Desaparición de Sofía Herrera: El triste y misterioso caso de la niña que aún conmueve a la Patagonia

La inexplicable historia de una niña y el remordimiento del supuesto culpable. Una historia de miedo.

Guía de: Patagonia

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Entrada al camping Joan Godhall.

Un baqueano habría encontrado a una pequeña niña herida en una trampa para zorros. La mató y enterró. Otros afirman que en realidad la habría raptado. Lo cierto es nadie sabe de él desde hace seis años y se rumorea que podría estar en Chile.

Una historia de terror y misterio que aún no se dilucida

Es con esos indicios que comienza la brillante crónica del periodista Claudio Andrade, publicada en El Cordillerano. Algunos memoriosos recordarán que en septiembre de 2008 desapareció misteriosamente una niña en un camping de Tierra del Fuego. Más precisamente, a unos 60 kilómetros al sur de la ciudad de Río Grande. La familia, con la niña, habían concurrido a pasar el día a ese lugar.

De pronto, y a poco de arribar, la niña que jugaba sola en el descampado dejó de escucharse. Los padres, de la sorpresa inicial, ya que era un lugar abierto y con algunos árboles, pero sin obstáculos y con pocas personas, pasaron rápidamente a la desesperación. La buscaron intensamente con la colaboración de turistas y regentes del lugar. Intervino la Policía y hubo rastrillajes intensos, incluso con perros entrenados. Nada. Nunca se supo nada más de Sofía.

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Sospechas y testigos voluntarios

La investigación judicial se prolongó por meses. Luego fue perdiendo intensidad ante lo inexplicable de lo ocurrido. Cómo era posible que una niña pudiera desaparecer bajo casi la mirada de los padres en un lugar descampado y sin detalles geográficos que hicieran sospechar algún accidente. Tanto el juez, fiscales y la prensa investigaron y preguntaron a toda persona que pudiera aportar algo, incluso mínimo, que ayudara a desentrañar el misterio. Hubo videos, entrevistas, hipótesis y especulaciones de todo tipo. Incluso se sospechó de sucesos paranormales.

Pero hubo un testimonio que ni el juez, ni quienes accedieron a esos dichos, le dieron importancia un su momento. Una persona, de profesión baqueano, se presentó de manera espontánea a declarar sobre el caso en una comisaría de Río Grande: “Un amigo mío la encontró llorando en una trampa para zorros, le pegó y la mató”, le habría dicho al agente que tomó su declaración, según este posteriormente relató.

Resulta inusitado que tamaña declaración ante un hecho que conmovió a la Argentina, y la región patagónica chilena, no haya sido tenido en cuenta. Es cierto -tal como lo mencionáramos antes- que en esos días surgían cada semana personas que decían tener información o sospechas sobre el fin o destino de la niña. Incluso se decía que la habían visto en tal o cual lugar, pero de todo ese ruido nada concreto surgía. Lo cierto es que la denuncia fue archivada.

Afirma Andrade que la denuncia “estuvo archivada hasta que el actual juez de instrucción 1 de Río Grande, Daniel Césari Hernández, la consideró y pidió su captura internacional en septiembre de 2020″. Se refiere a quien realizara tan extraña denuncia; un tal José Dagoberto Díaz Aguilar.

Había un dato adicional que orientaba la resolución del juez. En los primeros días de la desaparición de la niña Sofía, se tomó declaración a otro niño, amigo de la familia, de nombre Néstor. Este niño declaró que una persona había subido a la niña a un vehículo gris que estaba estacionado sobre la ruta. Nadie más que él en el camping vio esa situación.

“El Espanta la Virgen”

Lo inquietante surge cuando se cotejan declaraciones y pruebas. De acuerdo a lo declarado por el niño, que había detallado al desconocido como “un hombre feo”, la Policía había confeccionado un identikit. Cuando el policía que había tomado la declaración del baqueano vio el idéntikit, comprobó su notable parecido. Esta es, quizás, la pista más firme en casi 14 años.

Relata Andrade que “una fotografía posterior de Díaz Aguilar muestra a un hombre de unos 40 y largos, con los surcos marcados de la frente, los labios pequeños, pero gruesos y una cejas amplias y oscuras. Tal cual el dibujo a mano elaborado en 2008“. El policía que tomó la declaración aportó algo más: “Díaz Aguilar tenía visiones de la menor durante la noche”. Andrade considera que tal vez, acosado por estas imágenes nocturnas, es que decidió acercarse a la policía local.

La madre de la niña, María Elena Delgado, reafirma estos dichos: “Se lo dice a un policía, que él sabía qué había pasado con Sofía. De hecho, se presentó espontáneamente y todo eso está en la causa, y dice que Sofi(a) no lo dejaba dormir, que le tiraba las patas”.  De acuerdo al testimonio de la señora, “Díaz Aguilar es una persona que no tiene nada, solamente vive en los campos, se cruza caminando de Chile a Argentina y no lo pueden encontrar”.

Epílogo provisorio

Los pasos de Díaz Aguilar se perdieron en los primeros meses de 2016. “A ese tipo nunca lo encontraron… Supuestamente, se fue a Chile“, le comentaron a Claudio Andrade. Ante la duda, si usted vio o sabe algo sobre esta persona, aquí están los datos publicados por la Policía argentina.

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Con buen tino, Claudio Andrade señala que la expresión “Tirar las patas”, en la región de Magallanes y el sur argentino (agrego yo que en la región mesopotámica también) representa el hecho de ver a personas muertas durante la madrugada junto a la cama. Señalando, además, que en la Patagonia chilena utilizan la identificación “Espanta la Virgen” para personas de rasgos marcados, con cejas pobladas, nariz de cierto porte, rostros por fuera de los códigos de belleza y de los estándares.

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