Intervención psicológica en desastres (II)

En el artículo anterior, se expuso la primera parte de un modelo propuesto por especialistas chilenos para otorgar apoyo psicológico a las víctimas de desastres. Ahora, se presentará la segunda parte y final de esta propuesta.

En la columna anterior se expuso la primera parte del modelo de intervención psicológica en desastres propuesto por los especialistas Rodrigo Figueroa, Humberto Marín y Matías González en un artículo publicado el 2010 en la Revista Médica de Chile.

Vimos que el primer nivel de intervención es el de difusión de la información acerca de los síntomas que deben vigilarse pues podrían estar indicando una posible patología psiquiátrica y de la oferta de atención psicológica.

Japón

Foto: EFE

El apoyo psiquiátrico viene en el tercer nivel de intervención.

El segundo nivel propuesto por los autores del artículo, es el de  Apoyo Social. Esta es es la fase inmediata post-desastre y, en ella se recomienda asistir a las víctimas limitándose a los primeros auxilios psicológicos, que consisten en; proveer seguridad, monitorear el estado emocional de las personas, facilitar el retorno a las rutinas y orientar el uso de los recursos disponibles. Cabe destacar que se recomienda no obligar a las personas a hablar de sus sentimientos pues, la evidencia demuestra que las intervenciones terapéuticas centradas en la “ventilación de emociones” o debreafing, no han demostrado reducir el desarrollo de trastornos psiquiátricos posteriores, e incluso podrían resultar iatrogénicos, es decir, contraproducentes.

En esta fase también se hace el screening psicológico, para identificar a los afectados en riesgo de desarrollar algún trastorno. El Dr. Figueroa enfatiza la necesidad de que estos procedimientos sean implementados en los centros de afluencia de público, por los trabajadores sociales provenientes de organizaciones de asistencia humanitaria, siendo coordinados por un psicólogo especialmente entrenado para ello.

El nivel III Manejo médico general, se centra en la atención médica de la población derivada de los centros de afluencia de público, siendo tres sus objetivos principales; estabilizar los síntomas psicológicos invalidantes, efectuar el diagnóstico psiquiátrico y derivar al manejo psiquiátrico general, cuando corresponda. Estas acciones, de acuerdo a las recomendaciones de los autores, deberían ser realizadas por médicos generales y de urgencia en hospitales de baja complejidad u hospitales de campaña.

El Manejo psiquiátrico general, corresponde al nivel IV. La atención de pacientes con trastornos psiquiátricos traumáticos debe ser efectuada por profesionales entrenados y en lugares que posibiliten la continuidad del tratamiento. En casos de emergencia psiquiátrica se debe considerar la internación del paciente. La evidencia actual, de acuerdo a los autores, demuestra que las psicoterapias son más eficaces que la farmacoterapia y presentan menor abandono de tratamiento. Al mismo tiempo, en aquellos casos en que se inicie desde un comienzo un tratamiento farmacológico, la adición de psicoterapia podría potenciar su efecto.

Las psicoterapias individuales, centradas en el trauma son las que evidencian mayor efectividad. Estas pueden implementarse de dos formas: terapia cognitivo conductual o eye movement desensitization and reprocessing (EMDR). De acuerdo al Dr. Figueroa, estas consisten en exposición sistemática, desensibilización y reestructuración cognitiva.

Japón

Foto: EFE

El tercer nivel de intervención corresponde a la ayuda médica general.

En aquellos casos en que el paciente no haya respondido bien a la psicoterapia, se niegue a participar en ella, cuando la psicoterapia está contraindicada o en casos de depresión mayor se recomienda el uso de psicofármacos. Además, los autores recalcan que los tratamientos farmacológicos, en caso de ser utilizados, deberían tener una duración no menor a un año de la remisión de síntomas.

En el nivel V, se encuentra el Manejo psiquiátrico por expertos, en el cual se adicionan otros medicamentos de mayor complejidad o tratamientos experimentales, cuando los medicamentos más simples han fallado.

Como podemos ver, si nuestro país consiguiera organizarse en torno a un sistema que parece ser tan coordinado y eficaz, probablemente lograríamos levantarnos con mayor rapidez de los desastres, manteniendo cierto grado de manejo, brindando seguridad y evitando el desarrollo de enfermedades mentales asociadas al trauma.

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