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Brian Wilson: el talento incombustible

El hombre de The Beach Boys puso todo su genio al servicio de recrear el mundo del gran compositor norteamericano George Gershwin. El resultado es un disco hermoso, parte de lo mejor del repertorio musical de 2010.

No es que el suyo sea el nombre esencial en una de las bandas norteamericanas más influyentes de la historia, The Beach Boys. Es que él mismo, Brian Wilson, tiene mérito para quedarse con el rótulo de mayor compositor en la historia del pop estadounidense. Y si no el mayor, porque siempre habrá quien discuta aquello de las estadísticas y los ránkings, es al menos uno de los más grandes y más profundos, puro talento, completitud y fineza, un artista de esos que, de tan increíbles, si lo piensas un poco y les das el valor que se merecen, hasta te dan ganas de llorar.

Brian Wilson

Foto: El Mercurio

Brian Wilson fue el gran artífice de The Beach Boys, quizá la primera gran banda pop norteamericana.

Sólo Brian Wilson, un tipo cuya historia habla de problemas severos con las drogas y tempranas temporadas en el infierno de la inestabilidad emocional y el manicomio, podía meterse en un lío gigantesco y salir indemne, incluso con gloria: reinterpretar al autor de decenas de clásicos como “Summertime”, George Gershwin, completando incluso un par de sus temas inconclusos, para dar vida a unos de los discos más hermosos de 2010, “Brian Wilson reimagines Gershwin”. Sólo Brian Wilson.

Breve resumen:

Brian Wilson

Foto: El Mercurio

The Beach Boys ya había timbrado una decena de hits cuando en 1966 lanzó un disco fundamental en la historia del pop, "Pet sounds".

Wilson partió su vida musical, como la mayor parte de los grandes del pop, en la casa paterna. Junto a sus hermanos Dennis y Carl, su pariente Mike Love y un amigo llamado Al Jardine, dio vida en 1961 a The Beach Boys, un grupo californiano, quizá la primera gran banda popera norteamericana, cuyo primer single se llamó “Surfin” y en cuyo horizonte figuraban las mezclas de agrupaciones vocales blancas como The Four Freshmen y la fuerza rockera y menos políticamente correcta y convencional de un negro como Chuck Berry.

Tenía sólo 23 años cuando en 1966 su banda lanzó el melancólico y dulce “Pet sounds”, según “Rolling Stone” el segundo disco más importante en la historia del pop, sólo superado por “Sgt. Pepper’s lonely hearts club band”, de The Beatles. Antes de ese álbum, un trabajo que cambió las reglas de la producción musical por su complejidad, capas sonoras, innovación en el uso de instrumentos y arreglos sofisticados, Wilson ya había timbrado al menos una docena de exitos ligeros junto al grupo; entre otros “Surfer Girl”; “California girls”, que en los años 80 David Lee Roth resucitaría en una versión más rockera y picante; “Barbara Ann”, y por supuesto “Surfin’ USA”, quizá la canción más universal y famosa (aunque no la mejor) de la agrupación, un gran clásico del pop playero. Ese mismo año salió “Good vibrations”, el single más exitoso en la historia de The Beach Boys y un himno pop, que el bueno de Brian calificó como una “sinfonía de bolsillo”.

Hay una laguna en la vida artística de Brian Wilson entre fines de los años 60 y 1988, año en que al fin se liberó de sus demonios para comenzar a articular una carrera en solitario. En ese gran lapso de oscuridad musical no sólo se excedió en el consumo de cocaína y engordó; también perdió parte de su hermosa voz de tenor, capaz de falsetos y otras florituras, y se embarcó a cambio en tratamientos que lo ayudasen a salir de superar la bipolaridad y la esquizofrenia de las que fue diagnosticado. Finalmente, ya en la década de los 2000 y tras rehacer su vida familiar, consiguió una nueva estabilidad emocional y artística. De esa etapa, que dura ya una buena década es su homenaje a Gershwin.

Brian Wilson

Foto: El Mercurio

Para Brian Wilson, Gershwin es el autor de piezas musicales perfectas.

¿Qué decir de ese disco? Primero: hay que oírlo. Y completo. Porque es un compendio entrelazado de 14 momentos esenciales del autor de “Porgy and Bess”, pasadas por el cedazo de Brian Wilson; o sea, coros y arreglos de cuerdas al servicio de un pop suave y dulce, muy melancólico, en el que hay incluso toques de bossa (” ‘S wonderful”): ni una canción repite el estilo musical de otra, y se transita también por el rock and roll, el swing y algo de bluegrass. “The like in I love you” y “Nothing but love” son los dos temas “nuevos”, los que Wilson completó.

“Rhapsody in blue”, en una versión a capela, abre y cierra el trabajo. Se erige así como leit motiv y tronco sobre el que se desenvuelve el resto. Wilson sigue en ese sentido una estructura similar a la que probó con “Pet sounds” y con “Smile”, uno de sus proyectos en solitario, también originado en los años 60, su época de mayor ebullición. Para el “beach boy”, Gershwin es el autor de la música “más hermosa del mundo”, y se nota: logró con este álbum rozar la hermosura y producir un imperdible, digno -cómo no- de su talento incombustible.

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