Los náufragos de la Wager: El largo y accidentado regreso a la civilización

Si el relato del naufragio impactó en la sensibilidad del público, los sucesos del accidentado regreso a la civilización sobrecogerá sus corazones.

Guía de: Patagonia

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Mar embravecido en el Golfo de Penas. Foto: Franz Neumejer.

La terrible experiencia que vivieron los sobrevivientes de la fragata inglesa Wager al naufragar al norte del archipiélago Guayaneco, fue apenas el comienzo de una dramática historia de hambre, privaciones, traición y violencia inusitada que fue diezmando a aquellos marinos. Si tuvo oportunidad de escuchar el relato del naufragio, y de las vicisitudes vividas, es momento de conocer los intentos por escapar de la isla y la larga y azarosa ruta hacia la civilización.

El primer contacto con indígenas

Semanas después de que encallara la Wager, los sobrevivientes tuvieron el primer contacto con indígenas. “Era la primera vez que veían seres humanos en aquellas desconocidas latitudes”, afirma Campbell, y los describe: “Estos indios son de tez morena muy oscura, de estatura mediana; pero extremadamente corteses en su comportamiento. Su vestimenta es delgada, aunque el clima es muy frío. Solo usan una pieza de tela alrededor de su cintura, y algo así como una manta que usan sobre sus hombros, (que) tienen un agujero para pasar la cabeza, y esto lo llaman poncho”.  Byron agrega que tenían cabellos negros, largos y muy tiesos colgando al costado de la cara y que no denotaban haber tenido trato con europeos y que su lengua era ininteligible para los británicos.

Al día siguiente nos trajeron tres ovejas y una gran cantidad de finos mejillones”, relata Campbell. John Byron, describe su asombro al observar aquellas tres ovejas. No podía imaginar de dónde las habrían obtenido siendo una región tan alejada de las colonias españolas y tan poco propicia para la cría del ganado. Era tanta el hambre y cantidad de bocas que alimentar que mediante trueque sumaron a las ovejas unos perros que acompañaban a los canoeros. Todos los animales fueron inmediatamente cocinados y compartidos.

Al ser un tema tan extenso y con múltiples detalles de interés que llevaría varias páginas de lectura, ponemos a disposición el audio de ustedes el relato en audio en dos partes, para que resulte menos farragoso y más amable. Aquí la primera parte:

Una sucesión de hechos desgraciados

La situación interna del grupo de sobrevivientes era muy difícil: “… Había tanta animosidad entre la gente, tanto oficiales como marineros. Muchos exclamaban continuamente contra el Capitán y amenazaban a los suboficiales que lo respaldaban”, relata Campbell. Hubo, al menos, un intento de asesinato contra el capitán Cheap. Los rebeldes colocaron un barril de pólvora en la choza del capitán y deslizaron un reguero para hacerlo estallar. A último momento lograron convencerlos de que no lo hicieran.

Un guardiamarina, Cosenz, que previamente había generado varios disturbios, discutió con el encargado de la despensa quien al grito de ¡motín!, le disparó sin acertarle. El capitán escuchó el disparo y la palabra motín. Salió presuroso de su tienda disparando a Cozens en la cabeza, quien cayó gravemente herido. El guardiamarina agonizó hasta su muerte porque el capitán no permitió que lo atendieran.

Los indígenas canoeros regresaron llevando con ellos a sus mujeres e hijos. En total serían unas cincuenta personas, refiere Byron, pero a los pocos días desarmaron sus chozas y se fueron molestos porque los británicos intentaron seducir a sus mujeres. 

A dos meses del naufragio ya habían fallecido 45 hombres, la mayoría por inanición. En esas circunstancias arrebataron el perro que cuidaba Byron y se lo comieron. El hambre de Byron fue mayor que el cariño y terminó participando del festín. Dos días más tarde se cocinó una sopa con el cuero en descomposición del que fuera su perro.

A casi seis meses del naufragio estaban listas las embarcaciones que habían preparado para salir de la isla. El plan de los rebeldes era encaminarse hacia Magallanes y bordear América del Sud hasta cruzar a Inglaterra. Pretendían hacerle firmar al capitán un documento donde constaba que estaba de acuerdo, se negó. Para los rebeldes era fundamental contar con esa firma que les evitaría la segura horca en Inglaterra por motín. Representaba una especie de salvoconducto el contar con la firma. El capitán, en cambio, insistía en ir al norte, para reunirse con la flota de Lord Anson en la isla Nuestra Señora del Socorro.

Fue entonces que ante su negativa lo golpearon y ataron, quedando confinado a una choza bajo custodia por el asesinato del guardiamarina Cozens. El día de la partida, 16 de agosto, eran 81 hombres distribuidos en tres botes. El capitán junto a dos oficiales fueron abandonados en la isla, donde otros 12 marinos habían escapado hacia el bosque.

A poco de partir se desgajó la vela de uno de los botes. Enviaron de regreso a la isla a los guardiamarinas Campbell y Byron con 8 hombres para que retornaran con elementos de reparación. Estos tripulantes para evitar la segura horca en Inglaterra por motín decidieron quedarse con el capitán. Sumados los rebeldes de los bosques quedaban en la isla 25 hombres quienes dieron comienzo a la épica travesía que les consumió la vida.

Aquí la segunda parte y final del relato titulado “La Travesía”:

Nuevo intento de escape de la isla

El 15 de diciembre partieron 16 hombres en dos improvisados botes. Deambularon por el interior del Golfo de Penas y a fin de enero regresaron, exhaustos y vencidos por las tormentas, el frío, el hambre y las vicisitudes. Quedaban 11 hombres. Unas semanas después volvieron los indígenas canoeros. Uno decía llamarse Martín Cepey, y ser de Chiloé. El otro, Manuel, parecía ser sirviente del primero. Estaban recogiendo hierros del naufragio que llevaban a Chiloé para intercambiar con los españoles.

El 16 de marzo partieron nuevamente de la isla. Esta vez con la guía del nativo Cepey. Los náufragos eran apenas 10. Durante el trayecto hacia Chiloé, fueron duramente tratados por los canoeros y obligados a padecer hambre y trabajos forzados. Solo tres hombres de aquellos diez lograron alcanzar Chiloé y ser llevados a Castro: el capitán Cheap; Alexander Campbell y John Byron, aunque en tan mal estado de salud que eran motivo de curiosidad en la ciudad.

Una vez alimentados y vestidos, Campbell escribe: A la mañana siguiente quemé mis trapos viejos, para que no engendren una peste en el lugar”. Corría el mes de julio de 1742, catorce meses desde el naufragio en los escollos al norte del archipiélago Guayaneco en mayo de 1741.

 Aquí el primer relato que describe el naufragio:

Fuentes:

Este relato está basado en los testimonios de los guardiamarinas sobrevivientes de aquel desastre; Alexander Campbell (The sequel to Bulkeley and Cummins’s Voyage to the South-Seas) y John Byron (The narrative of the Honourable John Byron); además de las investigaciones históricas realizadas por Carmen Channing Eberhard (El naufragio de la HMS Wager (1741): Sus fuentes, ediciones y valor histórico) y también (En búsqueda de la verdad sobre el guardamarina Alexander Campbell de la Fragata Wager), de Jorge Sepúlveda Ortiz. Agregamos la interesante descripción geográfica e itinerario posible realizada por Ricardo Felipe Vázquez Caballero (Aau, El secreto de los Chonos).

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