Toro Sentado: La cinematográfica vida del último gran jefe sioux que incluso trabajó con Buffalo Bill

El mítico líder sioux aniquiló al Séptimo de Caballería del general Custer, pero terminó recluido en una reserva y participando en el show de Buffalo Bill.

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A mediados del siglo XIX en Estados Unidos, en la zona correspondiente a los actuales estados de Dakota del Norte y Dakota del Sur, se establecieron los grupos indígenas Sioux. Y su jefe más célebre fue Toro Sentado, mítico y sabio hombre dotado de una gran fortaleza física y mental, ataviado con una larga pluma de águila en la cabeza y trenzas que bajaban por el torso, y quien se haría mundialmente famoso en las guerras indias contra el ejército estadounidense, a quienes le propinó la dura derrota de la batalla de Little Big Horn, donde fueron aniquiladas las fuerzas comandadas por el general George Custer.

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Toro Sentado nació en 1831 en el territorio del Grand River, en Dakota del Sur, como hijo de un jefe menor de la tribu Hunkpapa. Su primer nombre cuando niño fue Hakada o Tejón saltador, pero entre los 12 y 14 años años, después de matar a un joven búfalo con una flecha y distinguirse en un combate contra los guerreros Crow (“Cuervos”), donde logró alcanzar y matar a uno mientras cabalgaba durante la retirada, obtuvo la primera pluma de águila blanca, símbolo de acción valiente.

Su padre, henchido de orgullo, lo renombró entonces Toro Sentado (“Tatanka-Iyotanka”, en lengua indígena; y “Sitting Bull”, en inglés) en la ceremonia en la que se ganó el estatus definitivo de guerrero. El apelativo, por cierto, hacía alusión a la tozudez del bisonte cuando se encuentra sentado en sus ancas.

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A los 15 años, el joven guerrero sufrió su primera herida en batalla, durante un asalto sobre los caballos de la tribu Crow, cuando recibió un disparo en el pie izquierdo que lo dejaría cojo de por vida, aunque igual pudo matar al agresor con su cuchillo.

A los 25 años de edad, Toro Sentado había logrado expandir los territorios de caza de los sioux, y llegó a convertirse en caudillo de los grupos tribales, especialmente de los Silent Eaters que se caracterizaban por sus virtudes guerreras. Además, también era conocido por su sabiduría, generosidad y por conocer la espiritualidad lakota, una de las 7 tribus que formaban el pueblo Sioux, lo que lo hizo ganarse el título de curandero y chamán. Por todo lo anterior, en 1857 se ganó la designación de jefe tribal.

Entre 1863 y 1868, el ejército estadounidense comenzó a realizar periódicas incursiones en los campos de caza del territorio de los lakota, lo que provocó el estallido de las llamadas Guerras indias. Después de una rebelión de la tribu sioux santee en Minnesota, en junio de 1863, se desató una intensa campaña militar en la que Toro Sentado vivió su primera batalla contra las tropas gubernamentales. En 1864, volvió a pelear en la batalla de la montaña Killdeer, y les dio refugio a los sobrevivientes de la masacre de Sand Creek en el Territorio de Colorado, que había sido ejecutada por los militares estadounidenses en contra de las tribus cheyenne y arapajó.

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Ese mismo año, una joven mujer norteamericana llamada Fanny Kelly fue tomada como rehén por los sioux durante cinco meses, y pudo conocer a Toro Sentado, a quien describiría en los siguientes términos: “Era cortés y afectuoso con su esposa e hijos, y se comportaba de igual manera con los forasteros. En el tiempo que pasé con ellos, la comida escaseaba, y tanto Toro Sentado como su esposa preferían pasar hambre con tal de alimentarme. Mantengo un lugar para ambos en mi corazón”.

En 1865 Toro Sentado lideró una ofensiva contra los militares apostados en el fuerte Rice, en Dakota del Norte. Dos años después —ya respetado y reconocido por su intrepidez, a lo que se sumaban sus cualidades innatas de diplomático y buen orador—, fue elegido como el jefe máximo de la nación sioux, mientras que Caballo Loco le seguía en el mando.

Por entonces, el líder Sioux era estimado por sus habilidades tácticas y organizativas, en particular durante las luchas contra el ejército estadunidense, convirtiéndose en el enemigo más temido y peligroso. Según los testimonios de la gente que lo conoció, se caracterizaba por ser fuerte y robusto, por tener un rostro que denotaba mucha sabiduría, surcado por algunas cicatrices y por tener la piel más clara que el resto de los sioux.

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En 1868 el gobierno de los Estados Unidos pactó un tratado de paz con los sioux en Fort Laramie, donde se acordó que los indígenas se establecieran en la reserva de Black Hills -un sitio sagrado para los sioux- en el territorio de Dakota. Sin embargo, el descubrimiento de oro en Black Hills provocó la llegada de cientos de aventureros blancos que invadieron el lugar, lo que provocó la reanudación de la guerra entre el ejército norteamericano y los indígenas, quienes sólo querían preservar sus tierras ancestrales.

En 1876, el ejército estadounidense arrasó los asentamientos indígenas de Caballo Loco y del cheyenne Two Moon. Los indígenas que lograron escapar a esta masacre fueron recibidos por Toro Sentado, quien reunió un ejército de 15 mil hombres. El 17 de junio de ese año un ejército conjunto de sioux y cheyennes hicieron huir a la tropa del mayor George Crook en la batalla de Rosebud, acampando posteriormente en un lugar llamado Little Big Horn, donde llegaron otros tres mil indígenas que habían abandonado sus reservas para unirse a Toro Sentado.

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El 25 de junio de 1876, los soldados del 7.º de Caballería al mando del general George Armstrong Custer, un militar que se había destacado en la Guerra de Secesión estadounidense, intentaron sorprender a los indios acampados en Little Big Horn, pero terminaron totalmente derrotados, en lo que sería considerada la peor derrota de las fuerzas armadas norteamericanas en las Guerras Indias. El propio general Custer fallecería en el lugar junto a dos de sus hermanos, un cuñado y un sobrino que se contaban entre los combatientes.

El general George Armstrong Custer.

El general George Armstrong Custer.

La tragedia de Little Big Horn y la muerte del general Custer desató la ira de los estadounidenses, y desde entonces más tropas del gobierno comenzaron a asediar a los lakota, matando indiscriminadamente tanto a hombres, mujeres y niños. Paulatinamente, en vista de la superioridad militar de los norteamericanos, los jefes tribales sioux comenzarían a rendirse —entre ellos Caballo Loco—, siendo obligados a ceder sus tierras.

“¿Cómo pueden comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? No somos dueños de la frescura del aire ni el brillo del agua”, decía por entonces Toro Sentado, quien decidió resistir. En 1877, encabezó una marcha hacia el territorio de Canadá con unos mil seguidores, fuera del alcance de las tropas estadounidenses y cuyo número ascendería a cinco mil en los meses siguientes con la llegada de otros refugiados.

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En 1881 Toro Sentado, en vista de la dificultad para alimentar a su gente por la disminución de las manadas de búfalo, la negativa de los canadienses de otorgarles una reserva y darles raciones, la desaparición de varios jefes tribales y el ataque a las familias sioux, tomó la decisión de retornar a los Estados Unidos.

El 19 de julio de 1881 se dirigió al fuerte Buford, junto a su joven hijo Crow Foot, a quien entregó su rifle para que a su vez se lo diera al comandante del lugar en señal de rendición. Tras ese gesto, se firmó un acuerdo, en el que se le “otorgó” a Toro Sentado el perdón gubernamental por sus acciones. James Walsh, oficial canadiense que se relacionó con Toro Sentado en ese país, lo describió en los siguientes términos: “No era el criminal que algunos informes describían. No era un hombre cruel. Era afable. No era deshonesto. Era honrado. Amaba a su gente y extendía su mano a cualquiera que correspondiese su amistad”.

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En Estados Unidos, Toro Sentado y los suyos fueron confinados a la reserva de Standing Rock, en las Dakotas, cerca de donde el jefe sioux había nacido y donde mantuvo su autoridad entre los suyos. En ese lugar se encontraba cuando en 1885 el célebre Buffalo Bill –el coronel William Frederick Cody– lo invitó a participar de su espectáculo que recreaba las gestas del Viejo Oeste.

Tras obtener el permiso del gobierno de los Estados Unidos para unirse al show de Buffalo Bill, Toro Sentado viajó a través de los Estados Unidos, Canadá y Europa, ganando cincuenta dólares semanales por montar a caballo, sin mencionar que también ganaba algún dinero por firmar autógrafos.

Toro Sentado y Buffalo Bill.

Toro Sentado y Buffalo Bill.

Sin embargo, Toro Sentado se mantendría en el espectáculo durante apenas cuatro meses. Al parecer, el gran jefe indio no soportaba la sociedad “civilizada” del hombre blanco, especialmente cuando observaba la gran cantidad de pordioseros que vivían en las calles, a quienes él mismo daba limosna. Además, durante los shows, Toro Sentado recibía invariablemente ofensas por parte del público hostil que no olvidaba lo ocurrido en la batalla de Little Big Horn, aunque algunos aseguran que el gran jefe indio también insultaba en su idioma a los blancos que lo contemplaban como un raro ejemplar.

De ese modo, cansado de todo lo anterior, Toro Sentado pidió volver con los suyos a la reserva de Standing Rock, no sin antes entrevistarse con el presidente de los Estados Unidos Grover Cleveland.

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Tras volver a su reservación, Toro Sentado viviría con sus dos esposas, preservando su prestigio entre su pueblo y manteniendo una actitud escéptica ante cualquier promesa gubernamental.

En 1890 se difundió entre sus seguidores la ceremonia de la “Danza de los Espíritus” -enseñada por un místico de la tribu Paiute, llamado Wovoka- que profetizaba el retorno a las antiguas tradiciones y la derrota del hombre blanco. La ceremonia se hizo tan popular entre los jóvenes sioux que las autoridades temieron un rebrote de violencia. Los agentes federales con jurisdicción sobre los aborígenes pensaron que Toro Sentado fomentaba la revuelta, aunque éste, si bien sabía de la “Danza de los Espíritus”, sólo había permitido su difusión.

De ese modo, en la mañana del 15 de diciembre de 1890, 38 policías armados -algunos de ellos Sioux convertidos, que eran llamados “pechos de metal” por las medallas que portaban-, irrumpieron en la cabaña de Toro Sentado y lo arrastraron al exterior.

El jefe sioux aceptó ser detenido para evitar una confrontación, cuando Crow Foot, uno de sus hijos, le espetó: “siempre has sido un jefe valiente y ahora te dejas llevar por los senos de metal”. Entonces, la actitud de Toro Sentado cambió, y un policía indio, llamado Bull Head, le disparó en el pecho, hiriéndolo gravemente. A continuación, otro policía indio de nombre Red Tomahawk, le disparó a la cabeza, matándolo en el acto.

En el confuso incidente morirían 12 indios, incluyendo al hermano de Toro Sentado, Jumping Bull, y su hijo Crow Foot. Para algunos historiadores, el hecho fue premeditado y se conocería como “La batalla en la oscuridad”.

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Catorce días después de la muerte de Toro Sentado se produjo la matanza de Wounded Knee, donde un destacamento del 7.º Regimiento de Caballería masacró a 300 personas de la reserva india lakota de Pine Ridge, incluyendo hombre, mujeres y niños.

El cadáver de Toro Sentado sería enterrado en el cementerio del fuerte Yates. En 1953, un grupo de ciudadanos de Mobridge (Dakota del Sur), con el permiso de los descendientes de Toro Sentado y del gobierno, trasladaron los restos a una colina, donde se erigió un busto del jefe tribal cuyo autor fue Korczak Zoilkowski.

Monumento a Toro Sentado en la colina donde reposan sus restos.

Monumento a Toro Sentado en la colina donde reposan sus restos.

Toro Sentado ilustró personalmente su vida a través de la escritura pictórica, y de sus dibujos se desprende que hasta 1870 había participado en unas 63 batallas, algunas en contra de la tribu de los Crow (“Cuervos”), los enemigos históricos de los sioux, y otras contra los invasores blancos. En cuanto a la vida privada de Toro Sentado, se estima que desposó a cinco mujeres, con las que procreó doce hijos.

Hace un tiempo los medios norteamericanos informaron la confirmación de que un miembro de la etnia sioux llamado Enrie Lapointe resultó ser el bisnieto de Toro Sentado; esto, según se informó, se logró gracias a una prueba de ADN extraído del cuero cabelludo del gran jefe indígena.

El bisnieto de Toro Sentado.

El bisnieto de Toro Sentado.

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