¿Cómo podemos perdonar a quienes no lo merecen? Algunas claves para lograrlo

El perdón consiste en un cambio de conductas destructivas voluntarias dirigidas contra el que ha hecho el daño, por otras constructivas.

Guía de: Psicología y Tendencias

Hoy en día, con la instantaneidad de las redes sociales y el egoísmo e individualismo a que se refieren tanto psicólogos como sociólogos, observamos cada día más a las personas centradas absolutamente en sí mismas y sin prestar mucha atención a los demás, a lo que padecen o a algún mal que les hayan causado.

Tener la razón, “ganar” en una discusión, no ser el último que demostró interés y destacar las culpas del otro parecen considerarse un logro en vez de lo que realmente son, falta de empatía.

Se ha centrado el valor en no mostrarse débiles, en ser quien menos extraña, quien más avanzó y evolucionó cuando dejo de hablar con el otro.

Esto se nota en todo tipo de relaciones: de amistad, de parejas, familiares, etc. Como si a quien le importara menos y quien no tuviera la última palabra demostrara con esto, su valía personal.

Y, asimismo, el error está en pensar que todo lo que le hacemos al otro es menos malo que lo que él o ella nos hizo. Las discusiones se vuelven en gritar más fuerte mi punto de vista o demostrar que, si te pido disculpas, es porque quizás a ti te dolió algo en lo que no necesariamente yo me haya equivocado.

Perdón

De esta forma, junto con las redes sociales, las Apps de citas, y todo lo observado como “desechable”, el pedir disculpas implica que debes perdonarme o pasaré página, que habrá alguien nuevo y mejor allí afuera, como si las relaciones perfectas e idílicas existieran.

Se han olvidado de que, tal como las acciones duelen, también reparan. El amor moviliza, y desde allí el saber que le causaste dolor a otra persona debiese ser un motor que te empuje a actuar y hacer algo para enmendar lo que hiciste. No cuenta mandar un mail o un mensaje de texto, tienes que rebuscártelas, no desaparecerte esperando que el otro olvide mágicamente o reemplazar un vínculo significativo con liviandad.

Porque, como decía Jorge Luis Borges, el afamado escritor argentino, “quien está interesado en ti te lo hará saber en cada momento y contra lo que sea y quien te ama te lo demostrará siempre y sin que se lo pidas”.

A veces, nos es difícil comprender esto y por ello se nos dificulta perdonar. Es normal preguntarse cosas como: ¿Por qué si dijo amarme tanto no estuvo para mí o no se disculpó luego de hacerme daño?, ¿Por qué si éramos amigos me abandonó cuando más lo necesitaba?

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Por esto, también es motivo de sufrimiento y de estancamiento en el avance del perdón no comprender por qué las personas dejan pasar tanto tiempo sin hablarse. Esto tiene que ver con que, al no ver las caras de a quién le debemos una disculpa o herimos, es como si creyésemos que al regresar todo seguirá igual.

Pero eso es una fantasía, porque mientras más tiempo transcurre, más nos alejamos de dicha persona, nos perdemos hechos de su vida, situaciones cotidianas que dejamos de compartir y perdemos el tiempo. Que es algo que no va a regresar.

Si alguien te hirió y te cuesta comprender o perdonar sus actos y la tristeza que causó en ti, otra frase de Borges adecuada para esto es la siguiente: “Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón. En los casos en que las personas simplemente te hirieron y se marcharon”.

Esto se condice con lo que los sucesores de Freud declaraban, no existe odio sin amor. Cuando perdonamos a alguien es porque también queda algo de amor o cariño.

Por esto, cuando se habla de perdonar, suelen referirse a que debemos “soltar” y están en lo cierto.

El perdón consiste en un cambio de conductas destructivas voluntarias dirigidas contra el que ha hecho el daño, por otras constructivas.

Cambiar el pensamiento de: “No hizo nada para reparar el daño que causó” o “no le importo” y dedicar nuestros pensamientos a querer lo mejor para la otra persona, aunque sea simplemente que recapacite, que vea su error para que no vuelva a hacer daño a nadie. Y que incluso, aunque consideremos que no lo merezca, le deseemos que le vaya bien en la vida que está eligiendo tener.

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