Simo Häyhä: El francotirador más letal de la historia que bautizaron como la “Muerte Blanca”

Este francotirador finés, que no usaba mira telescópica, abatió oficialmente a 505 soldados soviéticos en un lapso de 100 días.

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El 30 de noviembre de 1939, tres meses después que comenzara oficialmente la Segunda Guerra Mundial, estalló la denominada “Guerra de Invierno” entre la Unión Soviética y Finlandia, luego que los rusos invadieran el país finés con el propósito de apoderarse de su territorio y ricos recursos naturales y tener una salida directa al Mar Báltico.

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Esta guerra de 105 días de duración concluyó con el Tratado de paz de Moscú de 1940 y terminó con un triunfo pírrico de las fuerzas rusas, pues la Unión Soviética sufrió un verdadero desastre militar, con miles de pérdidas de vidas humanas y de abundante material militar. Además, debido a la terca y heroica resistencia del ejército finés, su posición internacional quedó seriamente menoscabada y fue puesta en duda la destreza combativa del Ejército Rojo, en un hecho que contribuyó fuertemente a la decisión de Adolf Hitler de lanzar la Operación Barbarroja (la invasión alemana de la Unión Soviética).
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El soldado más famoso y legendario que se destacaría en la Guerra de invierno de 1939-1940 fue Simo Häyhä (1905-2002), un pequeño soldado finlandés que en calidad de francotirador logró abatir oficialmente a 505 soldados soviéticos, convirtiéndose con ello en el francotirador más letal de la historia. Y debido a que Häyhä, además de su probada habilidad de francotirador, solía acechar y cobrar sus presas humanas en los boscosos y nevados paisajes de Finlandia vestido entera y oportunamente de blanco, fue bautizado por los rusos con el tétrico apodo de la “Muerte Blanca”.

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Simo Häyhä nació el 17 de diciembre de 1905 en el pueblo de Rautjärvi, una aldea ubicada cerca de la frontera de Rusia con el Gran Ducado de Finlandia, como el segundo hijo más joven de una familia de seis hermanos. Y desde niño, mientras ayudaba a sus padres en la granja familiar, sus hobbys fueron el esquí y la caza.

En 1925 Simo Häyhä cumplió su servicio militar alistándose en la Guardia Civil Finesa o “Suojeluskunta”, un cuerpo que provenía de la vieja Guardia Blanca que había combatido en la guerra civil del país contra la denominada Guardia Roja. En este cuerpo, el futuro héroe nacional de Finlandia pasó cientos de horas al aire libre perfeccionando su puntería y practicando actividades deportivas de tiro, lo que le valió convertirse en uno de los mejores tiradores de su unidad. Posteriormente fue ascendido a cabo después de completar el curso de suboficiales, superando las pruebas para convertirse en francotirador. Sin embargo, terminó retirándose a la granja familiar para llevar una vida más tranquila.

Simo Häyhä.

Simo Häyhä.

Luego que los soviéticos invadieran Finlandia el 30 de noviembre de 1939, enviando al Séptimo Ejército ruso apoyado por numerosos carros de combate, los finlandeses, al contrario de lo que hicieron los polacos con los alemanes unos pocos meses antes, optaron por retirarse a una sólida línea defensiva.

El confiado Ejército Rojo, pensando que la denominada Guerra de Invierno sería coser y cantar, se llevó una desagradable sorpresa luego de las primeras escaramuzas y de toparse con la feroz resistencia finlandesa.

Si bien las fuerzas soviéticas eran abrumadoramente superiores (el Ejército Rojo tenía 100 soldados por cada uno finés), no estaban entrenadas ni equipadas para la guerra invernal, pues los rusos creían erróneamente que ganarían la guerra en cuestión de semanas. No sospechaban que el ejército finés, consciente que eran escasos en número, había optado por hacer una feroz guerra de guerrillas, escondiéndose en los helados bosques y atacando sólo cuando el escenario era propicio. De ese modo, moviéndose por estrechos senderos en los bosques o esquiando silenciosamente sobre la nieve, le infringieron miles de pérdidas a los soviéticos.
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Cuando los soviéticos recurrieron a los tanques y blindados, los fineses, ante la ausencia de armas antitanque, debieron recurrir a la imaginación y el ingenio para destruir los tanques enemigos, inventando el célebre artefacto incendiario que sería luego conocido como “Cóctel Molotov”, una bomba incendiaria de fabricación casera cuyo propósito, más que la explosión, era de la expansión de los líquidos inflamables que contenía.

Tras desencadenarse la Guerra Ruso-Finesa en 1939 Simo Häyhä decidió reincorporarse al ejército de su país para luchar contra los soviéticos, sirviendo en la 6ª Compañía del 34º Regimiento de Infantería, destacándose de inmediato como un tirador infalible.

Simo Häyhä  (al lado derecho de la foto), fotografiado junto a un superior en febrero de 1940.

Simo Häyhä (al lado derecho de la foto), fotografiado junto a un superior en febrero de 1940.

Häyhä, ya fuera usando un Fusil Mosin Nagant M28 o un subfusil Suomi M-31 SMG para las distancias cortas, se acostumbró a disparar con temperaturas muy bajas -entre 20 y 40 grados bajo cero- poniéndose un trozo de nieve en la boca para evitar que su aliento revelara su posición. Además, acostumbraba compactar la nieve que había frente suyo para que no se desprendiese y delatase el lugar exacto en el que se había escondido y, obviamente, para apoyar sobre ella el arma y no errar el disparo.
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Simo Häyhä, al contrario que otros francotiradores célebres, odiaba disparar su fusil usando una mira telescópica, pues la luz del sol que se reflejaba en el cristal podía delatar dónde se encontraba, sin mencionar que los lentes de las miras solían romperse o empañarse debido al intenso frío.

Utilizando todos estos trucos, Simo Häyhä, en un total de 100 días, logró sumar un total de 505 bajas acreditadas con su fusil de francotirador (en la batalla del río Kollaa, acaecida en noviembre de 1939, aniquiló a 51 soldados soviéticos en sólo tres días), aún cuando algunos historiadores elevan este número total de fallecidos hasta 542 bajas. A todos estos cadáveres, además, hay que sumar otras 200 víctimas -no confirmadas- mediante el subfusil que Häyhä usaba en las distancias cortas.
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Simo Häyhä sería bautizado por sus enemigos soviéticos con el apodo de “Belaya Smert” o la “Muerte Blanca”, pues al hecho conocido de que era letal usando el cañón de su fusil, también solía acudir a la batalla vestido como un auténtico fantasma, cubierto con un abrigo blanco y unos guantes y una máscara del mismo color que le cubría casi la totalidad del rostro. Su baja estatura -1,52 m- también le resultó de gran ayuda a la hora de pasar inadvertido en el frente de combate.
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Los soviéticos, espantados por la letal efectividad de Simo Häyhä , elaboraron varios planes para acabar con el pequeño francotirador finés, incluyendo el envío de francotiradores y ataques de artillería, que no consiguieron ningún resultado. Sin embargo, el 6 de marzo de 1940 un disparo –una bala explosiva- que fue realizado al azar alcanzó a la “Muerte Blanca”, dejándolo fuera de combate.

El francotirador Simo Häyhä luciendo el lado izquierdo de su rostro desfigurado, después que una bala explosiva lo alcanzara  en marzo de 1940.

El francotirador Simo Häyhä luciendo el lado izquierdo de su rostro desfigurado, después que una bala explosiva lo alcanzara en marzo de 1940.

El disparo que alcanzó a Simo Häyhä entró por la parte superior de su labio y le perforó la mejilla, destrozándole el lado izquierdo de la cara hasta tal punto que se llegó a decir que “le habían volado medio rostro”. Para su fortuna, y a pesar de la gran cantidad de sangre que perdió, sus compañeros pudieron evacuarlo de la zona y llevarlo hasta un hospital cercano, donde permaneció en coma hasta el 13 de marzo de 1940, el mismo día en que Finlandia firmó la paz con la Unión Soviética a cambio de cederle una parte de su país.

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Herido e impedido para combatir, Simo Häyhä permaneció recuperándose el resto de la Segunda Guerra Mundial hasta que el conflicto terminó en 1945. Y necesitaría más de 10 operaciones quirúrgicas para recuperar parte de su rostro, quedando severamente desfigurado después del disparo. De todos modos, tras la guerra y como agradecimiento por sus servicios, Häyhä fue ascendido a teniente segundo por el mariscal de campo Carl Gustaf Emil Mannerheim, quien además lo condecoró con la Medalla de la Libertad de Finlandia.
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Después de la Guerra, ya siendo considerado un ilustre y célebre héroe de su país, Simo Häyhä se radicaría en una pequeña aldea llamada Ruokolahti, ubicada en el sudeste de Finlandia, cerca de la frontera con Rusia. Allí logró vivir en paz dedicado a la crianza de perros -animales por los que sentía una gran pasión- y a la caza de alces (una vez, de hecho, salió de cacería con el presidente finlandés Urho Kekkonen en 1963).

 

Simo Häyhä ya anciano, practicando en los bosques de Finlandia con su rifle de caza.

Simo Häyhä ya anciano, practicando en los bosques de Finlandia con su rifle de caza.

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Simo Häyhä, la “Muerte Blanca”, fallecería el 1 de abril del año 2002 a los 96 años de edad por causas naturales, siendo declarado “Héroe de guerra de Finlandia” y enterrado con todos los honores militares. Curiosamente, cuando en 1998 se le preguntó cómo llegó a ser tan buen tirador, Häyhä contestó que “practicando”. Y, con respecto a su formidable récord de muertes, que lo convirtieron en el francotirador más letal de la historia, simplemente respondió que “hice lo que me ordenaron de la mejor forma que pude”.

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