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La metamorfosis de los festivales: Adiós a la gente común

La gente común hace rato que ya no lo es tanto y si antes un festival o tocata aunaba los sentimientos, hoy son campos de batallas más individualistas, donde exijo que me atiendan bien y regaloneen.

Toda mi vida he sido un melómano, más cercano al gusto subjetivo, desordenado y erudito que al crítico, objetivo y culto. Pasé de ser un fanático del thrash metal a los 14 para ser parte de las filas del post punk y new a los 16 al borde de la década de los ochenta y con un plebiscito a cuesta, donde claramente, vestirte de negro y peinarte con esos ‘raros peinados nuevos’ no era bien visto por parte de las autoridades dominantes del momento.

Mi gusto, que nació por filiación a la contracultura y por una clara determinación política de luchar por sacar a Pinochet del gobierno, donde ir a un recital de los Pinochet Boys, Los Prisioneros o las más radicales Mierda al Margen era, por sobre todo, un acto de protesta más que un momento de disfrute musical, fue mutando y ampliando. En mi mente se creaban complejas estructuras donde iba situando a cada banda en una época, movimiento y/o repercusión social. Copiaba casette y con suerte lograba darme con alguna revista extranjera con la NME o la MM para poder estar un poco más al día de los sucesos mundiales de las bandas que me gustaban y que difícilmente vería por estos lares.

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Foto: Blogs

Los festivales se han transformado en un muy buen escenario para la publicidad.

A la llegada de la revista Extravaganza, las cosas empezaron a dar un nuevo gran giro. Periodistas jóvenes, hambrientos y especializados comenzaron a investigar, viajar y cubrir grandes eventos musicales. Aún recuerdo cuando se daba la noticia en ese mismo pasquín de la primera versión de Lollapalooza, pensado en un inicio como una gira de despedida de Jane’s Addiction en conjunto con bandas amigas que como el mega negocio que es hoy. Un cartel que lejos de lo indie, era más cercano al espíritu de Maquinaria que al ambiente indie que hoy predomina el line up.

Chile se sofisticó y Santiago fue la primera ciudad fuera de Estados Unidos en traer este festival a nuestras tierras. El perfil melómano de los chilenos, el auge económico, sobre todo en las clases dominantes y emergentes, hicieron que esta ciudad fuese una plaza muy bien considerada.

Si a lo anterior le sumamos que los chilenos hemos viajado más, conocemos más festivales, consumimos más grupos por internet y somos grandes usuarios de redes sociales (liderando todas las estadísticas de penetración latinoamericana y mundial), donde los grupos y las marcas se mueven por intentar captarnos, podemos decir que el chileno promedio está capacitado para elegir y gastar por ver en vivo a su banda favorita. Y claro, el escenario actual dista mucho de la nostálgica sobriedad, sencillez y naturalidad de las ‘tocatas’ de los ochentas, donde el hecho que una marca de bebidas esté presente, como bien lo hacía Free para sus recitales del rock latino, era sinónimo de grupos vendidos que estaban a favor del establishment dominante.

Mencioné que Lollapalooza era la gira de despedida de Jane’s Addiction en 1991, en un contexto politizado tanto en lo referente a la situación país (de EE.UU.) como a posturas de diversidad religiosa, sexual y de protección ambiental. Hoy algo de eso queda en este festival que ya es parte de una mega corporación, mimetizado por la onda de las bandas, los stand de Adidas, Paris, Google, los escenarios de LG y Coca Cola Zero, las promociones de Jack Daniel’s en el VIP y es que a pesar de la pérdida de romanticismo de ver sólo a una banda en vivo sin que nada te distraiga, hoy, cuando vamos a una festival como Lollapalooza, Maquinaria o la reciente versión de Primavera Fauna, no aceptamos y, es más, reprochamos si es que una marca de bebidas no me regala una botella para refrescarme o una multitienda no me invita a tener mi polera intervenida mientras espero que salga a escenario algunas de mis bandas favoritas.

Y es que la gente común hace rato que ya no lo es tanto y si antes un festival o tocata aunaba los sentimientos y razones de lucha por cambiar el mundo, hoy esos lugares siguen siendo campos de batallas, una batalla mucho más individualista, donde exijo mi derecho a que me atiendan bien y regaloneen: ‘si es que vas estar al lado de mi banda llamando mi atención y si lo haces bien y eres parte del show y no un distractor antipático que me interrumpe, capaz que me caigas bien y decida que tu marca vale la pena que esté en mi despensa, de lo contrario bull shit y go home’.

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