El misterio de los caballos patagónicos: ¿Cómo llegaron al sur del mundo?

El origen de los caballos salvajes patagónicos abre un misterio que se pierde en la niebla del Estrecho de Magallanes. La clave es el 12 de enero 1540.

Guía de: Patagonia

Manada de caballos cimarrones en Patagonia. Captura de pantalla.

Continuando con nuestra serie sobre los caballos patagónicos y su origen, veamos ahora cómo habrían llegado los primeros ejemplares al extremo sur. Veíamos en el artículo anterior, que la gran mayoría de los autores, incluido Charles Darwin, entienden que los caballos avistados en Patagonia serían descendientes de los arribados con Pedro de Mendoza para la fundación de Buenos Aires. Sin embargo, encontramos varias inconsistencias y posiciones disidentes.

¿Cuántos caballos llegaron a América del Sur?

Los registros indican que la primera expedición que embarcó caballos al extremo sur del continente fue la de don Pedro de Mendoza (1537), con cien caballos de los que llegaron 72. La segunda, habría sido una financiada por don Gutiérrez Vargas de Carvajal, Obispo de Placencia, en 1540 con 80 caballos. El mismo año, don Pedro de Valdivia, introdujo un número desconocido de caballos en Chile. La expedición partió desde Perú con 105 cabalgaduras pero se desconoce cuantas se perdieron en la travesía. Cabe mencionar a la azarosa expedición de Diego de Almagro que ingresó a Chile llegando al valle del Copiapó con “…unos 240 españoles, 1500 yanaconas, 150 negros y 112 caballos”.

Sin embargo, no existen evidencias documentales que esos caballos hubieran sobrevivido a las penurias de tan extenso y complicado viaje. A pesar de ello, existen historiadores afirmando que el origen de los caballos patagónicos serían descendientes de los de Diego de Almagro. En 1542, don Alvar Núñez Cabeza de Vaca, dice haber llevado por tierra desde Brasil hasta el Paraguay, 48 caballos. Tenemos entonces la introducción de menos de 400 animales en 5 años, en grupos dispersos sobre un territorio de casi 2 mil kilómetros de ancho con geografía muy difícil y extensa y a 3 mil kilómetros del Estrecho de Magallanes. Si le restamos las pérdidas por consumo, accidentes (los 80 de Placencia se habrían perdido por naufragios) o batallas, tendríamos con mucha suerte algo así como un centenar de caballos vivos y muy desperdigados a fines de 1542. Sin embargo, entre 1579 y 1580 fueron avistados ejemplares y jinetes en el Estrecho de Magallanes, a más 3 mil kilómetros de distancia.

No eran los de Buenos Aires

En un interesante trabajo de Claudio Pellini, citando a Manuel Llarás Samitier, (Revista Patagónica Nº 19, 1984), se reflexiona sobre que “…teniendo en cuenta que los equinos son animales de lenta reproducción, es preciso descartar, por razones de tiempo y de distancia, la idea de que los caballos vistos en 1580 en la margen norte del estrecho, pudieran llegar allí por sus propios medios y en forma espontánea, nada menos que desde el Río de La Plata”. Debe agregarse que para arribar hasta el extremo del continente debieron atravesar enormes desiertos sin pastos ni agua y cruzar varios ríos caudalosos y profundos. ¿Qué motivación debieron tener aquellos caballos para tal aventura? ¿Qué cosa los apartó de los abundantes pastos de la región pampeana para llevarlos al áspero y frío sur? Por qué los tehuelches, primigenios pobladores de la región pampeana, andaban a pie y los aborígenes que poblaban el Estrecho de Magallanes galopaban y usaban diestramente boleadoras? Demasiadas incógnitas. Igual hipótesis corre para los caballos de Diego de Almagro.

Los caballos de Placencia

Captura de pantalla.

Captura de pantalla.

Quizás, la clave de los caballos patagónicos observados por Charles Darwin y otros exploradores, esté en la Armada de Placencia. Sobre esta expedición hay fabulosas historias pero nos limitamos a un dato verificable: El naufragio en Cabo Vírgenes de una de sus naves. Habíamos visto antes que la expedición del Obispo de Placencia, en 1540, habría partido con 80 caballos en tres naves. Mostramos aquí las páginas 53 y 54 de “Exploradores y piratas en la América del Sur: historia de la aventura” de Ernesto Morales, donde se describe lo ocurrido con sus naves y la expedición.

Surge entonces la hipótesis basada en que la de Placencia fue la única expedición que llegó tan al sur transportando caballos. Algunos podrían haberse salvado del naufragio en la boca del estrecho, junto al más de un centenar de hombres que describen los historiadores. Que los sobrevivientes, al tener que convivir con los aborígenes fuera posible que intercambiaran conocimientos, entre ellos el uso del caballo. Años más tarde, los jesuitas que exploraban la región informaron que algunos de los indígenas solían utilizar caballos aunque eso no era algo muy desarrollado y extendido. Por lo tanto, no existiría un sólo origen de los caballos patagónicos. Los caballos sobrevivientes de la expedición de Placencia, más los que fueron llegando con las sucesivas oleadas de conquistadores y de indígenas en retirada desde las verdes pampas bonaerenses, habrían dado origen a los cimarrones patagónicos que hoy es necesario preservar.

El presente indómito

Es considerado como válido que los caballos modernos que pueblan el continente fueron introducidos por los colonizadores españoles promediando el siglo XVI. Las actuales tropillas de caballos cimarrones o asilvestrados en Patagonia, son animales que viven en estado salvaje pero que tienen pasado reciente doméstico. Provendrían, en su mayoría, de caballos domésticos que fueron abandonados en estancias que quedaron de manera circunstancial sin población humana debido a los avatares económicos de la región. También existen manadas integradas por animales con varias generaciones salvajes y que fueron agrupándose naturalmente en tropillas o manadas. El caballo cimarrón patagónico es robusto y una altura de la cruz de 1,5 metros. El pelaje mayoritario es bayo o alazán, con el detalle que sus patas delanteras poseen una marcada musculatura, quizás relativa a las grandes extensiones y asperezas del terreno.

En el próximo artículo: Las manadas actuales en Patagonia.

El Patagónico.cl.

 

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