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Kanye West: Su nueva y brillante patada

Su disco "My beautiful dark twisted fantasy" fue elegido entre lo mejor de 2010. Nada de raro: es un compendio de obsesiones personales vomitadas sin complejo y bellamente producidas. Un lujo.
KANYE WEST

Foto: El Mercurio

"My beautiful dark twisted fantasy" se ganó 5 estrellas de 5 en "Rolling Stone". La buena crítica para el disco ha sido unánime.

Pasa que Kanye West, afroamericano de origen, es un tipo controvertido: racista y pedante, provocador, mal educado, un buen ejemplo del sujeto a quien deseas detestar. Pero pasa también que Kanye, que hace música, que cuenta historias, que las hace de productor y de percusionista, que es conocido como rapero, que canta pésimo, volvió loca a la crítica: su último disco, publicado en noviembre pasado y llamado “My beautiful dark twisted fantasy”, cosechó -por dar un ejemplo conocido, conservador y no militante de la negritud- 5 estrellas de 5 posibles en la revista “Rolling Stone”. ¿Saben qué? Esa publicación y todos lo que han caído redonditos tienen razón: el nuevo disco del bueno de Kanye, el quinto de su polémica carrera, es un lujo. Un maldito lujo.

A bordo del conocimiento que le da la vida de millones que lleva, West acaba de permitirse un juego que sólo se ofrece a los que conocen y que parece ir en serio: se muestra en su miseria. Y lo hace revelando a un ser humano. Habla entonces de suicidio, de debilidad, de miedo, de burla, de los medios, de abominación. Sí, Kanye, cínicamente, como un enfermo, parece abominar. Y en el camino repasa el lujo, las drogas, los autos, el sexo, las mujeres blancas (que para él son sólo putas), la religión, su propio estilo de vida de negro jodidamente exitoso. Kanye West, faltaba más, está vivo y en uno de los párrafos de “Runaway” grita, cual esquizoide egocéntrico para advertirle candorosamente a la de turno:

Soy tan afortunado encontrando lo que más odio (…)

Nena, tengo un plan

Corre lejos, lo más rápido que puedas.

Corre lejos de mí, nena.

Kanye West

Foto: El Mercurio

Esta es la carátula del nuevo disco.

Lo mejor para escuchar “My beautiful…” es sentarse con 70 minutos de libertad, tomar una web donde estén las letras (insultantes y llenas de slang, por cierto) y abrir el grifo. Aparecerán 13 canciones sin respiro: no hay hiato entre una y otra. Navegan entre ellas unas melodías hermosísimas, bellos arreglos para voz, un gran paseo por diversos estilos musicales en los samplers, cuerdas delicadas y bronces al estilo clásico, y las voces de todos los amigos invitados, que son muchos y de lo más conspicuos: John Legend, Jay-Z, Rihanna…

Kanye, afirman sus biógrafos, trabajó este disco en Hawai y tras un pésimo momento mediático: justo después del incidente de septiembre de 2009, cuando en medio de los MTV Music Awards, se permitió interrumpir a la blanquísima Taylor Swift, que iba a agradecer su premio a mejor video femenino, para decir que la morena Beyoncé, una “nigga”, tenía un clip mejor. Bonito, ¿no? Nada de raro, en todo caso:  su racismo pro negro le viene desde la más tierna infancia, puesto que su padre, Ray West, fue integrante de los míticos y militantes Panteras Negras. Ahora el hijo es más importante que el padre y ha llevado la rabia al tope de las listas en una de las más influyentes y penetrantes industrias, la del pop. Salud por Kanye.

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