Gobierno argentino generó fuerte polémica con iniciativa que buscaba ceder territorios a Mapuches

Estupor e indignación provocó la idea relativa a la zona del volcán Lanín.

Guía de: Patagonia

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La reciente cesión por parte de Parques Nacionales del área del Volcán Lanín a comunidades mapuches, generó la airada reacción del gobernador de Neuquén, Omar Gutiérrez. Mediante la Declaración 484, el ente reconocía al volcán Lanín como Sitio Natural Sagrado del Pueblo Mapuche del Parque Nacional Lanín.

Estupor e indignación

Distintas figuras políticas, del ámbito jurídico y legislativo, se pronunciaron sobre esta insólita decisión de un organismo estatal. Miguel Ángel Pichetto fue gobernador de Río Negro, legislador por el peronismo y años después compañero de fórmula con Mauricio Macri. Fue una de las voces que seleccionamos y que alertan sobre la implicancia de la cesión de territorios.

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Ante las críticas, la Administración de Parques Nacionales (APN) dio marcha atrás con esta resolución e indicó que “trabajará conjuntamente en una nueva que contemple el espíritu federal”.

“Es importante mantener junto a la provincia de Neuquén los procesos de toma de decisión que involucren aspectos de dicha área protegida, teniendo en cuenta que desde hace décadas la provincia mantiene una relación respetuosa y armoniosa con las comunidades originarias”, concluyó el comunicado de la APN.

Un poco de historia

Veamos como comienza esta historia. Los contactos e incursiones de araucanos o mapuches más allá de la cordillera eran, antes del siglo XVII, esporádicos y limitados. A partir de ese momento se dio un progresivo ingreso y asentamiento de estos grupos hacia la región pampeana. La guerra contra los españoles fue un imperativo, pero fundamentalmente lo fue la necesidad y decisión de dominar el beneficioso comercio que atravesaba la cordillera.

Debe precisarse que al comienzo de esas incursiones las redadas y arreos se hacían sobre ganados salvajes, sin dueños. La situación comenzó a complicarse con la apropiación de territorios que aseguraran el paso de los arreos. En estos territorios vivían los indígenas autóctonos; pehuenches, aoniken y tehuelches, principalmente.

En el Informe de la Comisión Verdad Histórica y Nuevo Trato 2003, extenso y completo documento realizado en forma conjunta por diversas personalidades chilenas y dirigentes mapuches, encontramos la confirmación del impulso económico que movilizó tan extraordinaria campaña: “… En busca de pastos y animales para comerciar, se fueron internando en la cordillera de los Andes, intensificando las relaciones con la población pehuenche, y siguieron incursionando en las montañas hasta llegar a las pampas trasandinas, ocupándolas plenamente a fines del siglo XVIII. El viaje hacia y desde las pampas tenía una motivación principalmente económica: la búsqueda del ganado para su venta en la frontera con Chile central y también de sal”. Efectivamente, durante el siglo XVIII y sobre todo la primera parte del siglo XIX, hasta la década del setenta, los mapuches dominaron y ocuparon para sus actividades pastoriles, ganaderas, cazadoras, un territorio enorme, quizá el de mayor tamaño que un grupo étnico o pueblo indígena haya controlado en toda América”.

El historiador chileno, José Manuel Zavala Cepeda, describe en su obra “Los mapuches del siglo XVIII”, “Pareciera entonces que a mediados del siglo XVIII, los mapuches que cohabitan con los puelches y tehuelches en las sierras de la Pampa son minoritarios en relación con sus aliados. Los testimonios dejan la impresión de que son percibidos como extranjeros y de que no se sienten como en su patria. Lo concreto es que ellos no encabezan aún las acciones militares pluriétnicas”.  Luego cita al jesuita Thomas Falkner: “en la guerra contra los españoles de Buenos Aires, los mapuches se adhieren solamente como “auxiliares” de los puelches, puesto que no pueden pretender ser jefes, ya que “conocen mal” el territorio”.

El final del breve período de dominación

Los grupos de indígenas locales eran menos numerosos que los mapuches y estaban muy dispersos sobre un enorme territorio. Fueron progresivamente derrotados, asimilados o se avenían a negociar con los mapuches. De esta manera, los invasores se aseguraban el tránsito de mercaderías y personas sin riesgos hasta Chile y allí comerciar con europeos y criollos.

Para ese entonces las incursiones mapuches, junto a las etnias autóctonas, ya no se hacían sobre ganados salvajes. Asolaban la región mediante el pillaje, el robo, secuestro y crímenes sobre quienes osaran enfrentárseles. Quizás ese fue el principio del final de su hegemonía. El saqueo de estancias y poblaciones, incluso a pocos kilómetros de Buenos Aires como Luján o Salto, generó acciones militares para evitar los saqueos y luego expulsarlos del territorio para proteger la producción.

En 1833, el gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, ordenó las primeras incursiones contra “el indio”, así se le denominaba genéricamente. La exitosa “Campaña del Desierto” dirigida por el general Julio Argentino Roca, culminó con la expansión y auge de los araucanos en las pampas en 1885.

Fuentes consultadas

Los motivos del descontento mapuche. Walter Raymond

Historia del pueblo mapuche siglos XIX y XX. José Bengoa Cabello.

Vida fronteriza en la Araucanía. Sergio Fernando Villalobos Rivera.

Los mapuches del siglo XVIII. José Manuel Zavala Cepeda.

La frontera araucana. Memoria chilena. Biblioteca Nacional de Chile.

Informe de la Comisión Verdad Histórica y Nuevo Trato 2003. Volumen III, Tomo  II. Primera parte del informe final de la Comisión de Trabajo Autónomo Mapuche Capitulo II.

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