Viuda de Steve Jobs: La reconocida labor filantrópica que ha realizado con su millonaria herencia
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- Alejandra Lizana
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Historias de herederas famosas que han multiplicado o dilapidado el legado de sus maridos o padres hay varias. Pero casos de mujeres que han decidido destinar gran parte de su fortuna a la filantropía, mientras continúan incrementando ese patrimonio, son pocos, casi excepcionales. Y eso es precisamente lo que ocurre con Laurene Powell Jobs.
Cuando en 1989 llegó tarde a una conferencia en Stanford y se sentó, casi por azar, junto al expositor principal, ya era una profesional brillante, con carrera propia y un futuro prometedor. Que ese expositor fuera Steve Jobs y que tras ese encuentro vinieran 22 años de vida en común forma parte de la historia de la tecnología. Pero lo que Laurene ha construido después de la muerte de Jobs dice mucho más de ella que cualquier apellido.
Cuando Steve Jobs falleció en 2011, Laurene heredó su participación accionaria en Apple y Disney, valorada entonces en torno a los US$ 10.000 millones. Podría haber administrado ese capital con cautela, hacerlo crecer y transmitirlo íntegramente a sus hijos. Sin embargo, eligió un camino completamente distinto.

Su postura es tan clara como poco frecuente entre las grandes fortunas del mundo: “No me interesa construir sobre el legado de una herencia y mis hijos lo saben. Steve no estaba interesado en eso. Si vivo lo suficiente, esa herencia terminará conmigo”. Una declaración que no parece retórica, sino un verdadero programa de vida.
Para canalizar su proyecto filantrópico, Laurene creó dos organizaciones. La primera, Emerson Collective, concentra sus esfuerzos en educación e igualdad de oportunidades para comunidades en riesgo de exclusión. La segunda, Waverley Street Foundation, tiene alcance internacional y financia proyectos vinculados al cambio climático, la salud, la educación y la preservación de entornos naturales.
Su meta concreta es invertir US$ 3.500 millones en esta última iniciativa durante los próximos diez años. Una cifra que ella misma contextualiza con honestidad: “Heredé mi riqueza de mi esposo, a quien no le importaba acumularla. Hago esto en honor a su trabajo y he dedicado mi vida a distribuirlo de manera efectiva, ayudando a personas y comunidades de forma sostenible”.
A diferencia de otros grandes filántropos como Bill Gates o Warren Buffett, Laurene, no se integró a The Giving Pledge. Prefirió construir su propio camino, enfocarse en sus propias causas y mantenerse al margen de rankings de generosidad.
Lo más llamativo es que, pese a años de donaciones sostenidas, su fortuna actual se estima en unos US$ 14.000 millones, una cifra superior a la heredada, gracias a la revalorización de las acciones de Apple y Disney. Eso da una dimensión tanto de lo que ya ha entregado como de lo que todavía planea donar.
Sus tres hijos —Reed, Erin y Eve— han desarrollado carreras propias y alejadas del peso del apellido: medicina oncológica, arquitectura y modelaje, respectivamente. Ninguno parece estar esperando una gran herencia. Y probablemente eso es exactamente lo que Laurene Powell Jobs siempre quiso lograr.
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