Permiso a los hijos: Equilibrio entre firmeza y cercanía

Los permisos son un tema de conflicto entre padres e hijos, principalmente en la adolescencia. Es importante aprender a gestionarlos con firmeza y claridad, pero a la vez con amor y cercanía. Conozca cómo es posible obtener la tranquilidad deseada, manteniendo una buena relación con sus hijos.

Desde la preadolescencia, la familias comienzan a tener conflictos asociados a los permisos a los hijos, pues en esta etapa empiezan a tener mayor vida social, nuevas actividades y buscan, por tanto, mayor libertad e independencia.

Permiso hijos

Foto: El Mercurio

La etapa más complicada en el tema de los permisos a los hijos comienza paralelamente con las primeras fiestas y salidas con amigos.

Para los padres esto se transforma en una complicación, principalmente si no han sido hábiles en el establecimiento de límites en etapas anteriores respecto de los permisos a los hijos. Muchos no saben cómo lidiar correctamente con esta situación, tendiendo a generar conflictos con sus hijos al establecerlos con autoritarismo, o dejándolos a la deriva al comportarse con excesiva permisividad.

Es relevante señalar que los límites son parte importante de la relación entre padres e hijos, pues permiten a los padres tener cierto grado de vigilancia  sobre sus hijos, y posibilitan al mismo tiempo que ellos conozcan los márgenes dentro de los cuales pueden moverse, estando seguros y protegidos. Por ello se recomienda que, desde las primeras etapas del desarrollo, se establezcan acuerdos y normas claras, de modo que los hijos puedan ir desarrollando la responsabilidad, el autocontrol y la autonomía.

La primera condición para dar o no un permiso, es que ambos padres estén de acuerdo en su postura y en sus límites de negociación. Lo mismo corre para familias en que otros parientes están encargados de la crianza del niño o adolescente. No sirve que uno de los adultos responsables diga que no y el otro diga que sí, como tampoco es útil que el padre, por ejemplo, al ser consultado por un permiso, no responda e indique a su hijo que le pregunte a su madre. Ambas situaciones confunden, hacen que los padres pierdan credibilidad o llevan a los hijos a aprender a manipularlos para lograr lo que quieren. Los adultos deben ser claros, coherentes, tranquilos y firmes al momento de dar o no su autorización para algo.

Los niños, y más aun los adolescentes, deben tener un espacio de participación en el establecimiento de los límites y permisos a los hijos que emanan de los padres, teniendo derecho a negociar siempre que sea posible. También es bueno que ellos conozcan las razones por las cuales los padres tomaron una u otra decisión. No se recomienda la frase autoritaria “porque no” ni “porque soy tu papá/mamá” como comúnmente se les responde. Esto, en definitiva cierra las posibilidades de comunicación o genera fuertes discusiones.

Por el contrario, la comunicación debe ser abierta, en buenos términos (sin gritos ni descalificaciones), permitiendo que pueda darse una conversación en que ambas partes establezcan y defiendan sus argumentos con respeto y consideración por el otro.

Acuerdos establecidos

En el caso de los permisos a los hijos, sirve muchísimo tener algunos acuerdos establecidos con anterioridad entre ellos y los padres, pues de este modo resulta más fácil que el niño/adolescente se conforme o entienda cuando se le niega una autorización. Claro está que irán surgiendo nuevos acuerdos en la medida que se vayan dando nuevas situaciones. Por tanto, en varios momentos de la vida, nos veremos enfrentados a conflictos de los cuales emergerán nuevas normas o acuerdos.

Relacionado con lo anterior, el modo de pedir permiso va cambiando en la medida que los hijos crecen y, asimismo los límites y la forma de negociarlos también debe ir modificándose. En primer lugar, los permisos a los hijos y las explicaciones tienen que ser acordes a la edad. No debe otorgarse más ni menos información que la que el niño o adolescente necesita para entender el porqué de la respuesta de los padres.

Los permisos deben concederse de manera progresiva, en la medida que los hijos vayan demostrando que son capaces de cumplir con las exigencias y responsabilidades que se les exigen. Asimismo, deben ser negociados de modo que tanto padres e hijos estén de acuerdo con lo convenido. Puede evaluarse también su responsabilidad en otras áreas para valorar las posibilidades de dar o extender un permiso. Es así como éstos pueden condicionarse a través de exigencias académicas, de cooperación en la casa, buenas relaciones con sus hermanos, etc.

Permiso hijos

Foto: El Mercurio

Lo aconsejable es comenzar a fijar límites y negociar con los hijos desde pequeños, evitando imponer las cosas porque sí.

No se debe ignorar que existen ciertas excepciones en términos de democracia en los permisos. Es claro que, frente a situaciones o actividades que los padres consideren riesgosas, no habrá negociaciones y simplemente no debe darse el consentimiento para hacerlo. Idealmente, los adultos tenemos mayores conocimientos y un criterio más formado que los niños y adolescentes y, en ciertos casos, sabemos que no debemos dar nuestro consentimiento porque la situación no lo amerita.

Lo anterior, sin embargo, no nos libra de la necesidad de establecer con claridad a los hijos las razones de nuestra negativa, ya que esto implica ir formando también su criterio para distinguir diferentes tipos de situaciones y prevenir riesgos futuros. Si bien en determinadas etapas de la vida los niños/jóvenes tienden a enojarse cuando los padres no dan autorización para algo, en etapas posteriores de la vida agradecerán probablemente que sus padres hayan sido cuidadosos en este sentido. Se sabe que los hijos de padres negligentes o excesivamente permisivos tienden a incurrir en un mayor número de conductas de riesgo.

Resulta prudente suspender los permisos a los hijos cuando han incumplido las condiciones o acuerdos establecidos. De ese modo se les enseña a gestionar con responsabilidad los límites otorgados. Sin embargo, siempre es importante conversar acerca de las razones por las cuales no han respetado los acuerdos, ya que todo lo que ellos hacen o dejan de hacer puede ser información relevante acerca de algo que les pueda estar ocurriendo.

Concluyendo, el establecimiento de límites y permisos tiene como condiciones básicas, que estos sean democráticos y consensuados, claros, progresivos y establecidos con firmeza pero con amor y cercanía, buscando siempre el equilibrio entre la libertad de los hijos, su seguridad y la tranquilidad de los padres.

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