Inicio » Mujer »

¿Por qué nos da más hambre en invierno? La explicación de la ciencia detrás de los antojos

Comer más cuando baja la temperatura no es falta de voluntad: es biología. Y una vez que entiendes ese mecanismos, estás preparado para no quedar a su merced.

Guía de: Mujer

Piensa en un día de lluvia. Ves las gotas caer por la ventana, la casa está caliente y tú estás concentrado en tu actividad favorita. Difícilmente piensas en comer un brócoli al vapor. El cuerpo pide sopaipillas, chocolate, pan tostado con mantequilla, churros, en definitiva  algo caliente y bien calórico. Esa necesidad no es falta de voluntad: es una respuesta biológica que tiene nombre científico y una explicación que vale la pena entender.

Cuando hace más frío, baja la temperatura corporal y, como consecuencia, el metabolismo necesita quemar más calorías para mantenerse en torno a los 36 o 37 grados centígrados. Ese proceso, llamado termogénesis, genera una señal de hambre real y legítima. El problema es que ese mayor gasto calórico no es tan significativo como el cuerpo nos hace creer, porque los seres humanos contrarrestamos el frío abrigándonos, encendiendo la calefacción o tomando bebidas calientes.

chocolate

A eso se suma un factor hormonal. Los cambios estacionales afectan distintas hormonas relacionadas con el hambre y la saciedad, y el antojo por carbohidratos podría estar relacionado con variaciones en neurotransmisores como la serotonina y la dopamina, influenciadas por la menor exposición a la luz solar. Dicho de otro modo: el cuerpo busca en el pan y el chocolate el bienestar que el sol no está entregando.

Y ahí estamos, luchando contra el frío, que además de resfriarnos muchas veces nos da más hambre y hace que nos movamos menos, dejándonos en casa durante más tiempo. Eso genera aburrimiento y comenzamos a comer por inercia o simplemente porque las tentaciones están al alcance de la mano. Esa es la diferencia entre el hambre fisiológica, que responde a una necesidad real del cuerpo, y el hambre emocional, que responde al tedio, el encierro o el estrés.

La respuesta no es resistir los antojos a pura fuerza de voluntad, porque esa estrategia tiene una tasa de fracaso altísima. La clave es redirigir esos antojos hacia alternativas más saludables. Sopas, caldos y guisos son ideales para mantener el cuerpo caliente y proporcionar saciedad en los días más fríos. Además, satisfacen el mismo impulso de buscar algo reconfortante sin el costo calórico de la fritura. Un tazón de sopa de lentejas cumple prácticamente la misma función térmica que unas sopaipillas, pero aporta mucha más proteína y fibra.

sopaipilla-gmvozd-2

Sin embargo, no basta con comer cosas calientes para tener los antojos bajo control. También, hay que mantenerse activo ya que el ejercicio no solo ayuda a controlar el peso, sino que mejora el estado de ánimo y la salud en general. Además, no tiene por qué ser una hazaña: bastan 30 minutos de movimiento diario dentro de casa, una caminata rápida antes de que oscurezca, subir escaleras o un poco de bicicleta estática. La idea es interrumpir el sedentarismo que el invierno instala con tanta naturalidad.

Más sobre Mujer