Vasili Záitsev: El letal francotirador ruso que mataba cinco soldados nazis al día

El “gran conejo rojo” fue responsable de la muerte de 242 soldados alemanes durante la batalla de Stalingrado.

Guía de: Mitos y Enigmas

El francotirador ruso más famoso de la Segunda Guerra Mundial fue Vasili Grigórievich Záitsev, responsable de la muerte de 242 soldados y oficiales del Ejército Alemán -entre ellos 10 francotiradores germanos- durante la cruenta y legendaria batalla de Stalingrado, que marcaría un punto de inflexión en el desenlace de ese conflicto bélico y que tendría proporciones épicas, con más de un millón de bajas y 700 mil heridos.

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Vasili Záitsev nació en 1915 en los Urales, donde, cuando era niño, solía salir de caza con un arco y, después de cumplir 12 años, con una escopeta que le había regalado su abuelo, quien pertenecía a una larga estirpe de cazadores de esa indómita región rusa. “Usa cada bala a conciencia, Vasili”, le decía su padre cuando ambos cazaban lobos en la taiga rusa. Al salir a cazar, Vasili solía embadurnarse con aceite de tejón para camuflarse bajo el olor de animal; y así, matando lobos, aprendió a rastrear y acechar, lo que le serviría, ya de adulto y según sus propias palabras, “para luchar contra esos otros depredadores bípedos (los alemanes) que llegaron a invadir nuestra patria”.

El futuro francotirador, que se convertiría en un héroe de la Unión Soviética, no era ningún ignorante. Ingresó en la escuela técnica de Magnitogorsk, estudió contabilidad y fue inspector de seguros. Y en 1937 ingresó como marinero en la flota rusa del Pacífico, pero, deseoso de acción, solicitó el ingreso en una compañía de fusileros, donde, supuestamente después que derribara accidentalmente a un aviador ruso con su rifle, fue castigado y enviado a combatir en el infierno de Stalingrado, donde “en el aire flotaba el hedor a carne abrasada”. Allí llegó como suboficial el 21 de septiembre de 1942.

En su primer combate contra las fuerzas alemanas de la Wehrmacht, el bajo y robusto suboficial Vasili Záitsev, un soldado de cara ancha y sonrisa franca, perdidas las bayonetas y las pistolas, mató a su primer soldado alemán estrangulándolo: “Finalmente dejó de forcejear y noté un olor nauseabundo, en el momento de morir se había defecado encima”, relataría Záitsev en su libro autobiográfico “Memorias de un francotirador de Stalingrado”.

En la defensa de las posiciones en la famosa fábrica “Octubre Rojo”, Vasili Záitsev debió experimentar en carne propia la denominada “Ratenkrieg” o “guerra de ratas”, cuando los soldados alemanes y soviéticos se enfrascaron en una lucha palmo a palmo por el control de Stalingrado en los sótanos y alcantarillas de la ciudad en ruinas.

Бой на лестнице

A finales de octubre de 1942 un coronel ruso presenció como Záitsev abatió con tres certeros disparos de su rifle de infantería a sendos servidores alemanes de una ametralladora. “Consíganle un fusil de francotirador”, ordenó de inmediato el coronel, quien le dijo entonces a Záitsev: “Ya lleva tres muertos, siga la cuenta a partir de aquí”. Y así, portando un nuevo rifle Moisin Nagant 91/30, Vasili Záitsev comenzaría su carrera como francotirador, anotándose varias hazañas, como la ocasión en que con una sola bala mató por la espalda a tres soldados alemanes que, alineándose uno detrás de otro durante unos segundos, corrían a refugiarse hacia sus posiciones. “Mataba a cuatro o cinco alemanes todos los días”, confesó en su libro el francotirador, que sería conocido entre los rusos y alemanes con el apodo de “el gran conejo rojo”, ya que su apellido en ruso significa “liebre”.

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En sus memorias Vasili Záitsev confesó que “me agradaba ser francotirador y gozar de la licencia para elegir a mi presa, a cada disparo es como si pudiera oír la bala atravesando el cráneo del enemigo. La mira telescópica me permitía conocer detalles del blanco. Y me encantaba observar el comportamiento del enemigo. Sabes si se ha afeitado, puedes ver la expresión de su rostro, canturrea. Y mientras tu hombre se frota la frente o inclina la cabeza para ponerse bien el casco, buscas el mejor punto para que la bala haga impacto. Ves a un oficial nazi salir del búnker y actuar de manera altiva, ordenando a sus soldados en todo momento y con aires de autoridad. El oficial no tiene ni idea de que sólo le quedan unos segundos de vida”.

landser alemán refugiándose de los disparos rusos en Stalingrado.

landser alemán refugiándose de los disparos rusos en Stalingrado.

En un pasaje de su libro, Záitsev relata que una vez impidió a su equipo de tres parejas de francotiradores disparar contra unos oficiales alemanes que, creyéndose seguros, estaban lavándose junto a una trinchera. “Esos tipos sólo son tenientes” –les dijo Záitsev a sus compañeros- “Si malgastamos balas con ellos, los peces gordos nunca asomarán la cabeza”.

Al día siguiente, los mismos francotiradores rusos, liderados por Záitsev, volvieron a la zona de baños y declinaron dispararle a un soldado que se había asomado sobre la trinchera. Fue entonces que aparecieron las valiosas presas que esperaban: un coronel acompañado por un francotirador con un gran fusil de caza, un mayor con la Cruz de Caballero con Hojas de Roble y otro coronel fumando tabaco en una larga y aristocrática pipa. “Nuestros disparos silbaron. Apuntamos a la cabeza, como exige el manual, y los cuatro nazis cayeron al suelo expirando el último aliento”, contaría Záitsev, quien en otra ocasión relató cómo había disparado contra otro oficial alemán que llevaba la Cruz de Hierro en el pecho: “Apreté el gatillo y la bala atravesó la medalla del alemán, que salió despedido hacia atrás con los brazos abiertos”.

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Cuando Vasili Záitsev se anotó más de cien muertes confirmadas, fue condecorado con la Orden de Lenin, aunque esto no le impidió seguir con su cruenta tarea como francotirador. La leyenda cuenta que el alto mando alemán, preocupado ante el creciente número de bajas causadas por Záitsev, envió al mayor alemán Erwin Konings (o König), supuesto director de la escuela de francotiradores de la Wehrmacht en las afueras de Berlín, con el propósito exclusivo de abatir “al gran conejo ruso”. Y así, durante varios días, ambos oponentes se movieron con sigilo entre los escombros de la ciudad de Stalingrado con el fin de estudiar el terreno y tratar de encontrar al otro, hasta que König hizo su primer movimiento, matando a dos francotiradores rusos con sendos disparos en las cercanías de una fábrica, por lo que Vasili decidió hacerle frente en la fábrica “Octubre Rojo”, al pie de la colina de Mamaiev Kurgan, que domina desde la altura la ciudad de Stalingrado. Al sitio fue acompañado por su amigo y colega Nikolái Kulikov.

El actor Jude Law personificando al francotirador Vasili Zátziev en la película bélica "Enemy at the gates" (2001).

El actor Jude Law personificando al francotirador Vasili Zátziev en la película bélica “Enemy at the gates” (2001).

En ese sitio también se encontraba el francotirador alemán, quien también se mantuvo oculto. Así estuvieron tres días con sus respectivas noches, esperando ambos con suma paciencia que el otro cometiera un error y delatara su posición. Al cuarto día, Vasili y Nikolái creyeron saber dónde estaba el tirador alemán y urdieron un plan para descubrirlo. Nikolái asomó un casco, el germano disparó y aquél se arrojó al suelo gritando de dolor. König, creyendo que había dado en el blanco, cayó en la trampa y se asomó para contemplar a su víctima, hecho que aprovechó Vasili para asestarle un certero disparo en la cabeza que terminó con su vida.

El actor Ed Harris personificando al comandante alemán Erwin König en la cinta "Enemy at the gates".

El actor Ed Harris personificando al comandante alemán Erwin König en la cinta “Enemy at the gates”.

Esta historia del enfrentamiento entre Záitsev y König, que fue recreada en la película bélica “Enemy at the gates” (2001), no está del todo probada ni documentada en ninguno de los dos bandos que se enfrentaron en las ruinas de Stalingrado. El reputado historiador británico Antony Beevor, autor de los notables libros “Stalingrado” y “Berlín: La caída 1945”, afirmó que “nunca existió un francotirador alemán llamado mayor Konings o König ni en fuentes oficiales alemanas ni rusas. Investigué todos los informes de francotiradores en Stalingrado que existen en los archivos del Ministerio de Defensa en Podolsk (TsAMO) y por tanto puedo decir con toda seguridad que el épico “duelo de francotiradores” entre los ases alemán y ruso nunca ocurrió. Si hubiera tenido lugar habría sido reportado en su momento, dado que era exactamente la historia que querían en Moscú para propaganda. Definitivamente, esa fabulosa historia fue inventada por los rusos después de la batalla”.

De acuerdo con otros autores, el nombre Erwin König no fue más que un nombre ficticio creado por los medios, pues su nombre real habría sido Heinz Thorvald, jefe de una escuela de francotiradores del ejército alemán. Hoy, en Rusia, se encontraría la mira telescópica del fusil de Thorvald, de la cual se dice que fue el más preciado trofeo de Záitsev y se exhibe actualmente en el Museo de las Fuerzas Armadas en Moscú.

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El famoso cronista de guerra ruso Vasili Grossman, por su parte, tampoco dejó constancia de ningún duelo épico, pero sí habla de un breve combate singular entre Vasili Zátsiev y un francotirador alemán, que duró… 15 minutos. El episodio, según Beevor, fue el que probablemente se exageró hasta convertirse en la saga épica de un prolongado duelo entre Zátsiev y el ilocalizable comandante Konings o König que pretendía hallar al ruso y matarlo.

Como sea que fuere, Vasili Záitsev se convertiría en un héroe nacional en la Unión Soviética, ya que según su propio relato, durante la batalla de Stalingrado “maté a 242 alemanes, incluyendo más de diez tiradores enemigos”. Ello le valió recibir condecoraciones como “Héroe de la Unión Soviética” (22 de febrero de 1943), el título de “Ciudadano Honorable de la ciudad de Volgogrado (Stalingrado)” (7 de mayo de 1980), 2 Órdenes de Lenin, 2 Órdenes de la Bandera Roja, una Orden de la Guerra Patriótica 1ª Clase y las medallas de la defensa de Stalingrado y de la victoria sobre Alemania en la Gran Guerra Patriótica 1941-1945.

El francotirador Vasili Záitsev saludado por sus camaradas de armas.

El francotirador Vasili Záitsev saludado por sus camaradas de armas.

Al final de su libro de memorias, Zátsiev detalló las heridas que sufrió en las postrimerías de la batalla de Stalingrado y que le significaron perder la vista a causa de la metralla de un proyectil de un lanzacohetes alemán Newerberfer, aunque pudo recuperarla después de un largo vía crucis. Posteriormente sus superiores no le permitieron volver al frente para evitar que los alemanes mataran a un valioso icono patriótico, por lo que Zátsiev se dedicó a formar francotiradores, que fueron conocidos como “leverets” (“lebratos”, es decir, crías de liebre, en un juego de palabras con su apellido que, tal como se mencionó anteriormente, se traduce como “liebre”). Se dice que 28 de estos francotiradores entrenados por el “gran conejo rojo”, después de aprender a ser precisos, pacientes y ser expertos en el arte del camuflaje, colocando sutiles señuelos, cobraron la vida de más de 3.000 soldados enemigos.

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El mismo Antony Beevor comentó que si bien Vasili Zátsiev fue un letal francotirador, sus hazañas fueron muy exageradas por la propaganda comunista rusa: “Él ni siquiera fue el mejor francotirador soviético en Stalingrado; lo fue el sargento Anatoli Chejov, quien a diferencia de Zátsiev usaba una especie de silenciador y no miraba a las caras sino a los uniformes. Su primer día mató a nueve alemanes, el segundo a 17, en ocho días, a 40. En total eliminó en Stalingrado a 256 enemigos. En 1943, en Kursk, perdió ambas piernas. Pero ni él ni Zátziev fueron los mejores francotiradores rusos: Iván Sidorenko ostenta el récord con 500 muertos y le siguen otros cinco que pasan de los 400. Una mujer francotiradora, la comandante Lyudmila Pavlichenko, contabilizó 309. Tras la guerra se reconvirtió en historiadora”.

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Después del término de la Segunda Guerra Mundial, Vasili Zátziev, ya con el rango de capitán, fue desmovilizado y trabajó en una factoría textil en Kiev, sin dejar nunca de recordar sus días de combate. Allí obtuvo un empleo como ingeniero. Posteriormente se convirtió en director de una fábrica de textiles y permaneció en esta ciudad hasta su muerte en 1991, a la edad de 76 años, sólo diez días antes de la disolución de la Unión Soviética.

El francotirador Vasili Záitsev en sus últimos años de vida.

El francotirador Vasili Záitsev en sus últimos años de vida.

Inicialmente Vasili Zátziev fue sepultado en Kiev, pero sus restos serían trasladados posteriormente a la antigua ciudad de Stalingrado, hoy Volgogrado, donde reposan en la colina Mamaiev Kurgan, su antiguo coto de caza. Y sus textos sobre la labor de los francotiradores -soldados de infantería expertos en tareas de camuflaje y tiradores de élite, que disparan con un rifle de precisión a grandes distancias y desde un lugar oculto, a objetivos seleccionados-, aún se estudian en las escuelas militares rusas.

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