¿Cómo se explica que frente a casos mediáticos o juicios legales famosos las personas no empaticen con los demás?

No es una sorpresa para nadie que cada día existe más agresividad y prejuicios en las redes sociales.

Guía de: Psicología y Tendencias

No es una sorpresa para nadie que cada día existe más agresividad y prejuicios en las redes sociales.

Cuando un caso judicial o una situación se hace viral, tanto en redes sociales como en los noticieros de TV, las personas dejan cientos de comentarios y bromas por medio de las aplicaciones móviles que podrían definirse como tajantes o muy poco empáticos.

Es normal leer “lo quiero muerto”, “que le ocurra lo mismo a su familia”, “fue el karma”, etc, incluyendo no solo a los involucrados del conflicto sino también a sus cercanos en una sobreexposición. Los hacen receptores de todo tipo de mensajes negativos que pueden afectar directamente la salud mental del entorno de la persona en cuestión.

Llama la atención, además, las risas o burlas frente a la desgracia de otro olvidando que, incluso, si cometió o no un crimen tiene seres queridos que también se ven afectados.

Asimismo, se transgreden los límites de la privacidad de las personas olvidando la ética profesional, como es tomar fotografías de personas hospitalizadas, lo que ocurrió hace un tiempo en el choque de un participante de un reality show, o la publicación de un informe psiquiátrico en un reciente caso de violencia intrafamiliar del hijo de una presentadora de televisión.

Esta falta de empatía en las redes sociales tiene que ver con el hecho de que quien emite los juicios o mensajes no ve la cara de la persona a quien agrede, ni las consecuencias que sus palabras tienen en su receptor.

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Además, son muy pocos los que alzan la voz frente a las faltas de respeto y agresiones que reciben tanto implicados como sus seres queridos.

Frente a esto, existe una famosa teoría llamada “Efecto Espectador” que señala que, mientras mas testigos hay en un suceso, más difícil es que alguno de ellos tome la iniciativa y defienda o pida ayuda.

Nació a raíz de un caso que conmociono a los estadounidenses, cuando en 1964 se produce el asesinato de Kitty Genovese a manos de un asesino en serie.

De acuerdo con los resultados de la investigación, la mujer gritó por media hora, sin recibir ayuda. Cuando la policía finalmente llegó al lugar, era demasiado tarde.

Todo ocurrió frente al domicilio de la víctima, un gran edificio que, según publicó el New York Times, permitió que 38 testigos oculares presenciaran el hecho sin que nadie hiciera nada.

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Esta información ha sido desmitificada por algunos estudios posteriores a la época, los que señalan que algunos de los testigos solo oyeron ruidos y que incluso hubo algunos que sí alertaron a la policía.

Pero lo cierto es que, a raíz de este caso, han surgido diversos estudios que intentan entender por qué algunas de esas personas presentaron ese nivel de apatía frente a los gritos de dolor de una mujer que se encontraba en una emergencia.

Un estudio realizado en 2007 por American Psychologist señaló que no habrían existido 38 testigos del caso, y que los medios exageraron la noticia, por lo que entonces surge la misma pregunta pero con distintos protagonistas, ¿por qué  dichos periodistas no empatizaron con el dolor de la familia y transmitieron información que no era verídica?

La explicación entonces, de acuerdo a la teoría del espectador y en base a las investigaciones de psicología social realizadas por John Darley y Bibb Latané, es que mientras más testigos hay en un suceso, menos probable es que alguien haga algo por ayudar a la víctima.

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