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Cinco canciones para la Navidad

¿Cómo elegir cinco temas sin equivocarse? Eligiendo y equivocándose. Esta lista, hecha al gusto de quien firma, reúne lo más tradicional de la herencia navideña norteamericana. Para quien disfrute con tales texturas, será un placer. Lo damos firmado.

Si hay un ejercicio entrenido, aunque a veces injusto, es el de los ránkings: siempre dejan fuera algo o a alguien que, uno considera, debió ser incluido. Pero qué importa. Ya que nos acercamos a la Navidad y puesto que hay tanto donde elegir, recurramos igual al formato dejándonos llevar sólo por el gusto personal, para armar una pequeña banda sonora que acompañe la fiesta.

Para matizar y abrir el abanico, será en dos partes. Una -que es ésta- completamente típica y otra -que irá en otro post- un poco, sólo un poco, más alternativa. Vamos con  juego.

Diana Krall

Foto: El Mercurio

Krall hace un notable despliegue de talento para esta vital versión de "Jingle bells".

1) “Jingle bells”, por Diana Krall. Quizá más clásica de las canciones navideñas venidas desde la cultura norteamericana. Según una página especializada en villancicos (créanlo, ¡existe!) fue creada en realidad para la celebración de Thanksgiving, otra cumbre de la tradiciones de América del Norte, que en Estados Unidos se celebra el cuarto jueves de noviembre. Fue compuesta en 1857 para los niños de una escuela de Boston y se hizo tan famosa que se instaló también como canción de Navidad, probablemente por su letra: habla de campanas y es perfecta para representar la llegada del carro de Santa Claus tirado por renos y precedido por el ruido de metales campanillescos. La extraordinaria Krall nos entrega de ella una versión completamente jazzística, llena de swing y fuerza, un poco más acelelerada de lo habitual y apoyada por una estupenda sección de bronces.  Es una interpretación hecha con cariño: la cantante despliega todo su talento con una breve muestra de scat y un solo de piano. Brillante.

Nat King Cole

Foto: El Mercurio

Nat King Cole, uno de los grandes crooners, se vale sólo de su voz para esta versión.

2) “Silent night”, por Nat King Cole. Si “Jingle bells” habla de una historia secular y nacida en Europa, “Silent night” -el clásico “Noche de paz”- es un homenaje a la más pura tradición cristiana: el nacimiento del niño Jesús, en este caso rodeado de sosiego y calor (aunque los Evangelios digan lo contrario). Aparentemente, este villancico es austríaco y data de 1886. En esta versión la garganta de uno de los grandes crooners de la historia, Nat King Cole, es un terciopelo al servicio de la canción. En ella no hay más instrumento que las voces: la del solista y la de un coro que está a cargo de ofrecer las armonías para vestir la canción. Realmente hermoso (aunque probablemente los detractores podrían decir, sin temor a exagerar, un poco cursi).

3) “Chesnuts roasting”, por Bing Crosby. Esta canción fue hecha en 1946 y es una belleza. Su ensoñadora letra habla de todas y cada una de las imágenes navideñas que hemos aprendido a lo largo de casi 100 años de cine holywoodense: castañas al fuego, el mono de nieve y nariz roja, villacincos sonando en el ambiente, gente disfrazada, el delicioso pavo, Santa Claus repleto de regalos, niños -grandes y pequeños- ansiosos y despiertos, los renos voladores y, por cierto, “tenga Ud. una Feliz Navidad”. Dado que es un standard del que hay decenas de versiones, nos quedamos con ésta cuya textura es muy cinematográfica y está a cargo de uno de los más tradicionales intérpretes navideños norteamericanos, quien para la ocasión se luce al mostrar cuán bueno y afinado es silbando.

Ella Fitzgerald

Foto: El Mercurio

La gran Ella Fitzgerald hace una versión de "Let it snow!" llena de vitalidad... como siempre.

4) “Let it snow! Let it snow! Let it snow!”, por Ella Fitzgerald. Jules Styne creó en 1945 este tema que propio del hemisferio norte. Habla de aquellas navidades que, salvo que el cambio climático venga y diga lo contrario, en Chile jamás conoceremos: afuera nieva, adentro tenemos la chimenea encendida y ya que no podemos salir e ir muy lejos con tamaña tormenta, que siga nevando porque somos felices. Ella Fiztgerald, para nuestro gusto la mejor de todas las intérpretes que nos ha dado el jazz, entrega una versión ligera y encantadora como sólo ella puede,  perfecta para levantar los ánimos frente a villancicos más tradicionales.

5) “Rudolph the red nosed reindeer”, por Dean Martin. Es quizá una de las historias más propias de la cultura navideña norteamericana y por tanto carne de películas y de canciones: el pobre reno de nariz roja y brillante, discriminado por sus pares, al que su rareza le da el mejor regalo, que es guiar al grupo en la entrega de regalos para la dura y brumosa Navidad  del Norte. De entre muchas alternativas para oír este standard nos quedamos con ésta hecha, a cargo del más encantador de los miembros del mítico “rat pack”: Martin es un intérprete elegante y refinado, cuya oscura voz templa cada canción. Aquí se ofrece una interpretación hecha con un arreglos bien conservadores, cuerdas, pizzicatos y coro. Dino -con su típico estilo arrastrado de cantar- parece estar disfrutando cada palabra del tema. Tanto que esboza un notable guiño de sentido del humor: remeda, en la segunda estrofa, el acento holandés (o lo que imaginamos es holandés,  dado el origen del personaje) de Santa Claus. ¡Encantador nomás!

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