¿Tuvo Adolf Hitler un antepasado de origen judío?

La abuela de Hitler, María Schicklgruber, dio a luz a un niño de padre desconocido. Esta es la historia.

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Algunos estudiosos han esgrimido desde hace décadas la teoría de que Adolf Hitler -uno de los hombres más controvertidos y odiados de la historia- tenía en sus venas un porcentaje de sangre judía, lo que no deja de ser paradójico tomando en cuenta que el intransigente y carismático líder alemán que desencadenó la Segunda Guerra Mundial postulaba el odio racial y la superioridad de la sangre aria por sobre el resto de las razas, a las cuales consideraba inferiores (Hitler las llamaba “Untermenschen” o “subhumanos”).

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Es conocido que la abuela de Hitler, María Schicklgruber, dio a luz en 1837 -cuando tenía 41 años y era soltera- a su primer y único hijo, Alois. María se negó a revelar quién era el padre del niño, por lo que el sacerdote lo bautizó Alois Schicklgruber y escribió “ilegítimo” en lugar del nombre del padre en el registro bautismal (aunque hay que consignar que la ilegitimidad en esa época era común en la Baja Austria y en algunas zonas alcanzaba hasta un cuarenta por ciento).

María Schicklgruber, la abuela de Adolf Hitler.

María Schicklgruber, la abuela de Adolf Hitler.

Tomando en cuenta que cuando María quedó embarazada trabajaba en una casa de una familia judía, algunos han postulado que el padre de Alois habría sido un judío llamado Leopold Frankenberger, aunque la mayoría de los historiadores se inclinan a pensar que el verdadero padre de Alois fue Johann Georg Hiedler (cuyo apellido, mutado a Hitler, finalmente fue puesto algunos años más tarde en el certificado de nacimiento de Alois) o bien Johann Nepomuk Hiedler, hermano de Georg, quien mantuvo económicamente a Alois hasta la adolescencia y más tarde le dejó una parte considerable de sus ahorros.

Alois Hitler, el progenitor de Adolf Hitler.

Alois Hitler, el progenitor de Adolf Hitler.

En el Libro “El Tercer Reich y Hitler”, se cuenta que “Alois Hitler arrojó otra nube negra sobre la vida de su hijo, una que el líder nazi no fue capaz de disipar: el misterio de la paternidad de su padre. Alois Hitler era el hijo ilegítimo de una campesina austríaca llamada María Schicklgruber, que le había concebido mientras trabajaba como sirvienta en la ciudad de Graz. Aunque un granjero del pueblo del Spital, en la parroquia de Döllersheim, tomó al niño Alois bajo su protección y posteriormente le dio su nombre –inscrito en los registros de la parroquia como Hitler- María Schicklgruber se llevó el secreto de la paternidad de su hijo a la tumba. Por más que lo intentó, Adolf Hitler nunca pudo determinar la identidad de su abuelo paterno, y nunca sacó el molesto tema en una conversación”.

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“Según Hans Frank, abogado de Hitler, en 1930 éste recibió una carta de un pariente que insinuaba que el misterioso ancestro había sido un judío. Temiendo ser objeto de un chantaje, Hitler despachó secretamente a Frank en la delicada misión de investigar la acusación. Frank volvió con la información de que la abuela de Hitler había estado trabajando en el hogar de una familia judía llamada Frankenberger cuando quedó embarazada…y que el señor Frankenberger la había mantenido durante 14 años después de abandonar su empleo. Hitler negó de plano que los pagos fuesen una indicación de paternidad, diciéndole a Frank que una vez su abuela le había confesado que se había visto obligada a aceptar dinero de un judío porque era muy pobre. Esta explicación fácil era una gran mentira. María Schicklgruber había muerto 35 años antes de que naciera Hitler”.

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“Las indagaciones realizadas posteriormente no dieron con ninguna prueba que sustentara el alarmante informe de Frank; los investigadores fueron incapaces de documentar las supuestas transacciones financieras, ni siquiera de confirmar la existencia de ningún judío llamado Frankenberger residente en Graz. No obstante, la posibilidad de que tuviese sangre judía en sus venas evidentemente atormentaba a Hitler. Montaba en cólera cuando sus allegados mencionaban siquiera el pueblo austríaco donde había crecido su padre, y ordenó la retirada de una placa que proclamaba orgullosamente que el Führer había pasado un tiempo allí en su juventud. Insistía obsesivamente en los peligros de la contaminación racial, y proyectaba su ansiedad al sugerir en privado que toda la población estaba contaminada: “Nuestra sangre está mezclada, corrompida”, se quejó una vez ante uno de sus colegas. “¿Cómo podremos purificarnos y expiarnos’”.

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En el libro “El Tercer Reich y Hitler”, finalmente, se cuenta que “en 1935 Hitler autorizó la inserción de una cláusula reveladora en las leyes raciales de Nuremberg. Estipulaba que “los judíos no pueden contratar a sirvientas alemanas de menos de 45 años de edad”. Esta nociva disposición, que sugería incluso que las mujeres de avanzada edad estaban indefensas ante la supuesta rapacidad de los hombres judíos, parecía ideada para evitar cualquier repetición del escándalo que Hitler temía en su propia familia: María Schicklgruber contaba 41 años de edad cuando concibió al padre de Hitler fuera del matrimonio mientras, supuestamente, servía en un hogar judío”.

Polémico estudio

Respecto a este tema, un reciente y controvertido estudio realizado por el periodista belga Jean-Paul Mulders y el historiador Marc Vermeeren -y que fue publicado por la prensa británica- habría confirmado la sospechada y paradoja de que el líder nazi habría tenido raíces judías y africanas, es decir, razas que para Hitler eran “infrahumanas”.

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Mulders y Vermeeren rastrearon a los parientes del Führer, y hallaron a 39 de ellos, incluyendo a un campesino austríaco que era su primo. Así, habrían encontrado supuestamente en su linaje el cromosoma llamado E1b1b1, muy poco frecuente en Europa Occidental, el cual se encuentra a menudo en los bereberes de Marruecos, Argelia y Túnez, así como entre judíos, tanto askenazi como sefardíes; de hecho, muchos estudios lo señalan como uno de los linajes genéticos fundadores de la población judía.

Mulders aseguró que “a partir de este supuesto, se puede concluir que Hitler estaba relacionado con personas a las que despreciaba. El cromosoma que revela las raíces poco conocidas del Führer se llama E1b1b1 (Y-ADN), muy presente en la familia Hitler y muy extraño en Europa. Según el estudio es muy común entre los bereberes de Marruecos, Argelia, Túnez y Liba. Y entre los judíos”.

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Según estos investigadores, este cromosoma lo comparten casi el 20% de los judíos askenazíes y del 8,6% al 30% de los sefaradíes, expulsados de España a finales del siglo XV y que se extendieron por el norte de África y varios países mediterráneos. El mismo cromosoma estaría presente en entre el 50% y el 80% de la población africana y en el 25% de los sicilianos y griegos, pero en Austria y Alemania es rarísimo.

Las supuestas raíces judías de Hitler, según los investigadores, serían askenazíes, procedentes de Europa central y de los países nórdicos. Ronny Decorte, profesor de genética en la Universidad belga de Lovaina, comentó que los resultados del estudio son “sorprendentes. No hubieran sido aceptados por Hitler, que además probablemente no sabía que tenía raíces norafricanas. Es difícil de prever qué pasará con estos datos, tanto para los detractores como para los defensores de Hitler”.

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