Parque Nacional Pali Aike: Exaltación del árido sur en el extremo continental patagónico

Una estepa barrida por el viento. Pali Aike, en algún momento hace miles de años, fue el lugar donde convivieron bestias y hombres.

Guía de: Patagonia

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“Abajo las infinitas piedras del desierto, montañas de
piedras, laderas, infinitas piedras sobre el desierto
como un mar. Arriba el cielo, el cielo azul que cae. Las
piedras gritan al estrellarse con el aire, con el cielo que
cae”.

Fragmento del poema El Desierto, de Raúl Zurita – Santiago de Chile

Captura desde 2022-08-09 21-13-55

La áspera belleza de la estepa patagónica

Es un ambiente duro, áspero, casi silente a no ser por la persistente letanía del viento austral. Se aferran al suelo los rubios penachos de festucas, coronados aquí y allá por el empecinamiento de la murtilla, el romerillo y calafates. Sobresale el esplendor de las matas amarillas, que junto a sus hermanas mata negra y mata gris, se recuestan entre piedras para amainar el viento.  Abajo, líquenes y musgos tapizan y pincelan de ocres, verdes y blancos las ásperas rugosidades del pedregal.

Al frente, a la distancia sobre la suave planicie ondulada, emergen derruidos cuellos volcánicos. Algunos conos, como derruidos castillos medievales, se alzan por sobre la estepa como testimonio de un pasado de fuego y lava. En su derredor, los ocres y negros de aquellos derrames se decoran con penachos dorados de festucas.

Es territorio de guanacos, de pumas, de zorros grises y colorados. También deambulan ocasionales armadillos y roncos chingues patagónico. Arriba, en el cielo, suelen cruzar bandadas de chorlos y de pato jergón.  Giran caranchos y aguiluchos atentos a la oportunidad. De vez en cuando alguna águila mora se enseñorea en el espacio y el viento. Abajo, en las lagunas, grupos de flamencos y cisnes colorean la árida geografía.  Nos referimos a Pali Aike, el Parque Nacional Pali Aike, un relicto de la antigua flora y fauna del ecosistema de estepa patagónica.

Captura desde 2022-08-09 21-15-25

Fotografía Andrés Puiggros.

Los antiguos cazadores

Este paraje de apariencia inhóspita asistió al deambular de los primeros humanos en la región. Se estima que el momento mágico de las primeras pisadas humanas ocurrió en algún momento al final de la última glaciación, cuando las grandes masas de hielo que cubrían parte de la región se recogieron a las altas cumbres y más al sur, atenuando la rigurosidad del clima y posibilitando que aquellos pequeños grupos de cazadores recolectores dejaran su impronta.

Existen testimonios de la existencia de aquellos habitantes, precisamente en la Cueva de Pali Aike, donde fueron hallados huesos humanos y vestigios culturales. Lo notable, es que junto a ellos se hallaron restos de fauna pleistocénica como el mítico milodón, una especie de gran tigre lanudo de grandes colmillos. También restos del extinto caballo americano, animal con cierto parecido al caballo actual, pero de muy pequeño porte y una especie de gran oso.

Estos hallazgos indican a los paleontólogos que aquellos pequeños grupos de humanos convivían con animales que hoy son asociados con los dinosaurios en un territorio que todavía presentaba alguna actividad volcánica. Un verdadero paisaje de la Edad de Piedra.

Captura desde 2022-08-09 21-15-17

Fotografía Andrés Puiggros.

Qué transmite Pali Aike

El contemplar la inmensidad del desierto de Pali Aike nos impele y moviliza a descubrir en nuestro interior poderosas sensaciones. Quizás de eso se trata el silente lenguaje del desierto, de interrogarnos y mostrarnos la exacta dimensión del ser humano ante la naturaleza. Quién captó las fotografías que ilustran este artículo, es el fotógrafo chileno Andrés Puiggros, integrante de Nature First, organización benéfica que proclama “La naturaleza primero”, promoviendo la protección y preservación de los lugares naturales y salvajes del mundo a través de una acción responsable del arte fotográfico.

Puiggros refiere que a pesar de la dureza de la geografía de Pali Aike, el delicado equilibrio de la naturaleza en las áreas naturales o protegidas exige que tanto los visitantes y, en su caso, los fotógrafos, atiendan las recomendaciones de los guardaparques e insta a extremar los cuidados personales para no alterar la fragilidad de los sitios. Es muy posible que en esa interacción y diálogo entre naturaleza y fotógrafo surja un entendimiento que se transmite a las imágenes captadas, una especie de intercambio donde la naturaleza se muestra con su mejor vestido y sonrisa.

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