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Reina Letizia brilló con histórica diadema de diamantes en gran gala ofrecida a los Macron

Los monarcas hispanos encabezaron una elegante recepción que estuvo marcada por el impecable despliegue de protocolo.

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El Palacio Real de Madrid se vistió de gala para recibir al presidente de Francia, Emmanuel Macron, y a la primera dama, Brigitte Macron, en una de las citas diplomáticas más relevantes del año.

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Como anfitriones, los reyes Felipe VI y Letizia encabezaron una elegante recepción que estuvo marcada por la cercanía entre ambas delegaciones y por el impecable despliegue de protocolo. Sin embargo, fue la Reina quien volvió a convertirse en el centro de todas las miradas gracias a una espectacular aparición adornada con la histórica diadema Floral, una de las piezas más valiosas y simbólicas del joyero real español.

Para una noche de máximo nivel institucional, Letizia recuperó esta emblemática tiara de platino y diamantes, conocida por sus delicadas formas florales y por la versatilidad de sus tres flores desmontables, que también pueden utilizarse como broches o gargantilla. La joya fue un regalo del Gobierno español a la reina Sofía con motivo de su matrimonio en 1962 y, desde entonces, se ha transformado en una de las grandes protagonistas de las ceremonias más solemnes de la monarquía.

Completando un estilismo de gala impecable, Letizia proyectó una imagen de sofisticación que resaltó aún más durante los saludos oficiales y los momentos de complicidad compartidos con Brigitte Macron a lo largo de la velada.

La cena de Estado también destacó por su excelencia gastronómica gracias a un menú diseñado por el prestigioso chef Joan Roca, referente mundial de la cocina española y líder de El Celler de Can Roca.

La velada sirvió además para reforzar los estrechos vínculos entre España y Francia, reflejados en las condecoraciones otorgadas por Felipe VI al mandatario francés y a su esposa. Así, entre brillantes históricos, alta cocina y gestos de cercanía entre las autoridades, la gala celebrada en el Palacio Real dejó una imagen para la historia: la de una reina Letizia deslumbrante que convirtió una importante cita diplomática en una auténtica exhibición de elegancia y sofisticación.

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