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¿Cuál es el perfil de los protagonistas de nuestros comerciales?

La publicidad finalmente trata de hacer un buen guión comercial y presentar personajes más creíbles.

Me cambié de casa. Encontré un par de cajas llenas de revistas de hace diez años que nunca supe por qué las coleccioné y me acuerdo de estar atento de tenerlas cuando salían. Son revistas de decoración, diseño y que hablan de estilo y sofisticación. Quizás porque siempre quise hacer una revista y tenía que partir por algo, me gusta la arquitectura y ver como son las casas de algunos personajes famosos que se ven en la televisión o son referencia en lo que hacen, quizás porque su director estudió publicidad en la Escuela donde yo estudié y encontré que había armado un nicho distinto en la socialité nacional, pero también porque la encontraba muchas veces ridícula y snob y me gustaba ver los perfiles de las personas que salían en sus artículos.

Releí una sección que pone a distintos personajes que hablan de lo que adoran y odian, una idea de insight que en el ejercicio publicitario se utiliza mucho, pero que a veces cae en ese estereotipo insulso y la aspiracionalidad propia de los personajes públicos de este país. Es una tarea de siempre, volver a ver revistas de antes.

Sin mucha selección presento algunas frases que dan cuenta de los odios declarados de los personajes, veamos;

Perfil Protagonistas Publicidad

Foto: Blogs

El mítico personaje "Faúndez" creado por un publicista en el año 1998.

Detesto a los ineptos, las aglomeraciones, las playas llenas de gente, las fiestas que obligan a estar contento, las compañías aéreas, los aviones y todo lo que ello implique como su comida, sus atrasos, su mal sistema de tarifas, los aeropuertos, las aduanas, tratar de tomar un taxi y que no pase ninguno, los oportunistas, la gente que no se arriesga, que me mientan, perder el tiempo y que me hagan esperar, a los que se cuelan en la fila, los mediocres, a los que padecen de superioridad intelectual, las poses y el despertador, las camisas rosadas, que las empresas estratégicas en Chile estén en manos de extranjeros.

Detesto los tacos, las risas y los aplausos grabados de los programas de televisión, los que no se arrepienten, la delincuencia, estar gordo como vaca, llegar temprano al aeropuerto, perder las llaves, los depresivos, los que se quejan todo el día, los que no hacen nada por salir adelante, andar resfriado, las mamás que desacreditan a los niños delante de la gente, los que se van una semana a Buenos Aires y se creen argentinos, la comida china, los hombres de solarium y músculos de gimnasio, el discurso político contemporáneo, mostrar el pasaporte en la frontera, que te pidan carné de identidad al entrar a una empresa, acordarse de la adolescencia, los matinales, los arrastrados, la falta de oxigeno en Santiago, ver como destruyen las casas europeas antiguas y las sustituyen por torres de espejo

Detesto la exagerada comodidad que tenemos los chilenos, la poca creatividad, la envidia, los caquis cuando no están maduros, la falta de compromiso, los garbanzos, andar súper apurado, las ensaladas con limón, lo solemne, la gente estridente y exhibida, soñar con el colegio, la voz de pito de algunas chilenas bien, las fondas, el charquicán de cochayuyos, los calcetines con monitos, la grosería disfrazada de espontaneidad, el acordeón, los nuevos ricos, los nuevos pobres, las películas dobladas, secarme con una toalla húmeda, el término “tecnología de punta”, que digan dama, entrar solo a una fiesta de matrimonio, los espacios cerrados, los cuadros chuecos, las corrientes de aire, la música fuerte dentro de los autos

Detesto la gente que se viste a la moda, que se acaben las salas de cines tradicionales, la falta de humor, los temas tabú, que me gusten los tragos de mina, las camionetas 4×4 andando en la ciudad, el día de la raza, la parada militar, los noticieros, las notas para rellenar el verano, los implantes de boca, la vida suburbana de Maipú y la Dehesa, viajar en clase turista, que me echen a perder todos los artefactos de primera necesidad, los gatos, el tono grave, la inmundicia de los caminos rurales, los zancudos.

La publicidad finalmente trata de hacer un buen guión en el comercial y presentar personajes más creíbles, que sean portadores de algo de nosotros en cada mensaje, armados casi siempre en lo que nos gusta, una idea de lo positivo como recurso creativo y nosotros como chilenos estamos más cerca de los que no nos gusta en la definición de nuestro perfil y así la empatía se ve más de cerca.

Quizás no hemos aprendido del todo como contar estas historias que a veces terminan en algo divertido, pero ingenuo, cálido, recordable pero indefinible, un cierre simpaticón, pero con olor a forzado.

Para muchos éste puede ser un ejercicio torpe, porque agarra personajes de cristal que tiene la necesidad de humanizarse, pero me parece válido el intento. Si uno revisa la publicidad de hace diez años y la de ahora, el guión no ha cambiado tanto, aunque en el fondo todos queremos un cambio en la forma de cómo articulamos los insight, porque las personas tampoco han cambiado tanto. Cuando vemos rostros en los comerciales de las multitiendas y el retail, la incógnita queda instalada, usamos un personaje conocido que nos come toda la pauta de medios por el costo que tiene en aparecer como presentador de la marca o construimos un nuevo rostro que necesita de mucho presupuesto para hacerse conocido y sintonizar con su mundo. Yo creo que a veces no es ni lo uno, ni lo otro, mejor cambiar la forma de contar la historia de esos personajes y no verlos gritar ofertas o bailar delante de un living con una decoración de revista de hace diez años.

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