La historia de Autumn Durald Arkapaw: La fotógrafa que rompió casi un siglo de historia
Guía de: Mujer
- Alejandra Lizana
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Los últimos Premios Óscar entregados hace unos días en Los Ángeles marcaron varios hitos, entre ellos que, por primera vez, una mujer fue premiada como directora de fotografía. Se trata de Autumn Durald Arkapaw, quien fue reconocida por su extraordinario trabajo en Sinners. No es solo un hito estadístico; es una reconfiguración total de la mirada cinematográfica y un golpe de autoridad en la disciplina técnica más masculinizada de la industria del cine.
Se trata de la culminación de 98 años de historia en los que ninguna mujer había logrado sostener esa estatuilla dorada. Arkapaw, a sus 46 años, ha logrado lo que parecía una utopía técnica, demostrando que la sensibilidad estética y el rigor tecnológico del formato IMAX no tienen género.
Para entender la magnitud del logro de Autumn Durald Arkapaw, es imperativo mirar hacia atrás. Durante los 98 años de historia de la estatuilla más famosa de Hollywood, la categoría de Mejor Fotografía fue, durante décadas, el último reducto donde las mujeres no eran siquiera invitadas a la conversación. Además, esta situación contrasta con lo que ocurre en categorías como Diseño de Vestuario o Maquillaje, donde la presencia femenina ha sido histórica.
Cabe precisar que este sesgo machista en la dirección de fotografía (DP) se mantuvo bajo la excusa de aspectos técnicos y de esfuerzo físico, que se utilizaban, de forma velada o explícita, para excluir a las profesionales.

Pero ¿quién es Autumn Durald Arkapaw? Nacida en Oxnard, California, en diciembre de 1979, es el resultado de un crisol cultural que ha definido su mirada única. Hija de madre filipina y padre afroamericano criollo, su herencia es una mezcla de resiliencia y tradición visual. Creció en el Área de la Bahía de San Francisco, donde su amor por las imágenes comenzó no en un set de cine, sino en los álbumes de fotografías familiares de su abuela, que registraban viajes y momentos con una textura que ella describe como su primera ventana al mundo.
Su formación académica es una pieza clave para entender su éxito. A diferencia de muchos directores de fotografía que se forman exclusivamente en la técnica, Arkapaw estudió Historia del Arte en la Universidad Loyola Marymount (LMU), graduándose en 2002.
Esta base intelectual le permitió comprender la cinematografía no solo como un oficio mecánico, sino como una práctica ética e intelectual que decide cómo se encuadran las historias y de quién son esas historias que vemos en pantalla.
Posteriormente, perfeccionó su técnica en el Conservatorio del American Film Institute (AFI), donde obtuvo su Maestría en Bellas Artes en Cinematografía; fue allí donde comenzó a forjar su estilo, caracterizado por una iluminación atmosférica y un uso magistral de los lentes anamórficos.
Tras pasar años en las “trincheras” de la industria, trabajando en publicidad y videos musicales (incluyendo el icónico “Lift Me Up” de Rihanna, su transición al cine de gran escala fue inevitable. Debutó entonces en el largometraje con Palo Alto (2013) junto a Gia Coppola, donde estableció una estética etérea y juvenil, consolidando luego su reconocimiento con Loki (2021), trabajo que le valió una nominación al Emmy al transformar la estética tradicionalmente brillante de Marvel en un mundo texturizado y visualmente complejo, y alcanzando una nueva dimensión con Black Panther: Wakanda Forever (2022), su primera colaboración con Ryan Coogler, en la que manejó la escala épica de una superproducción con una sensibilidad íntima hacia el duelo y la identidad.
Sinners, dirigida por Ryan Coogler, no es solo una película de terror sobrenatural; es una declaración política y cultural ambientada en el Mississippi de 1932, durante la era de Jim Crow. La película utiliza el mito del vampiro para explorar las realidades vividas por los afroamericanos, entrelazando la religión, el blues y la lucha por la propiedad y la identidad.
La labor de Autumn Durald Arkapaw en esta cinta fue monumental. Se convirtió en la primera mujer directora de fotografía en rodar un largometraje utilizando una combinación de película IMAX de 65 mm y Ultra Panavision 70. Esta decisión técnica no fue un capricho decorativo; fue una herramienta narrativa para contrastar la inmensidad de los paisajes del delta del Mississippi con la claustrofobia del racismo sistémico y la amenaza sobrenatural.
Claro que rodar en IMAX no es fácil, las cámaras son pesadas, ruidosas y requieren una precisión milimétrica. Pero Arkapaw, lejos de amilanarse, buscó consejo en referentes como Hoyte van Hoytema (fotógrafo de Oppenheimer), quien la alentó a tratar el equipo IMAX con la misma libertad que cualquier otra cámara.
Volviendo a los Oscar es destacable que cuando Autumn subió al escenario del Dolby Theatre para recibir su Oscar, no lo hizo sola. En un gesto que a pocos días ya es parte de la mitología de los premios, pidió a todas las mujeres en la sala que se pusieran de pie.
“Me siento muy honrada de estar aquí y quiero que todas las mujeres presentes se pongan de pie, porque siento que no estaría aquí sin ustedes”, declaró emocionada. Este acto de sororidad subrayó que su victoria es colectiva, el resultado de una campaña de amor y apoyo de muchas mujeres que han abierto camino antes que ella.
Arkapaw también dedicó palabras a las “niñas que se parecen a mí”, enfatizando la importancia de la representación: “Tienes que verte para ser tú”. Tras 98 años de ver a hombres blancos dominar esta categoría, su presencia en el escenario con el Oscar en la mano envía un mensaje potente a las escuelas de cine de todo el mundo: el visor de la cámara ya no tiene dueño exclusivo.
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