¿Quién fue el mítico Marqués de Sade, el controvertido inspirador de la palabra sadismo?

Este célebre autor francés es considerado hoy el escritor maldito por antonomasia.

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El sadismo es definido por la ciencia médica como la conducta o comportamiento sexual que consiste en infligir sufrimiento físico o psíquico a otra persona, para experimentar excitación y satisfacción sexual. Sin embargo, pocos saben que el nombre de esta conocida parafilia y trastorno psicosexual deriva del noble y escritor francés Donatien Alphonse François de Sade (1740-1814), mejor conocido por su título nobiliario de Marqués de Sade, cuya vida estuvo marcada por excesos y supuestas perversiones sexuales y en cuyas novelas, cuentos y obras de teatro, consideradas inmorales y violentas en su época, primaba la idea de un ateísmo militante y el triunfo del erotismo desenfrenado y el vicio sobre la virtud, lo que le valió permanecer gran parte de su vida encerrado en diferentes prisiones y asilos para locos.

El actor Geoffrey Rush personificando al Marqués de Sade en la película "Letras Prohibidas" (2000).

El actor Geoffrey Rush personificando al Marqués de Sade en la película “Letras Prohibidas” (2000).

El Marqués de Sade nació el 2 de junio de 1740 en el seno de una antigua familia aristocrática de sangre borbónica de Provenza, perteneciente a la casa dinástica de los Sade. Y desde pequeño fue un niño brillante que leía todo lo que llegaba a sus manos, especialmente obras de historia y relatos de viajeros, que le permitían conocer las exóticas costumbres de otras latitudes.

Alumno de la Escuela de Caballería, en 1759 obtuvo el grado de capitán del regimiento de Borgoña y participó en la guerra de los Siete Años contra Inglaterra, donde se destacó por su arrojo y valor. Acabada la contienda, en 1766 contrajo matrimonio –obligado por su autoritario padre- con Renèe-Pélagie Cordier de Launay de Montreuil, la hija mayor de una acaudalada familia perteneciente a la nueva nobleza francesa. El matrimonio, que se instaló en un castillo en Normandía, tendría en los años sucesivos tres hijos: Louis-Marie, nacido un año después de la boda, Donatien-Claude-Armand y Madeleine-Laure.

Sade joven

La leyenda afirma que a los pocos días de casarse, el Marqués de Sade contrató los servicios de una prostituta llamada Jeanne Testard, con quien supuestamente practicó sodomía y múltiples actos violentos y sacrílegos con objetos religiosos. Testard denunció estos supuestos hechos, pero finalmente el joven Marqués quedó en libertad gracias a sus influyentes influencias familiares.

Cinco meses después de su boda, Sade viajó a París, y el 29 de octubre de 1763 fue arrestado y conducido a la fortaleza de Vincennes por orden del rey, donde pasó preso 15 días acusado de libertinaje y de escribir un misterioso manuscrito con un fuerte contenido sexual. Por entonces su aspecto físico era calificado de “agraciado”: rostro ovalado, ojos azules y cabellos rubios y ondeados, mientras que “sus movimientos eran perfectamente graciosos, y su armoniosa voz tenía acentos que tocaban el corazón de las mujeres”.

Retrato del Marqués de Sade en 1760.

Retrato del Marqués de Sade en 1760.

Insatisfecho con su matrimonio, el joven Marqués de Sade se convirtió en cliente asiduo de los prostíbulos de Madame Brissault y de Madame Hecquet, y de los teatros del gran París, ambiente en el cual se hizo de sucesivas amantes como Mademoiselle Colet, la señora Beauvoisin (una de las cortesanas más cotizadas de la Corte francesa) y jóvenes y bellas bailarinas y cómicas del Teatro Italiano, entre otras.

En 1767 falleció su padre y Donatien, que tenía 27 años, heredó varios feudos, así como el título de Conde de Sade, aunque siguió utilizando su título de Marqués como era costumbre en la familia, que utilizaba uno y otro título alternativamente de generación en generación. Sade no abandonó su vida licenciosa y en 1767 fue ascendido a capitán comandante en el regimiento del maestre de campo de Caballería, mientras seguía con su afición al teatro haciendo estrenar varias comedias de su autoría.

sade rush

En abril de 1768 ocurriría el famoso escándalo de Arcueil, que destruiría para siempre el prestigio del Marqués. Sade acudió a la Plaza de las Victorias de París, un lugar frecuentado por prostitutas, para contratar como criada a una mujer llamada Rose Keller, a quien llevó a su casa de Arcueil, donde supuestamente la azotó, forzó y flageló, derramando cera ardiendo sobre unos cortes que previamente le había realizado con un cuchillo. Sade, por orden del Rey y debido a este incidente que llegó a traspasar las fronteras de Francia, pasó en prisión siete meses. El incidente, deformado hasta el hartazgo, tendría graves consecuencias para su reputación y su futura carrera.

En 1772, después de un encuentro con varias prostitutas y después de un día de orgía, donde las meretrices dijeron que el noble francés las había sodomizado contra su voluntad, Sade fue acusado de haberlas envenenado con el afrodisíaco conocido como “mosca española”. El Marqués sería sentenciado a muerte –en ausencia- por sodomía y envenenamiento, y ejecutado en efigie en Aix-en-Provence el 12 de septiembre.

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Sade, a sabiendas que iban a arrestarlo, huyó a Italia en compañía de su cuñada Anne-Prospere, hermana de su esposa Renée, a la que habría seducido. A instancias de su influyente suegra, la influyente Madame Montreuil, que lo detestaba, Sade fue detenido por orden del rey de Cerdeña y encerrado durante 5 meses, aunque logró evadirse. Los siguientes años los pasó oculto en Italia y probablemente también en España, aunque también alternando estancias en el castillo de La Coste, donde vivía su esposa. Allí habría sucedido “el incidente de las adolescentes”, en el cual el Marqués habría utilizado a seis jóvenes que trabajaban para su esposa en supuestas prácticas sexuales.

El biógrafo Francine Du Plessix, al referirse a este incidente, relata que “sólo cabe remitirse a las coreografías realizadas en primeras fiestas del Marqués”.

Sade permaneció durante años prófugo de la justicia, pero, enterado de que su madre estaba agonizando, regresó a París junto con su esposa y, esa misma noche del 13 de febrero de 1777, fue finalmente arrestado en el hotel donde se hospedaban y encarcelado en la fortaleza de Vincennes, donde permaneció hasta 1874, cuando fue trasladado a la famosa prisión de La Bastilla, donde, según Sade, “estoy mil veces peor y mil veces más estrecho que en el desastroso lugar que he abandonado”. En prisión Sade se dedicó principalmente a leer y escribir, llegando a reunir una biblioteca de más de 600 volúmenes, donde destacaban clásicos como Petrarca, Cervantes, Bocaccio, Voltaire y Rousseau, sus autores favoritos.

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El 1 de abril de 1790 Sade salió por fin de prisión gracias a un indulto concedido por la Asamblea Nacional, que había surgido de la Revolución Francesa. Pero ya no era el mismo: tenía 51 años de edad, padecía una obesidad que, según él mismo, apenas le permitía caminar, había perdido gran parte de la vista, sufría una dolencia pulmonar y estaba moralmente deprimido: “El mundo que tenía la locura de echar tanto de menos, me parece tan aburrido, tan triste… Nunca me he sentido tan misántropo como desde que he vuelto entre los hombres”, escribiría por esa época.

Sade

Su esposa tramitaría la separación al poco tiempo, en uno de los primeros divorcios que se verificaron en Francia -luego de que la Revolución los instituyera-, lo que dejó a Sade no sólo sin familia, sino que arruinado económicamente. Sin embargo, algunos amigos lo ayudaron y conoció al poco tiempo a Constance Quesnet, actriz de 40 años de edad que tenía un hijo, a la que había abandonado su marido y que permaneció junto a él hasta el fin de sus días.

En 1791 el teatro Molière estrenó una de sus obras, “El conde Oxtiern o los efectos del libertinaje” y a fines de ese año el Marqués de Sade publicó clandestinamente su célebre y controvertida novela “Justine o los Infortunios de la virtud”, y mandó a imprimir su “Memorial de un ciudadano de París al rey de los franceses”.

Convertido ya en un hombre libre, el Marqués de Sade adhirió y participó activamente en el proceso revolucionario, aunque del bando de los moderados. Colaboró escribiendo diversos discursos, ayudó a organizar hospitales y la asistencia pública y bautizó con nuevos nombres a diferentes calles. Sin embargo, tras la llegada de Robespierre al poder y la instalación del Terror, se multiplicaron las decapitaciones y el mismo Sade, debido a su condición de político moderado, fue apresado y condenado a subir a la guillotina, aunque se salvó a última hora, supuestamente por la intervención de Constance (Sade le agradecería en su testamento el haberle salvado la vida y de haberle librado de la “guadaña revolucionaria”). El 15 de octubre de 1794, finalizado el periodo del Terror, Sade quedaría de nuevo en libertad.

sade divino marques

El Marqués intentó ganarse la vida en el teatro, pero terminó viviendo casi en la indigencia, pues sus obras literarias comenzaron a causar reacciones muy agresivas entre las autoridades, ya que muchas de ellas contenían explícitas descripciones de violaciones e innumerables perversiones, parafilias y actos de violencia extrema. El Emperador Napoleón Bonaparte, de hecho, tras leer años después la novela “Justine o los infortunios de la virtud”, distribuida clandestinamente en toda Francia, la arrojó al fuego no sin antes asegurar que “es el libro más abominable jamás engendrado por la imaginación más depravada”.

Debido a la mala fama de la novela “Justine”, que describía las desgracias de una joven que elegía el camino de la virtud, pero que era sometida a repetidos abusos por varios libertinos, Sade fue detenido el 6 de marzo de 1801, cuando visitaba a su editor para entregarle nuevos manuscritos.

Acusado de ser “el autor de la infame novela de Justine”, Sade fue recluido en Bicétre, institución mitad manicomio mitad cárcel, conocida en aquel tiempo como “La Bastilla de los canallas”, donde alienados mentales, mendigos, enfermos de sífilis, prostitutas y peligrosos criminales convivían hacinados en condiciones infrahumanas. Sin embargo, gracias a las influencias de Constance, su ex esposa Renèe y sus tres hijos, fue trasladado a Charenton, manicomio en el que los enfermos vivían en unas condiciones mucho más aceptables. Allí Sade fue diagnosticado de “demencia libertina” y permaneció recluido hasta su muerte.

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Durante su última reclusión Sade gozaría de cierta libertad, pues fue autorizado a representar algunas de sus obras teatrales para los otros internos, aunque también sería acusado de mantener una supuesta relación pedófila con la hija de 13 años de una de las enfermeras de Charenton, supuestamente a cambio de dinero. Maurice Lever, uno de sus biógrafos, basa la existencia de esa amoral relación en unos caracteres (una “O” cruzada con una línea en diagonal) presentes en algunos de los diarios de Sade y que supuestamente se refieren a un recuento de penetraciones anales.

El Marqués de Sade fallecería en el manicomio de Charenton el 2 de diciembre de 1814 y en su testamento dejó como heredera universal de sus escasos bienes a su compañera Constance, afirmando que “deseo expresar a esta dama mi extrema gratitud por la dedicación y sincera amistad que me prodigó desde el 25 de agosto de 1790 hasta el día de mi muerte”. También dejó estipulado que “una vez recubierta la fosa de mi tumba, será sembrada de bellotas a fin de que el terreno y el soto vuelvan a encontrarse tupidos como eran antes y las huellas de mi tumba desaparezcan de la superficie de la tierra, como espero que se borre mi memoria de la mente de los hombres, excepto un pequeño número de los que han querido amarme hasta el último momento y de los cuales me llevo a la tumba un recuerdo muy dulce”.

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A su muerte en 1814, uno de sus hijos quemó todos los manuscritos inéditos, incluida una obra en varios volúmenes, “Les Journées de Florbelle», que el Marqués había seguido escribiendo hasta el último de sus días.

Las obras que le sobrevivieron fueron el testimonio de una escritura totalmente original para su época, plagada de ironía y humor negro, por lo que Sade también sería considerado posteriormente como un moralista que denunció en sus trabajos toda la hipocresía moral de su época. En sus textos, de todos modos, prevalece la filosofía del interés y el egoísmo integral, donde cada quien hace lo que le place, con explícitas descripciones de violaciones e innumerables perversiones y parafilias sexuales llevadas a cabo por libertinos, antihéroes que mediante argucias de todo tipo justificaban su inmoral conducta.

El marqués de Sade escribió la mayor parte de sus obras en sus largos períodos de internamiento en prisiones y asilos para locos. La novela “Los 120 días de Sodoma”, escrita en 1785, por ejemplo, fue escrita mientras Sade se encontraba preso en La Bastilla. Esta obra, que describe una amplia variedad de perversiones sexuales perpetradas contra un grupo de adolescentes esclavizados, fue su trabajo más gráfico. Lo curioso es que el mismo Marqués murió pensando que este manuscrito original había sido quemado durante la toma de la Bastilla en 1789.

En la novela “La filosofía en el tocador” (1795), Sade relataba la completa perversión de una adolescente, llevada a cabo por unos infames “educadores”; y en 1782, también mientras se encontraba en prisión, escribió el relato corto “Diálogo entre un sacerdote y un moribundo”, en el que expresaba su ateísmo mediante el diálogo entre un cura y un viejo moribundo, quien convencía al primero de que su vida piadosa había sido sido un error.

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Cuando se le criticaba las explícitas descripciones de perversiones y parafilias sexuales que jalonaban los argumentos de sus escritos, Sade replicaba que “nunca, repito, nunca pintaré el crimen bajo otros colores que los del infierno; quiero que se lo vea al desnudo, que se lo tema, que se lo deteste, y no conozco otra forma de lograrlo que mostrarlo con todo el horror que lo caracteriza”.

La obra del Marqués de Sade sería valorada por prestigiosos escritores como Flaubert, Dostoievski, Swinburne, Rimbaud, André Breton (quien lo llamó “El Divino Marqués”); Henry James y el poeta y novelista francés Apollonaire, quien lo calificó como “el espíritu más libre que jamás ha existido”.

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