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Etiquetado Nutricional y alimentos en colegios: Contra la obesidad

La obesidad es un tema que ha generado conciencia y son varias las leyes que buscan ser un porte para enfrentarla.

La obesidad se ha transformado en la principal afección nutricional prevenible en nuestro país, alcanzando cifras similares a los países industrializados. Esta tendencia se ha ido incrementando paulatinamente, sobre todo en el grupo de niños de  2 a 4 años y los que cursan primero básico, que es precisamente donde comienzan a asentarse gradualmente los hábitos de vida y entre ellos, los hábitos alimentarios.

Esta enfermedad es el resultado de consumos calóricos que exceden los gastos de energía diaria, promoviendo el acumulo de grasa orgánica. El aumento en el consumo de productos altamente energéticos de parte de la población y especialmente en niños, hace que esté disponible una mayor cantidad de energía para este grupo.

Esta condición nutricional predispone a la aparición de enfermedades crónicas, como la hipertensión arterial, la diabetes mellitus y el aumento de las grasas sanguíneas, que se traducen en una alta mortalidad  por enfermedad cardiovascular.

Alimentación colegios

Foto: El Mercurio

Se han presentado proyectos para regular la alimentación en los colegios.

Puestos en este complejo escenario, el Estado Chileno, durante las últimas dos décadas, ha realizado esfuerzos estratégicos importantes que han buscado afanosamente intervenir sobre los factores que predisponen al aumento de las cifras de obesidad en la población.

La estrategia global contra la obesidad (EGO) ha sido la más importante, donde destaca la intervención en establecimientos educacionales a través de la estrategia EGO escuelas. Así mismo, la promoción de la salud, pilar de la atención primaria, que persigue anticiparse a los daños y que fomenta el concepto de auto producción del bienestar, ha buscado fortalecer la alianza con el sector educacional, de tal manera de intervenir los grupos de riesgo en su ambiente de desarrollo más colectivo. Es decir, la escuela y de esta forma, potenciar los esfuerzos de los sub sectores de salud y educación en favor de promover conductas alimentarias saludables.

Dentro de las estrategias de  fomento de estas conductas, se estableció la acreditación de los kioscos de venta de productos alimentarios como “saludables”. Esto significaba que estos sitios de expendio de alimentos debían contar con la oferta de al menos dos productos alimentarios catalogados como saludables. Por ejemplo, frutas y lácteos bajos en grasa. La oferta de estos productos alimentarios industrializados era absoluta, sólo en algunos lugares donde se logró acreditar estos kioscos como saludables se mejoró la oferta alimentos saludables, y duró lo que la intervención nutricional en terreno se hizo efectiva.

La experiencia promocional en las escuelas ha entregado un valioso conocimiento y aprendizaje cargado de situaciones difíciles y contradictorias que muchas veces se transformaron en obstaculizadores del trabajo.

Evidentemente la publicidad y la importante oferta industrial y venta de alimentos de atractivo sabor, pero extremadamente calóricos, ricos en grasa y sodio, hacían estéril todos los esfuerzos desplegados. En la regulación, por parte de las autoridades -de la venta de productos de alta densidad energética en las escuelas- radicaba uno de los obstáculos más importantes para que los hábitos promovidos fueran practicados en la vida cotidiana, ya que la oferta de estos alimentos está disponible para la mayoría de los alumnos.

Alimentación colegios

Foto: El Mercurio

El marco legal imperante para poder regular la publicidad y venta de los alimentos mencionados no logra favorecer este proceso.

Reflexiono en torno a este tema tomando conocimiento del proyecto de ley de etiquetado nutricional de los alimentos y regulación de venta y promoción de alimentos no saludables en los establecimientos educacionales, que ha sido enviado al trámite legislativo final en el Congreso de la Nación.

Si bien es cierto, se proponen esfuerzos que me parecen favorables, como destacar la autoridad del Estado por sobre los intereses económicos del mercado de los alimentos, exigir la educación formal de hábitos de vida saludables en las mallas curriculares educativas, el monitoreo de especialistas de los indicadores alimentario-nutricionales en las escuelas y la regulación de la publicidad alimentaria en los establecimientos educacionales y horarios de televisión. Creo que se debe adoptar una política de protección y fomento del consumo de alimentos saludables más drásticas, sin dudas que la única medida más efectiva sería la prohibición de venta de alimentos en las escuelas. Pero esto generaría y genera gran oposición de los sectores que tiene intereses económicos en las empresas alimentarias.

En este sentido, toma enorme relevancia el trabajo desplegado en torno a la educación y fomento de hábitos saludables en las escuelas, que entreguen a los niños y el resto de la comunidad educativa los conocimientos que propicien alimentarse de manera informada y que vislumbren los potenciales riesgos de los consumos calóricos excesivos.

Pero no avanzaremos mucho si la ley no se traduce en la práctica en una regulación efectiva de la oferta alimentaria en los establecimientos educacionales. Será muy difícil lograr los objetivos nutricionales en torno a la disminución de los indicadores de obesidad si no se ejerce una regulación estricta sobre la oferta de productos alimentarios considerados como no saludables.

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