La sorprendente historia de la madre que vivió en una cueva con sus hijas
Guía de: Mujer
- Alejandra Lizana
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La muerte de un hijo es uno de los golpes más devastadores que puede atravesar una familia. Precisamente eso le ocurrió a Nina Kutina, una mujer rusa de 40 años que, tras perder a su primogénito, decidió retirarse a vivir a una cueva en el estado de Karnataka, en el sur de India, cerca de la turística localidad de Gokarna, junto a sus dos hijas pequeñas.
Todo comenzó luego del trágico fallecimiento de su hijo mayor, Dmitry, quien murió en un accidente de tráfico en Goa en septiembre de 2024. Abrumada por el dolor, Nina eligió refugiarse en la naturaleza, buscando una forma propia y profundamente íntima de vivir su duelo y rendir homenaje a su hijo.
Durante aproximadamente nueve meses, Nina y sus hijas —Prema y Ama, de cinco y seis años— habitaron esa cueva. Aunque austero, el espacio estaba cuidadosamente decorado con artesanías familiares y elementos naturales. Habían improvisado camas sobre tablas y llevaban una vida sencilla y manual, en estrecho contacto con el entorno. Aun así, mantenían cierto vínculo con la civilización: cerca del lugar había un pequeño pueblo donde podían comprar frutas y otros artículos básicos.
La situación cambió cuando la policía las encontró, luego de avistar a su hijo Luchezar caminando por un bosque. El joven vivía con un amigo en Arambol, en un estado cercano, donde asistía a la escuela. Tras ser localizada, Nina fue detenida y trasladada a un centro de detención para migrantes, experiencia que describió como la parte más dura de todo el proceso. Según sus palabras, la vida allí fue “más salvaje” que en la cueva, debido a las precarias condiciones y la angustia de estar separada de su otro hijo, que seguía viviendo en Rusia.
Pese a todo, Nina insiste en que su vida en la cueva fue buena y saludable para sus hijas. En su canal de Telegram, PecheRNaYa ZhizN (“Vida en la Cueva”), relataba su rutina, anunciaba clases de tejido y aseguraba que incluso en el centro de detención continuó enseñando dibujo y escultura.
Quienes la conocen confirman que este estilo de vida no era nuevo para ella. Vasily Kondrashov, un conocido suyo en India, la describió como “legendaria”, recordando que hace una década ya había vivido con sus hijos en la selva de Goa: “Entre las raíces gigantes de un árbol tropical, Nina creó dos habitaciones cubiertas con tela: una sala de estar con un altar y un dormitorio”, relató.

Tras su detención, Nina fue finalmente extraditada a Rusia, donde actualmente reside en Moscú con sus hijas. Hoy optó por la educación en casa, priorizando el bienestar emocional y la estabilidad familiar. Aunque la vida le ha puesto pruebas durísimas, Nina se mantiene esperanzada y ya planea obtener nuevos documentos que, según dice, les permitan seguir explorando el mundo y vivir nuevas aventuras juntas.
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