¿Sabía Estados Unidos del ataque a Pearl Harbor? Versiones conspirativas aseguran que sí

Algunos aseguran que el gobierno y los altos mandos sacrificaron a parte de su flota y a miles de hombres para convencer a la opinión pública de entrar a la guerra.

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El ataque japonés a la base naval norteamericana de Pearl Harbor (Hawai), el 7 de diciembre de 1941, que significó la entrada de Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial, fue una ofensiva militar sorpresa efectuada por la Armada Imperial nipona destinada a neutralizar el poder de la Flota de los Estados Unidos en las aguas del Pacífico y garantizar así la esfera de influencia de Japón en el sureste asiático. La base naval fue bombardeada por 353 aeronaves japonesas, que incluían cazas de combate, bombarderos y torpederos que despegaron de seis portaaviones, entregando un saldo final de cuatro acorazados norteamericanos hundidos y 188 aviones destruidos, además de severos daños en otros cuatro acorazados, tres cruceros, tres destructores, un buque escuela y un minador. En total murieron 2.403 estadounidenses y otros 1178 resultaron heridos de diversa consideración.

PEARL HARBOREl ataque a Pearl Harbor conmocionó profundamente al pueblo estadounidense y provocó directamente la entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, tanto en los teatros de guerra de Europa como del Pacífico. Al día siguiente del ataque, el 8 de diciembre, los Estados Unidos (cuando el presidente Franklin Delano Roosevelt calificó el ataque del 7 de diciembre como “un fecha que vivirá en la infamia”), le declararon la guerra al Imperio del Japón, y el apoyo interno en Norteamérica a la no intervención en el conflicto mundial, que había sido fuerte, desapareció de golpe, mientras que la asistencia clandestina al Reino Unido fue remplazada por una alianza plena. Consecuentemente, la Alemania Nazi y la Italia Fascista le declararon la guerra a los Estados Unidos el 11 de diciembre, en respuesta a las operaciones puestas en marcha en contra de la potencia asiática del eje, con lo que la guerra se volvió mundial.

Desde aquel 7 de diciembre de 1941 se ha especulado mucho si el ataque a Pearl Harbour fue una sorpresa o, por el contrario, los americanos tendieron una trampa a los japoneses para que estos entraran en una guerra que los norteamericanos estaban seguros de poder ganar. Así la opinión pública de los Estados Unidos, antibelicista en su mayoría, se decantaría contra el “Eje”. ¿Sabía el presidente Roosevelt de la inminencia del ataque de antemano? ¿Hubo una maniobra del gobierno de Estados Unidos para encubrir la verdad?

Por lo pronto, se sabe que el 7 de noviembre de 1941, un mes antes del ataque, el gabinete de Roosevelt discutió la posibilidad de si los Estados Unidos estaban en condiciones de hacerle la guerra al Japón. El presidente preguntó el parecer de la opinión pública, y Cordell Hull, uno de sus secretarios de Estado, le contestó que los ciudadanos tenían poca comprensión por los asuntos exteriores y que el Congreso sólo se decidiría por una declaración de guerra después de muchos meses de discusión. Así, Roosevelt se encontraba, al igual que ante una potencial intervención armada en Europa, atado de manos ante las barreras constitucionales. No podía tomar la ofensiva, por lo que era necesario que el adversario lo hiciera. Por otra parte, todas las posibilidades de intervenir en los acontecimientos mundiales sin hacer entrar en combate a las fuerzas armadas americanas, habían sido agotadas. No existía ningún medio de presión y la política exterior estadounidense había quedado en los hechos totalmente estancada.

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El Presidente Roosevelt.

 

En cuanto al hecho mismo de si el gobierno de Roosevelt estaba enterado del inminente ataque japonés a Pearl Harbor, existen interesantes datos para tomar en cuenta. Los servicios de inteligencia australianos, días antes del ataque, sorprendieron a un grupo de portaaviones de la Flota Japonesa en dirección a Hawai, por lo que enviaron a Washington la información de lo ocurrido. Pero, al parecer, Roosevelt la ignoró tomándola por un rumor de intereses políticos difundido por los Republicanos.

Según consta en varios archivos históricos, el 6 de diciembre de 1941 el presidente Roosevelt recibió un mensaje interceptado por la Marina de los EE.UU, enviado desde Tokio a una de las embajadas japonesas en Washington y que estaba cifrado en el código diplomático de alto nivel japonés. Una vez leído el mensaje, que declaraba la intención de Japón de poner fin a las relaciones con los EE.UU., Roosevelt habría afirmado: “Esto significa guerra”. El contenido de la transmisión también fue conocida por los generales George Marschall y Leonard Gerow y los almirantes Harold Stark y Richmond Kelly Turner, altos rangos militares en Washington, y los únicos autorizados para revelar ese tipo de información confidencial a sus subordinados que se encontraban en los potenciales escenarios de guerra.

Daños en Pearl Harbor

Daños en Pearl Harbor.

Sin embargo, esta crucial información jamás llegó a oídos de los uniformados que realmente necesitaban saberlo: el Almirante Husband E. Kimmel, comandante en jefe de la Flota de los EE.UU. en el Pacífico, en Pearl Harbor (Hawai), y el Teniente General Walter Short. Hasta el militar más ingenuo sabía que en caso de que los japoneses atacaran en el Pacífico, el objetivo natural sería la base naval de Pearl Harbor. Al amanecer de la mañana siguiente todos los temores se volverían realidad: los japoneses atacaron Pearl Harbor en un supuesto ataque sorpresa. Kimmel y Short no recibirían el mensaje descifrado de la declaración de guerra hasta por la mañana, cuando el ataque ya había comenzado en el Pacífico.

Posteriormente, los comandantes en jefe del Ejército y la Marina de los EE.UU., Marshall y Stark respectivamente, declararían después que el mensaje no se les había enviado a Kimmel y a Short, que después serían destituidos de sus puestos y serían crucificados por la opinión pública americana, porque la cantidad de transmisiones diplomáticas interceptadas por los mandos en Hawai era tan grande que una más no serviría sino para confundirles. Las investigaciones internas llevadas a cabo por el Ejército y la Marina durante las últimas semanas de 1941 y las primeras de 1942 concluyeron en todo caso que Stark y Marshall habían faltado a su deber al no informar a los mandos en Hawai. Dichas conclusiones, por cierto, fueron ocultadas a la opinión pública.

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Posteriormente tanto Marshall como Stark testificarían que no recordaban dónde se encontraban la noche que se recibió la declaración de guerra. Más tarde, un amigo íntimo de Frank Knox, Secretario de la Marina de los EE.UU., revelaría que Knox, Marshall y Stark habían pasado la mayor parte de la noche del 6 de diciembre de 1941 con el presidente Roosevelt en la Casa Blanca, aguardando el bombardeo de Pearl Harbor y la consecuente oportunidad de EE.UU. para entrar en la Segunda Guerra Mundial.

Para hacer aún más confusa la situación, los mandos americanos en Pearl Harbor también ocultaron o ignoraron numerosas advertencias sobre un inminente ataque. La más importante fue una transmisión diplomática que se interceptó, enviada a través de un falso boletín meteorológico de una estación de radio de onda corta japonesa, que decía “higashi no kaze ame”, que significa “viento del Este, lluvia”. Los estadounidenses ya sabían que éste era el código utilizado por los japoneses para referirse a la guerra con EE.UU y a un inminente ataque, pero los altos mandos del Ejército negaron la existencia del mensaje, aunque posteriormente éste sería recuperado.

Aviones Zero y Pearl Harbor

Aviones Zero y Pearl Harbor.

Pero ¿Por qué Roosevelt y los altos mandos sacrificarían a parte de la Flota de los EE.UU. en el Pacífico y a los miles de soldados que allí se encontraban? Algunos postulan que la decisión había sido tomada mucho antes de Pearl Harbor: la guerra contra las potencias del Eje Berlín-Roma-Tokio era vista como ineludible, y sólo un ataque contra territorio americano podría convencer a la opinión pública de entrar a la guerra.

El contraalmirante Robert Theobald, quien se encontraba al mando de uno de los destructores en Pearl Harbor, escribiría después que “la solución del presidente Roosevelt se basó en el simple hecho de que para protagonizar una pelea, hacen falta dos, pero uno de esos dos tiene que empezarla”. El historiador John Toland, en tanto, aseguró que “ese puñado de hombres, venerados y honrados por millones de personas, se convencieron a sí mismos de que era necesario faltar al honor por el bien de la nación y provocaron la guerra que Japón había tratado de evitar”. El vicealmirante Frank Beatty, ayudante del entonces secretario de la marina Frank Knox, explicaría que “antes del 7 de diciembre tuve muy claro que estábamos empujando a Japón hacia una esquina. Yo creía que el deseo del presidente Roosevelt y del primer ministro Churchill era de que entrásemos en la guerra, ya que ellos creían que los aliados no podían ganar sin nosotros y que todos nuestros esfuerzos para que los alemanes nos declararan la guerra habían fallado. Las condiciones que impusimos a Japón, como el embargo que les impusimos para que salieran de China, por ejemplo, eran tan severas que sabíamos que no podrían aceptarlas. Los estábamos forzando tan severamente que deberíamos saber que reaccionarían contra los Estados Unidos. Todos sus preparativos militares apuntaban en esa dirección”.

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Sin embargo, otros autores han preferido desmentir de plano tales versiones. El historiador militar Daniel Martínez, quien trabaja para el Monumento Nacional Pearl Harbor en Hawai, aseguró que “esta historia es sólo un mito y es el tipo de teoría conspirativa inventada para vender libros. Roosevelt quería ir a la guerra contra Alemania y lo último que necesitaba era una guerra en dos frentes. En la víspera del ataque a Pearl Harbor, Roosevelt le escribió al emperador Hirohito de Japón en un intento desesperado por evitar un conflicto militar con Tokio. Aunque los servicios de inteligencia en Washington sabían que un conflicto con Tokio era inminente, no había indicios de que la base naval de Hawai se convertiría en el primer objetivo. Muchos estadounidenses creían que las bases militares estadounidenses en Filipinas eran un objetivo mucho más probable para los japoneses. Nuestra vigilancia era por entonces muy rudimentaria y Estados Unidos también estaba cegado por su sentido de superioridad. Había una sensación de que los japoneses no podían ser capaces de hacer algo así. Los veíamos como inferiores militar y racialmente, incluso. Lo único irrebatible es que la entrada de Estados Unidos en el escenario bélico cambió totalmente el curso de la Segunda Guerra Mundial”.

Hoy, a más de 70 años del ataque japonés a Pearl Harbor, la mayoría de los historiadores creen que, si bien el presidente Franklin Roosevelt y los altos mandos militares norteamericanos eran conscientes de la probabilidad de un ataque japonés, no sabían con exactitud el cuándo y el dónde éste se produciría.

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