”). Y el 4 de diciembre de 2011 se descubrió una placa en polaco y en inglés en el edificio de la Avenida Niepodległości 223, el histórico lugar en el que el capitán Hosenfeld conoció al pianista Wladyslaw Szpilman, conmemorando aquel encuentro y la ayuda prestada por el oficial alemán al músico.

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